20 de diciembre de 2013

¡¡FELICES FIESTAS!!

La lluvia pasó, el sol volvió aunque anda medio escondido, y entre una cosa y otra, estamos a finales del año.
Dije, o si no lo dije, lo digo, que les contaría como ha sido este año sin actividad laboral, pero como estos días estoy medio liada con mis labores, lo haré en otro momento con más calma.
Ahora sólo quiero felicitarles la Navidad, y nada mejor que con esta postal-panel que he hecho en patchwork.



¡Salud y suerte!

11 de diciembre de 2013

LLUEVE Y LLUEVE...



No estamos acostumbrados por estas islas a tanta lluvia... Viene bien el agüita para la tierra y en casa ni se nota, pero cuando hay viento no me gusta nada. En Tenerife seguimos en alerta roja por fuertes lluvias, aparte de las rachas de viento y el fuerte oleaje en las costas.
Vuelos cancelados, colegios cerrados, viviendas sin luz, y truenos, relámpagos y rayos que no han cesado en toda la mañana, y que parece van a seguir esta tarde.



Pero como ya desde hace unos días estaba decretada la alerta, estábamos todos a la expectativa esperando acontecimientos. Ayer por la tarde, en Santa Cruz y La Laguna "no pasaba nada", y como hay gente que tiene poco que hacer, y mucha imaginación, no paraban los mensajes de wassap con los que terminabas riendo, aunque yo con miedito. Por si no lo saben, hay lugares en Tenerife que se llaman Los Silos, El Tanque, Las Galletas, El Tablero o El Rosario y los mensajes hacían referencia a ellos. Vean:
El agua se acerca a El Rosario:


Los Silos se empapan:


El agua a punto de caer en El Tablero:


El Tanque también inundado:


Un aguacero cae sobre Las Galletas:



Otros mensajes como:
"Puntagorda y La Rajita no se libran del mal tiempo". No hay fotos" (Menos mal, ja, ja)

Y al final de tanto cachondeo, llegaba éste:
"Ultimas noticias. Debido a la cantidad de tonterías por parte de la población mediante whatsapp, se vuelven a impartir clases. Llueva, truene, nieve o caiga un meteorito. Demasiado tiempo libre haciendo el tonto".
Como verán, el humor no se pierde.
Solo esperamos que la tormenta pase, que no deje muchas desgracias, y que volvamos a la normalidad pronto.

6 de diciembre de 2013

VIAJE OTOÑAL (2)

Mientras escucho la lluvia incesante que no ha parado en toda la tarde de este día festivo, Día de la Constitución y cumpleaños de mi sobrina(la madre de mis sobrinietos gemelos, a la que deseo un cambio favorable en su vida YA, porque ya lo necesita), voy a terminar de contarles mis andanzas en el viaje otoñal, otoñal como esta imagen de los Jardines de Santa Clotilde, en Lloret de Mar.



Una de las visitas interesantes que hicimos fue al Castillo de Perelada,en la comarca del Alto Ampurdán, donde se exhiben unas particulares colecciones de vidrio y cerámica pertenecientes a los dueños actuales del conjunto histórico, la familia Mateu-Suqué.



Aparte del Museo del Vino, de la Iglesia del Castillo y de todo lo relacionado con las viñas de Perelada, a mi me dejó boquiabierta la Biblioteca,una de las librerías privadas más valiosas e importantes del mundo, con unos 100.000 ejemplares de libros de todo tipo, destacando unos 1.000 volúmenes de "Don Quijote" en diversos idiomas.



Otra de las excursiones que me cautivó fue la que hicimos a RUPIT, municipio que pertenece a la provincia de Barcelona, unido a PRUIT en el año 1977, y que tiene apenas unos 300 habitantes.



Es un pueblecito de piedra donde parece que el tiempo se haya detenido. No hay ninguna antena de televisión visible en los tejados de las casas y a la entrada del pueblo hay un puente colgante donde sólo pueden pasar las personas de 10 en 10 para evitar el movimiento y para llegar al casco antiguo.



