27 de julio de 2013

Viaje por Levante

Sigo consternada por el trágico accidente ferroviario y por la cantidad de historias que se vieron truncadas en un momento. Pero desde aquí pido que se asuman responsabilidades en todos los sentidos y que tantas muertes no queden sólo en la conciencia y en la culpa de un simple maquinista.

Y tal como avisé en mi anterior post, continúo relatándoles mi periplo veraniego por la Zona de Levante, y mostrándoles las imágenes que tomamos de algunos lugares por los que pasamos, donde destacaría las estupendas playas de arena blanca, la arquitectura que siempre llama mi atención, una gastronomía excelente y la amabilidad de la gente con las que nos cruzamos en estos días.

Esta imagen corresponde al Río Júcar en su paso por Alarcón (Cuenca)



No podíamos dejar de ver la Albufera de Valencia, de gran valor ecológico.



Una laguna costera rodeada de más de 200 kilómetros cuadrados de arrozales,



y que forma parte del Parque Natural de la Albufera, donde el escritor Vicente Blasco Ibáñez ambientó su novela “Cañas y barro”.



Visita obligada también fue la Ciudad de las Artes y las Ciencias,



un complejo arquitectónico, cultural y de entretenimiento en la ciudad de Valencia, integrado por seis impresionantes edificios, entre los que destaco el Hemisférico, con forma de ojo, inaugurado en 1998,



y el Palacio de las Artes Reina Sofía, cuya apertura se llevó a cabo en el 2005.



En el Oceanográfico, con el Acuario más grande de Europa, pudimos ver muchísimos animales de especies diferentes.





Me parecieron muy curiosas las llamadas Torres de Serranos, construídas en el siglo XIV,



una de las doce puertas que custodiaban la antigua muralla de la ciudad de Valencia, con las fachadas anterior y posterior totalmente distintas.



Más de mil metros de longitud dicen que tiene la Playa de la Malvarrosa



y para llegar al agua hay que caminar sobre una arena dorada casi ciento cincuenta metros, así que sólo me permití hacerle la foto y andar bajo el sol valenciano por el paseo marítimo que la delimita.


El llamado Miguelete es el campanario de la Catedral de Valencia, una torre de más de 60 metros de altura y de estilo gótico levantino.



Como verán, hay mucho que disfrutar en Valencia, aparte de la paella y la horchata. Dejo para un próximo post el resto del viaje por la zona levantina.

20 de julio de 2013

NARANJAS, PAELLA Y ALGO MÁS...

Ya de vuelta de mi semana viajera, como todos los años, les cuento mis impresiones que acompaño con algunas fotografías de los lugares visitados.

Esta vez nos acercamos a la Comunidad Valenciana. Y digo “nos” porque, un año más, Alejandro y yo hemos ido acompañados de mi hermano Melquiades y mi cuñada Nieves, con los que es fácil ponernos de acuerdo y pasarlo bien, cosa que siempre se agradece.

Fuimos directos a Madrid y después de los trámites oportunos, conseguimos salir del Aeropuerto de Barajas, después de haber visto la escultura de Fernando Botero “Rapto de Europa” desde todos los ángulos posibles, porque aquello es un verdadero laberinto.



Hizo mucho calor y el coche que alquilamos llegó a marcar los 41º,



pero gracias al aire acondicionado tanto del vehículo como de la habitación del Hotel, superamos la semana, aunque aquí en Tenerife las temperaturas estuvieron por un estilo.

En Valencia, como no podía ser menos, degustamos una magnífica paella por invitación de unos amigos de mi hermano, Rosa y Antonio, a los que agradezco las atenciones que tuvieron con nosotros, y que espero devolver algún día cuando vuelvan por esta isla.

El antes...



Y el después...



No es el tiempo de naranjas, así que vimos pocas, unos cuantos árboles como éste



en el Patio central de la Lonja de la Seda,



un edificio precioso del siglo XV, declarado Patrimonio de la Humanidad, en cuya Sala de Contratación se llevaban a cabo las transacciones comerciales de la época.



El Mercado Central nos sorprendió por su extensión, limpieza y calidad de los productos, aparte de la construcción modernista, verdadera catedral del comercio.





No menos interesante me pareció la arquitectura del edificio que alberga la Casa Consistorial de la ciudad de Valencia,



y esta plaza con fuente y flores incluidas, de la que era imposible resistirse a ser salpicados.



Esta escultura, la Dama Ibérica, de Manuel Valdés, inspirada en la Dama de Elche, y situada en una Rotonda de la Avenida de las Cortes Valencianas, fue la que nos servía de guía cada día para llegar al Hotel. Cuando Alejandro decía “Ahí está la peineta”, ya respirábamos tranquilos, porque no he visto desmadre igual en las rotondas como el que se vive en la ciudad de Valencia.



Visitamos el Museo Fallero de los Ninots Indultats, en donde pudimos ver los Ninots salvados del fuego desde el año 1934, y una colección de los carteles y fotos de las Fallas, que espero poder ver algún día personalmente. Este es el Ninot que fue indultado este año 2013:



y que representa a un abuelo que regala a su nieta un caballo de Troya hecho por él mismo, titulado "Los clásicos nunca mueren".

Clásico es este traje de fallera que vimos en un escaparate y no nos resistimos a fotografiar



y que cierra este reportaje de hoy para evitar que se haga pesado en vez de entretenido. Saludos para todos.
 
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