7 de octubre de 2013

DE PROFESIÓN...

Sus labores, como se decía antes. Esa era mi madre, que barría, fregaba, cocinaba, lavaba, planchaba... así, así... (como cantaban los payasos de la tele), y aparte de hacer ropa para los seis hijos, también cosía y bordaba para otros, con tal de sacar las cuatro pesetas que faltaban en el sobre de mi padre a fin de mes. Y para rematar sus labores, siempre estaba dispuesta a poner inyecciones a cualquier vecino que le pidiera el favor.
Pero hoy voy a hablar de otros personajes de mi niñez que ya no se ven en la vida cotidiana.
La lechera, Anita, hacía sonar sus cacharros al llegar cada mañana al zaguán de casa. Ya nosotros la habíamos divisado asomados a la ventana desde que llegaba a la esquina de la calle, haciendo equilibrios con una cesta de mimbre a la cabeza con varias lecheras dentro y otras pocas en cada mano. No esperábamos a que tocara el timbre sino que salíamos con el caldero mágico para recoger la leche. Muchas veces escuchamos a mi madre decirle que la del día anterior estaba muy “aguada” y a ella jurar y perjurar que no le añadía agua...

Lo del caldero mágico fue una ida de mi padre, una olla blanca que con el tiempo se fue desportillando, que en su interior tenía una especie de tubo por el que subía la leche cuando hervía y volvía a caer en el caldero, evitando que se derramara por fuera, cosa que había sucedido muchísimas veces antes del gran invento.
Otro personaje que esperábamos los niños cada tres o cuatro días era a Andrés, el de “la comida del cochino”. En este caso, solíamos escondernos para que no nos tocara acompañarle al patio a recoger el balde de las sobras alimenticias, que él muy afablemente cambiaba por otro limpio. Lo que no nos gustaba era el aroma que teníamos que soportar sin tener cochino (cerdo, puerco, marrano) en casa.


Andrés, a cambio, cuando hacía la matanza supongo, nos traía algunos chicharrones por aquello de dar las gracias de alguna manera. Eso sí nos apetecía comerlos con gofio...
Pero la que realmente deseábamos que llegara cada día era la panadera. Doña María paseaba elegantemente con una gran cesta en la cabeza repleta de panes y nosotros teníamos dispuesta la bolsa de tela para recogerlos y las pesetas que correspondían. La bolsa era blanca con unos apliques bordados por mi madre, por un lado unas figuras de “la Dama y el Vagabundo”, y por el otro las letras en diagonal “P A N”.


El olor al pan crujiente y la palabra aquella que me encantaba: “Parisién”, sin saber siquiera el significado, era uno de los mejores momentos de la mañana. A veces comprábamos “pan con matalahúva” que a mi padre le gustaba mucho, y después llegaron los panes “sobados”, “integrales” y demás hierbas, y los que ahora compro, que por la noche parecen chicles...
En fin, otro día les hablaré de otros personajes que tocaban a nuestra puerta, unos a cobrar y otros a dejar cartas, por ejemplo.
Y ustedes... ¿con qué personaje de su niñez se quedarían?

22 despertares:

Ligia dijo...

Muchas gracias a todos los que me visitan y dejan comentarios. Hoy les invito a una nueva reflexión en sus recuerdos. Abrazos

La Gazza Ladra dijo...

Los recuerdos de la niñez son imperdibles e imborrables...

La verdad es que en el "barrio" siempre ha habido algunos personajes de órdago, así que cuando tú eras niña, me puedo imaginar.

Besitos.

TriniReina dijo...

Pues estaba el de los helados: pochicles y napolitanos:)
Luego el de los pasteles: merengues.
O el de las avellanas.
Eso por decir de algunos.

Por la leche teníamos que ir mi hermana o yo cada día, antes de marchar al colegio. En ese momento nos la ordeñaban, a veces de cabra y otras de vaca, y la llevábamos a casa aún caliente. Yo nunca he sido capaz de beberme un vaso de leche:)

¡Ligia, qué recuerdos!

Besos

mariajesusparadela dijo...

Y en la playa, vociferendo "Al rico parisién", el vendedor de obleas.
En Ourense hay una estatua homenaje a la lechera y otro a la castañera. Ambas unidas a los recuerdos de infancia...

Marcos dijo...

Yo esperaba muchos días a un viejecillo que pasaba por mi calle con unos manguitos muy blancos, y una cesta plana con churros recién hechos. Pagabas y los cogía con la mano te los ponía en un plato y les echaba azúcar. Esperando que pasase le vi hacer sus necesidades en un solar, sin ninguna higiene, y ya nunca bajé a por churros. Fue una gran decepción.

Rayén dijo...

Que lindo post, Ligia. Realmente esas personas que iban a las casas a dejar viveres eran todos muy bienvenidos.
Yo en mi época de juventud esperaba con gran ilusión el cartero que siempre me traía alguna buena noticia.
Te dejo un inmenso abrazo y que tengas una buena semana.

unjubilado dijo...