Otras visitas estuvieron relacionadas inevitablemente con el pintor y escultor surrealista Salvador Dalí. Fuimos a Cadaqués, el pueblo más oriental de la Península Ibérica, donde Dalí pasaba sus veranos infantiles y donde hasta finales del siglo XIX sólo se tenía acceso por mar y que ocupa la mayor parte de la costa de levante del Macizo del Cabo de Creus.



y a Figueras, la capital de la comarca del Alto Ampurdán, donde se encuentra el Teatro Museo Dalí, con su famosa Cúpula, bajo la que descansan los restos del genio, tal como era su deseo.



La obra de Dalí tiene, como cualquier artista, sus defensores y sus detractores, pero desde luego no se le puede quitar su originalidad. Esta es la imagen del patio central del Museo, donde Dalí "montó una obra monumental en honor a su mujer, Gala: sobre un cadillac negro puso la escultura de una mujer, y detrás, una columna sostiene un barco con preservativos gigantes, que representan las lágrimas que derramó por Gala, después de su muerte".



No me dirán que no es original.

Por último, les dejo una imagen del Claustro del Monasterio de Santa María de Ripoll, que me pareció muy interesante,



y el pensamiento del día que encontré escrito en una pizarra y también me gustó.

30 de noviembre de 2013

VIAJE OTOÑAL

Aprovechando la oferta que nos ofrece el Gobierno a través del Programa de Vacaciones para Mayores, y como Alejandro y yo ya estamos incluidos en ese programa desde que estamos jubilados, hemos estado una semana de viaje en Lloret de Mar (Gerona), formando parte del Club Mundo Senior, que parece que hasta suena mejor que lo de la Tercera Edad.
Me ha parecido todo muy bien organizado, unos lugares preciosos que no conocía y lo mejor de todo, poder ver, tocar y sentir la nieve en el Valle de Nuria,


a donde subimos en un ferrocarril de cremallera.
Disfrutamos de la sensación de frío, frío, porque había ventisca, pero fueron unos minutos inolvidables.


Hicimos algunas excursiones, todas interesantes y a sitios emblemáticos como el Santuario y Monasterio del Macizo de Montserrat,

donde pudimos admirar este pórtico


y este paisaje desde las alturas.


En Lloret de Mar, Alejandro se recorrió esta playa cada día tres o cuatro veces. Yo me conformé con una sin llegar al Castillo...



También fuimos a visitar la "Dona marinera", escultura de bronce obra del artista Ernest Maragall, que representa a la mujer despidiendo al marinero que se hace a la mar (aunque he leido por ahí que más parece una mujer escanciando sidra...)



los Jardines de Santa Clotilde, diseñados en 1919 por Nicolau Rubió i Tudurí



parte de los cuales da a unos acantilados con impresionantes vistas sobre el mar mediterráneo.



Digna de ver también es la Iglesia de Sant Romà, gótica con influencias renacentistas terminada de construir en 1522.



El tiempo nos acompañó durante la semana y ni siquiera llovió. Lo único que sentí fue no haber disfrutado de este viaje con Melquiades y Nieves, mi hermano y cuñada, a los que eché muchísimo de menos, no en vano llevamos viajando juntos en verano por los menos diez años, pero claro, ellos son más jóvenes y todavía no son Senior.

De todas formas, le traje a Nieves postales y marcadores de casi todos los sitios que visitamos como solemos hacer siempre, y a mi hermano, un Belén pequeñito de Monstserrat, para su colección.

Y a ustedes, no los quiero saturar, así que en el próximo post les sigo contando...

