20 de abril de 2014

SEMANA SANTA LAGUNERA EN IMÁGENES





















8 de abril de 2014

ENTRE REZO Y REZO

(Historia de Semana Santa)


Se colocaron su mejor vestuario, unos trajes de chaqueta oscuros que habían comprado en una de las mejores tiendas de La Laguna.
-Yo creo que debemos llevar la misma talla -dijo Aurora.
-Seguro -le respondió Paca, y para sus adentros pensó: Dos tallas más que yo te hacen falta a ti, fijo...
Después resultó que no, que no era tanta la diferencia, para contento de Aurora y enfado de Paca.
Se retocaron el peinado que les había hecho Nely en su famosa peluquería lagunera el día anterior, también en medio de la discusión propia sobre el color que mejor podrían teñir sus canas.
-Es que a ti ese tinte no te va, Paca. Te hace mayor...
-Pues a ti ese corte de pelo menos, que ya no estás tú para peinados de quinceañeras...
-Nely dice que me queda bien, y lo que dice Nely, va a misa. Y hablando de misa, date prisa que llegamos tarde a la Catedral.
Se dieron la última pincelada de brillo en los labios, mirándose en el espejo que estaba colocado justo antes de la puerta de la calle. Disimuladas las arrugas con la última crema de colágeno adquirida en la Farmacia Saavedra, salieron caminando las dos hermanas calle San Agustín abajo hasta el cruce con la calle Juan de Vera, para dirigirse a la Catedral, recién abierta tras doce años de oscuridad.
Al pasar por el Orfeón La Paz, un grupo de señores que estaban en la escalinata de entrada, todos Cofrades del Santísimo Cristo, las saludaron con algarabía y luego se quedaron murmurando algo a su paso.
-Te lo dije, Paca, que no quería pasar por aquí, para no encontrar a esta gente... Teníamos que haber cogido por la Calle Capitán Brotons.
-Bueno, Aurora, te estás convirtiendo en una insociable con el paso de los años, yo creo que es gente de bien y muy amables con nosotras.
Al final entraron en la Catedral y escucharon la función religiosa con mucho fervor, pero cuchicheando de vez en cuando sobre los que llegaban tarde, los que iban a comulgar o los que estaban en el banco de enfrente.
Luego, buscaron en la calle Carrera un lugar estratégico a la espera de que se iniciara la Procesión Magna.



-Yo no sé si aguantaré de pie todo el rato, Paca. Te lo aviso. Mira que son veinticuatro pasos, más todo el desfile de los capuchinos...
-Si nos cansamos, nos vamos a sentar un rato al Bar Carrera y nos tomamos una infusión, mujer.
-Es que luego no nos podemos perder la Procesión del Silencio. Esa sí que es imprescindible.
Cuando empezaron a desfilar las procesiones, acompañados de Hermandades y Cofradías, Paca y Aurora, rosario en mano, iban comentando entre rezo y rezo, todas las novedades e incidencias que por sus ojos pasaban:
-Este no ha planchado la túnica desde el año pasado...
-Aquel lleva el capirote arrugado...
-A ese se le apagó el farol...
-Y aquella de enfrente es una mujer, por los tacones que lleva...
-Parece que esta Cofradía cambió la indumentaria...
-¿Y éstas con peineta?...
-Esos vienen a darse golpes en el pecho...
-Y los niños ya deben ir cansaditos...
Al paso del Cristo, las lágrimas aparecieron en los ojos de Aurora cuando recordó aquella folía que le cantaba su madre:



“Al Cristo de La Laguna,
mis penas le conté yo,
sus labios no se movieron
y sin embargo, me habló”.
Su hermana Paca la miró disimuladamente sin decir nada en esta ocasión...
A pesar de la edad(entre las dos sumaban más de ciento cincuenta años), aguantaron el frío lagunero hasta que pasó la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, volvieron por la noche a la Procesión del Silencio, y hasta se lamentaron porque terminaba una semana de paseos vespertinos, con la excusa de la Semana Santa Lagunera.

 
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