16 de septiembre de 2013

La Barranquera



Mi familia era más de ciudad. No se encontraba entre nuestras costumbres irnos de playa, a pesar de lo cerca que teníamos el mar, ni siquiera un simple bañador formaba parte de nuestro vestuario. Lo más que hacíamos era remojarnos los pies cuando mis padres nos llevaban de paseo a cualquier orilla de la costa lagunera.
La Barranquera, en Valle Guerra, era casi siempre la playa elegida, no para darnos un baño de agua salada, precisamente, sino para visitar a doña Juana y doña Josefa, dos conocidas que tenían su casa allí mismo.
Generalmente, las visitas se hacían por la tarde, a la hora del café y antes de que nos diera la noche por el camino, ya que teníamos que coger la guagua para volver a La Laguna.
Algunas veces sorprendíamos “enamorando” a la hija de una de las dos, no recuerdo bien. En aquellos tiempos, se “enamoraba”, y para eso se establecían unas normas.
Primero, el pretendiente tenía que solicitar permiso a los padres para hablar con la chica, después debía llegar e irse a la hora que previamente se había decidido, y por supuesto, nada de tocamientos obscenos ya que te ponían una carabina vigilante (acostumbraba ser la hermana menor) que se chivaba a la madre en cuanto notaba algún acercamiento extraño.
Claro está que siempre se encontraba excusa para hacer pequeños y recompensados encargos a la niña, momento que aprovechaban los acalorados amantes para dar rienda suelta a sus pasiones contenidas.
Todo eso lo fui aprendiendo con el tiempo, no piensen ustedes otra cosa, que los escarceos amorosos de mi juventud se vivían (cuando no teníamos carabina) en la oscuridad del Camino Largo, y como decía la madre de mi amiga Nachi, de mitad del cuerpo para arriba, porque de mitad para abajo entrañaba mucho peligro...

Y hablando de peligros, el que un día me produjo la playa de La Barranquera, que no era tal playa, sino unas rocas llenas de musgos con unos charcos deliciosos para refrescarnos en los días de verano de mi niñez.
Habíamos ido a visitar, como he dicho, a doña Juana y doña Josefa, pero esa vez fue por la mañana. Una de las hijas (no sé si la que enamoraba) me prestó un bañador para que hiciera mis primeros pinitos en el agua salada. No duden que el bañador me lo puse encima de mis braguitas y mi camisilla por aquello del decoro infantil... y allí estuve chapoteando un buen rato ante la mirada expectante de mi madre, que se quedó en la orilla por si acaso.
El por si acaso no tardó en llegar, porque me fui animando y confiando, sin tener en cuenta las piedras traicioneras y deslizantes por las algas, que me hicieron caer dentro del charco dándome un remojón total, a la par que un costalazo que me dejó las marcas para un tiempo y el miedo en el cuerpo para posteriores intentos natatorios.
Pero ¿y lo fresquita que estaba el agua de La Barranquera? En fin, tendré que volver pronto por allí, a rememorar mi niñez y a ver si reconozco al menos el charco traidor...

17 despertares:

Ligia dijo...

Muchas gracias por las visitas y comentarios. Este es el último relato que me han publicado en el periódico local "Lagunamensual". La primera imagen corresponde a Bajamar, lugar del que alguna vez les he hablado y la segunda es el Camino Largo, en el centro de La Laguna, donde últimamente doy mis caminatas. Abrazos para todos.

Marcos dijo...

Que tiempos aquellos Ligia, a nosotros nos avergonzó un taxista porque aprovechando que pasábamos por un túnel de la ciudad, nos besamos.
No le dí propina.
Había una playa en la ciudad con unas instalaciones del arzobispado, chicos y chicas a ambos lados, familias en el centro, y los hombres obligatoriamente con camiseta export además de bañador claro.

trimbolera dijo...

Me has hecho sonreír con cariño cuando te he imaginado con el bañador.

angel lago villar dijo...

¡¡Qué bonita y entrañable entrada!!

Me gusta cuando la gente habla con esa sinceridad y sin tapujos de su vida.

Magnífico, amiga.

angel lago villar dijo...

Aunque quizás me he adelantado.
¿Es un relato basado en experiencias personales?
....bueno, dejemos la duda en el aire.
Un abrazo.

unjubilado dijo...

Bonito relato y bonitos recuerdos, en mi caso de niño, luego de novios, después...
Abrazos.

mariajesusparadela dijo...

Echaba yo mucho de menos estos relatos que antes prodigabas.
Tenía yo, hace ya años, dos referentes literarios en las islas: uno eras tu.
Luego lo fuiste dejando y encontré el relevo en Virgi y en Tanci.
Recupera aquellos tiempos, que los echo de menos.

Mª Jesús Verdú Sacases dijo...

Recuerdas viejos tiempos. Ahora las cosas han cambiado y todo se vive de otro modo. Un placer leerte

Tawaki dijo...

Quién sabe lo que puedes encontrar por allí además de los recuerdos que tan bien nos narras.

Yayi dijo...

Hola Ligia.
Me ha encantado leerte. Yo También iba alguna vez a la barranquera y con piedras y todo déjame decirte que me encantaba. Yo también iba de visita,jaja, qué curioso!!
Feliz semana.
Besitos guapa.

Raquel dijo...

Qué curioso, cómo han cambiado las cosas en tan poco tiempo :)
Me ha hecho sonreír; yo recuerdo ir siempre, aunque de niña no me gustaba un pelo, a Bajamar y La Punta. Siempre que íbamos estaba nublado, y los edificios de los años 70 me parecían decadentes. Ahora me gusta más que antes.
Yo también voy a pasear muchas tarde al paseo de las Palmeras, seguro que nos hemos topado sin saberlo.
Bonito relato.
Saludos.

OZNA-OZNA dijo...

Miles de gracias querida amiga por concedernos el privilegio de ser testigos de tus bellas y entrañables letras. Muchos besinos de esta amiga que te quiere un montón y siempre te lleva en el corazón.

teresa dijo...

Que suerte Ligia tener La Barranquera donde has pasado días inolvidables.
Me alegro volver a tu y comentarte, atrás quedaron las vacaciones y de nuevo con los amigos.
Un fuerte abrazo y hasta pronto.

Pedro Álvarez Pérez dijo...

Estimada Ligia... un sitio que sigue siendo para nosotros casi un refugio, de los pocos que quedan con ese aire de puerto de mar y ese ambiente marinero. Los atardeceres sentados en la plataforma de madera suelen ser para recordar siempre.

Saludos

ana dijo...

Pero qué bonitos son tus recuerdos, y creo que sí, que deberías volver para rememorar tu infancia que tan buen sabor de boca te dejó.

Besicos.

TriniReina dijo...

Pues me ha recordado lo de "la que enamoraba" a mis tiempos de amor. Los primeros tiempos había de ir con carabina, mi hermana, y también hubo de pasar mi novio el mal trago de hablar con el suegro:):)

Me encanta ese paseo. Eres muy afortunada de poder pasearlo.
Y lo del agua, pues aquí sigo sin saber nadar debido al miedo de aquel primer remojón, la primera vez que vi el mar.

Tus recuerdos despiertan mis recuerdos. Enhorabuena por la publicación.

Besos

md dijo...

Me ha gustado mucho este cuentito-relato-vivencia.

Felicidades.
Un beso.

 
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