17 de noviembre de 2013

ESTADÍSTICAS



Llevo casi toda la tarde leyendo, o releyendo, las letras y los números de este blog.
Siempre he dicho que soy una mujer de Letras, aunque eso ya no se lleve. De Letras, porque me encanta leer y escribir. De Letras, porque estudié Historia, y de Letras, porque siempre me gustó el Latín, el Griego, el Inglés y ahora el Italiano.
Sí, una parte de mi tiempo de Jubilada lo estoy dedicando a estudiar Italiano. Espero hacer balance de mi primer año dentro de poco, y lo compartiré con ustedes.
Pero, curiosamente, mi actividad laboral transcurrió entre Números, porque como ya he dicho aquí algunas veces, aparte de mis primeros y nostálgicos años en Agricultura, trabajé en la Agencia Tributaria muchos años, en la Delegación de Hacienda, y en la Consejería de Hacienda. Y no me negarán que estos nombres no se asocian con Números...
Pues bien, he llegado a estas reflexiones por pura carambola. Estoy haciendo un Taller sobre "Mecánica Literaria" en la Fundación Mapfre, y con la intención de "mejorar" algunos escritos míos, he buscado en el blog y, leyendo y releyendo, he llegado atrás en el tiempo y me he encontrado llena de nostalgia y de estadísticas.
Blogger me informa de las veces que se ha visto un post y el número de comentarios que tiene, y he tropezado con datos tan inexplicables como éste: Un post que se ha visto una sola vez y tiene 68 comentarios (Totalmente inexplicable) ("Mi casa")
O tan curioso como éste:
El primer post se ha visto 706 veces y no recibió ningún comentario ("Carta de nostalgia")
O datos tan increíbles como éstos:
Un post que se ha visto 7.457 veces ("Bailar bajo la lluvia") y otro 6.707 ("La maleta")
He dejado a lo largo de estos años, tres post empezados que se quedaron en borrador (seguramente los borraré, porque ya no tienen mucho sentido)
Creo que el número máximo que he llegado a tener de comentarios, es sesenta y cinco, precisamente en uno de mis cumpleaños, aunque últimamente es raro que pasen de veinte.
En las Etiquetas aparecen dos historias modificadas, pero la verdad es que han sido varias las que he publicado más de una vez y seguro que alguna coma he cambiado.
Lo más gratificante y a la vez alto triste, ha sido releer los primeros comentarios. Por un lado, porque he sentido la ilusión de las palabras que me animaban a seguir escribiendo, y por otro, porque me he dado cuenta de la cantidad de personas que se han ido y ni siquiera aparecen sus blogs.
Mientras que los seguidores no llegan a 350 (supongo que la mayoría irreales), las entradas apenas superan las 400 en los años que llevo con el blog.
En fin, datos que no sirven para nada realmente, y que solo aprovecho para añadir un post lleno de nostalgia... y de estadísticas.

1 de noviembre de 2013

NOCHE DE FINADOS





Les dejo este artículo que he leído en la revista digital ORIGEN CANARIO sobre lo que aquí en Canarias conocemos como la Noche de Finados. Las imágenes también las tomé de allí, y aunque no está completo, creo que se entiende perfectamente la tradición, que no tiene nada que ver con lo que se está celebrando últimamente en las islas.





La Fiesta de Finados se celebra en muchos lugares del archipiélago desde el 31 de octubre al 1 de noviembre. Con la palabra “finaos” que significa “difunto”, se hace referencia a una fiesta popular canaria que se celebraba en la noche previa al Día de Difuntos (del 1 al 2 de noviembre), aunque hoy en día se hace la víspera de “Todos los Santos” (del 31 de octubre al 1 de noviembre) aprovechando que la jornada no es laborable.
Desgraciadamente esta tradición se está perdiendo en muchos rincones de las islas debido en gran parte al auge de la influencia anglosajona en la celebración de Halloween (una costumbre celta, que fue popularizada en EEUU por los irlandeses en la segunda mitad del siglo XIX y que comenzó a celebrarse en forma masiva en 1921, cuando se realizó el primer desfile de Halloween en Minnesota y que con el paso de los años ya se ha extendido al resto del planeta).