He tratado de indagar y he encontrado, que la primera estatua es el Monumento a la Lechera Canaria. Se encuentra a la entrada del Mercado de la Recova o Ntra. Sra. de Africa. (mi mujer se llama Africa). Pero la siguiente escultura no he sabido encontrarla.
Lo de hervir la leche con ese añadido lo he vivido, también en el pueblo de mi padre, mis tíos tenían una zolle o pocilga, por supuesto siempre como mínimo con un par de cerdos. Los chicharrones, cuando mi mujer va a su pueblo se los regalan y en ocasiones hace una torta de chicharrones.
Abrazos.

trimbolera dijo...

Ay Ligia, cuantos personajes había en nuestra niñez que has despertado en los recuerdos !!
Yo me quedaría con el estañador, el que arreglaba los pucheros y siempre tenía trabajo.

Marisa dijo...

Yo recuerdo a la modista
con gran cariño (que aún vive)
cuando venía a casa era una fiesta
porque siempre había algo nuevo
para estrenar.

Recuerdos de la infancia
que perduran en la memoria.

Un beso

El mundo y yo dijo...

Pues como podrás imaginar, hermanita, creo que sabes con qué personaje de la niñez me quedaría. Sí...está claro, aquel hombre de ojos claros y semblante risueño que al pasar conduciendo su pequeño camión rojo, con aquellos portones que se levantaban por los laterales para tirar la basura me decía siempre: Adiós...amigoooooo. Si la memoria no me falla, que creo que no, recuerdo que la matrícula del camioncito era 25250. Y claro... cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, yo respondía ilusionado...: ¡¡Chófer del camión de la basura!! Qué tiempos aquellos...

manolo dijo...

Tu Relato, me trae recuerdos, de cuando pasaba por la puerta de la casa de mis padres, las piaras de cabras y el cabrero pregonando.
Las señoras salían a sus puertas y le compraban un cuartillo o dos, de leche, que la ordeñaba en ese momento. Recuerdo haberla bebido así recién ordeñada, calentita y con la espuma del ordeño.

Que rica me sabía.
Gracias Ligia por traerme esos recuerdos.

Saludos, manolo

md dijo...

Conseguiste que fuera un momento al pasado (a mi pasado) y volviera; algunas cosas se le parecen, otras no tanto y algunas las recuerdo porque me las encontré como nuevas al llegar a vivir aquí. Recuerdo las esquinas donde las lecheras dejaban sus "cacharas" para no ir cargándolas todo el camino. Siempre imaginé que vacías aunque quién sabe...

Un beso.

Tawaki dijo...

¡Cómo han cambiado los tiempos! Las profesiones se hacen de otra forma; muchas han desaparecido, y desde luego la comida no es lo que era.

ARO dijo...

La distancia en el tiempo convierte en entrañables muchos de los personajes de nuestra niñez. Yo recuerdo con especial cariño a una mujer mayor que se convirtió para mí en una abuela y que venía a ayudar a mi madre cuando a ella le desbordaba el trabajo fuera de la casa.

angel lago villar dijo...

Gracias, amiga, por recordarnos a todos estos entrañables personajes.

Yo creo que me quedo con el cartero. El "riojano" le llamábamos y era un encanto, yo era muy niño pero siempre me ayudaba con la carta a los Reyes Magos ;)
¡Qué bonito recuerdo me has traido, compañera!
Un abrazo enorme.

Ricardo Tribin dijo...

Mi querida Ligia, mi personaje seria el tendero de la esquina en su negocio llamado "La espiga". El pan con bocadillo de guayaba era fabuloso.

Gran abrazo.

Humberto Dib dijo...

Qué lindo, Ligia, me hiciste vivir algo que no presencié como si hubiera estado allí.
Hay dos comerciante que pasaban por la ciudad (pequeña) que nací que me encantaría volver a ver, o a escuchar: Una pasaba en un carro tirado por un caballo, vendía cosas de mimbre o de paja, tenía una forma de ofrecer sus productos de forma tan característica. El otro era un afilador, quien con su bicicleta y una especie de instrumento de viento hacía una música anodina, pero hermosa.
Un beso grande.
HD

Norma Ruiz dijo...

Ligia:
Que hermosa historia, la parte humana de la vida es saber rescatar a aquellas personas que dejaròn sus huellas en nuestra niñez.
Besos

Esilleviana dijo...

Qué bonitos recuerdos. Aunque puede que ahora después de comparar aquella época con el presente, podamos llegar a pensar que faltaban muchos artículos, que las necesidades eran mucho mayor que ahora pero había más ilusión, quizá más alegría o no?? no sé, ¿qué opinas?

un abrazo

Abril Lech dijo...

Qué bonita estampa de ninez! Con cuanta ternura describes pinceladas de tu mami. De mis personajes de niñez recuerdo un vecino -debía tener 17 años- que nos cuidaba cuando mi padre se iba al cine con mamá, a mi y a mis hermanos. Nos contaba cuentos por horas, de una manera tan linda!!!

Amig@mi@ dijo...

Pues quizás si tengo que elegir me quedo con el sereno. Pobrecillo. Toda la noche de un lado a otro acudiendo a tantas llamadas... Me daban miedo y a la vez los admiraba.
Gracias por tus palabras, amiga.
Un abrazo

MTeresa dijo...

Recordar es volver a vivir
y hay que mantener los sentidos
muy firmes para que no olvidemos
nuestro pasado que nos ayudará
a forjar el futuro.

 
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