La tradición canaria de este día marca que los más jóvenes cogían la talega y visitaban casa por casa todo el pueblo pidiendo “los santos”:
Tocaban en la puerta y preguntaban ¿hay santos?
La dueña decía que sí, depositando en la talega almendras, nueces, higos pasados o castañas.
Cuando los niños llenaban la talega, volvían a casa muy contentos.
Por la tarde se reunían las familias y la mujer de mayor edad de cada familia recordaba a los muertos (los finados, los que habían llegado a su fin), contando anécdotas mientras se compartía una comida con los frutos de temporada.
Para ese día se guardaban o se compraban castañas para asar, almendras y otras frutas. También se pasaban higos y tunos (higos picos), y a los “higos pasaos” se les introducía una almendra para comerlos. Estos podían ser elementos de la celebración familiar, o bien lo que se iba a buscar y/o llevar a los finaos.
Para la celebración familiar se hacían platos más elaborados como el queso de almendras e higos, el frangollo, “piñones” o incluso se podía matar algún animal.
La mayor parte de las diferencias en cuanto a quien participa (la familia, los jóvenes, los vecinos) donde se realiza (en las casas propias, de los abuelos, los cercaos) y que se consume, se explican por el carácter familiar de la tradición, la zona o la economía familiar.
El punto culminante era el “Baile de los difuntos” o “Baile de los finaos”, donde se degustaban castañas y piñas asadas, almendras, roscos de anís, chochos y no podía faltar una copita de anís (para los gases de las castañas) y todo eso amenizado por los ranchos de ánimas, grupo de gente tocando por las calles que después hacían un baile con guitarras y timples. Amigos, familiares y vecinos se reunían en la plaza para recordar a los difuntos, una noche peculiar en la que no cabía la tristeza.



Ese ambiente familiar traspasaba las puertas de las viviendas y ya en las calles, proseguía la reunión mediante “los ranchos de ánimas”, que rondaban el pueblo o el barrio al son de malagueñas o de algún otro tipo de canto sosegado. Estos grupos de cantadores recaudaban, mediante sus cantos, pequeñas cantidades de dinero que más tarde ofrecerían al párroco del pueblo para sufragar el entierro de aquellos que carecían de medios. Son conocidos los Ranchos de Ánimas de los Arbejales, Teror o Valsequillo. Con el paso del tiempo, prevalece un cierto carácter lúdico-popular, e incluso se acompaña la noche con la presencia de ventorrillos y bailes de taifa.

23 de octubre de 2013

El encuentro



Se puso el único traje que tenía. Ya estaba un poco gastado, pues lo usaba en todas las ocasiones que él consideraba importante. Y ésta lo requería.
Era domingo, y después de muchas dudas y desconciertos, estaba dispuesto a enamorar a aquella chiquilla morena que tenía una sonrisa angelical.
Se puso colonia Varón Dandy, unos calcetines nuevos que su madre le había mandado en el último paquete recibido del pueblo, y unos gemelos en los puños de la camisa que su padre le regaló días antes de venir a estudiar a la ciudad, con la recomendación de que los cuidara con esmero, porque siempre habían estado en la familia. Ya había visto a la chica varias veces en la misa de las doce, siempre acompañada por la que parecía ser su hermana mayor, pero no se sentía con fuerzas para dirigirse a ella. No sabía cómo empezar la conversación. Sus amigos habían insistido a menudo en la conveniencia de decirle cuando menos un piropo, para que notara su presencia, pero él no estaba muy decidido.
En la ciudad se sentía un poco acomplejado. En el pueblo era distinto, las demás chicas estaban loquitas por él o eso le demostraban cada vez que volvía de vacaciones. No era muy buen estudiante, pero intentaba sacar la carrera con esfuerzo, porque sabía que sus padres estaban gastando mucho dinero no sólo en los viajes, sino también en la pensión donde se quedaba, amén del que le enviaban mensualmente para sus gastos.
Después de habérselo pensado mucho, encontró lo que podría ser la fórmula adecuada para empezar a conocer a aquella chica con la sonrisa permanente en su boca.
Tenía la costumbre de ir todos los domingos a misa, porque sus padres así se lo habían enseñado, y aunque tenía muchas dudas con respecto al tema religioso, sobre todo desde que había llegado a la ciudad, seguía manteniendo ese hábito que quizá hoy le iba a servir para poder hablar con la persona que le había quitado el sueño desde hacía unos meses.
Había decidido llegar temprano ese día a la misa y colocarse en el banco donde casi siempre se ponían las dos hermanas. Con buena suerte, repararía en él, y quizá hasta pudiera estrechar su mano cuando el cura dijera lo de "Daos fraternalmente la paz".


Después, a la salida de misa, la invitaría a dar una vuelta, a tomar un café o incluso a ir al cine.
Primero miró el dinero que tenía en los bolsillos, no se fuera a quedar verdaderamente en ridículo, y después de hacer cuentas pensando que también tendría que invitar a su futura cuñada, cogió el periódico que cada día leía en la pensión y miró la cartelera a ver si había alguna película que pudiera interesarle. Era muy difícil saber los gustos de aquella chica por las veces que se habían cruzado, pero él ya había sacado sus propias conclusiones.
Parecía un poco ingenua y un mucho romántica, así que al final decidió invitarla a ver "Un retazo de azul". El título era muy sugerente y trabajaba un actor llamado Sydney Poitier. Seguro que le gustaría.
Se miró al espejo por última vez antes de salir y unos ojos verdes aprobatorios le devolvieron la mirada. El pelo completamente rubio y lacio, un poco largo de acuerdo con el gusto de la época que le había tocado vivir. El traje poco adecuado a su edad, pero insustituible, si tenemos en cuenta la escasa variedad de que disponía para elegir entre su limitado vestuario.
Se colocó en el dedo un anillo con sus iniciales grabadas. Miró el reloj y cogió su cartera guardándola en el bolsillo interior de la chaqueta. No faltaba nada. Salió a la calle y la luz del sol le deslumbró. Tenía ganas de comprarse unas gafas de sol desde hacía tiempo, pero no se atrevía a pedir más dinero a sus padres, así que se enfrentó como pudo a aquella inusitada claridad, y emprendió decidido el paseo a la iglesia.
En poco tiempo, pensó, podré hacer este mismo camino para casarme con la chiquilla morena de sonrisa angelical.
Llegó temprano tal como había previsto, pero comprobó que una anciana se le había adelantado, y estaba instalada ya en el sitio estratégico que él tenía pensado ocupar. Se arrodilló justo detrás pensando que de todas formas no era mal sitio, porque así la podría contemplar mejor.
Cuando el cura salió y dijo "En el nombre del Padre...", ella todavía no había llegado. Se empezó a poner nervioso. No podía creer que precisamente ese domingo no viniera a la misa. Miraba inquieto hacia la puerta cada vez que oía el ruido de las antiguas bisagras dando paso a gente que llegaba apresuradamente antes de que empezara la "Lectura del Santo Evangelio según San Juan..."
Quizá la chica hubiera decidido cambiarse de banco, pero ya era casualidad...
El cura seguía con su disertación, y él estaba perdido en sus pensamientos. "Roguemos al Señor..." "Tomad y comed todos de él, porque este es mi cuerpo..."
Ya casi había perdido las esperanzas de encontrarla, cuando percibió una dulce voz que provenía del banco de atrás: "Hosanna en el cielo..." No pudo evitar que su cabeza se volviera de forma instantánea y sus ojos verdes se posaran en ella.
Le recorrió una corriente por su cuerpo y se quedó paralizado, sin saber qué hacer.Ya ni se acordaba del "Padre nuestro" y cuando llegó el momento de intercambiar "la paz" se produjo tal confusión de manos, que no supo a ciencia cierta si consiguió rozar las de ella, las de la hermana o las de la anciana que tenía delante y que insistía en repartir besos a todos los que estaban a su alrededor.
Antes de que tomara conciencia de la realidad, el cura dijo "Podéis ir en paz". Entonces presintió lo que iba a suceder: tendría que esperar otra semana, volvería a sacar su traje de domingo para asistir a la misa siguiente e intentaría de nuevo ver, tal vez hablar, con la que algún día sería su esposa ante los ojos de Dios y de los hombres.



(Junio de 2007)

7 de octubre de 2013

DE PROFESIÓN...

Sus labores, como se decía antes. Esa era mi madre, que barría, fregaba, cocinaba, lavaba, planchaba... así, así... (como cantaban los payasos de la tele), y aparte de hacer ropa para los seis hijos, también cosía y bordaba para otros, con tal de sacar las cuatro pesetas que faltaban en el sobre de mi padre a fin de mes. Y para rematar sus labores, siempre estaba dispuesta a poner inyecciones a cualquier vecino que le pidiera el favor.
Pero hoy voy a hablar de otros personajes de mi niñez que ya no se ven en la vida cotidiana.
La lechera, Anita, hacía sonar sus cacharros al llegar cada mañana al zaguán de casa. Ya nosotros la habíamos divisado asomados a la ventana desde que llegaba a la esquina de la calle, haciendo equilibrios con una cesta de mimbre a la cabeza con varias lecheras dentro y otras pocas en cada mano. No esperábamos a que tocara el timbre sino que salíamos con el caldero mágico para recoger la leche. Muchas veces escuchamos a mi madre decirle que la del día anterior estaba muy “aguada” y a ella jurar y perjurar que no le añadía agua...

Lo del caldero mágico fue una ida de mi padre, una olla blanca que con el tiempo se fue desportillando, que en su interior tenía una especie de tubo por el que subía la leche cuando hervía y volvía a caer en el caldero, evitando que se derramara por fuera, cosa que había sucedido muchísimas veces antes del gran invento.
Otro personaje que esperábamos los niños cada tres o cuatro días era a Andrés, el de “la comida del cochino”. En este caso, solíamos escondernos para que no nos tocara acompañarle al patio a recoger el balde de las sobras alimenticias, que él muy afablemente cambiaba por otro limpio. Lo que no nos gustaba era el aroma que teníamos que soportar sin tener cochino (cerdo, puerco, marrano) en casa.


Andrés, a cambio, cuando hacía la matanza supongo, nos traía algunos chicharrones por aquello de dar las gracias de alguna manera. Eso sí nos apetecía comerlos con gofio...
Pero la que realmente deseábamos que llegara cada día era la panadera. Doña María paseaba elegantemente con una gran cesta en la cabeza repleta de panes y nosotros teníamos dispuesta la bolsa de tela para recogerlos y las pesetas que correspondían. La bolsa era blanca con unos apliques bordados por mi madre, por un lado unas figuras de “la Dama y el Vagabundo”, y por el otro las letras en diagonal “P A N”.


El olor al pan crujiente y la palabra aquella que me encantaba: “Parisién”, sin saber siquiera el significado, era uno de los mejores momentos de la mañana. A veces comprábamos “pan con matalahúva” que a mi padre le gustaba mucho, y después llegaron los panes “sobados”, “integrales” y demás hierbas, y los que ahora compro, que por la noche parecen chicles...
En fin, otro día les hablaré de otros personajes que tocaban a nuestra puerta, unos a cobrar y otros a dejar cartas, por ejemplo.
Y ustedes... ¿con qué personaje de su niñez se quedarían?

24 de septiembre de 2013

LA TELEVISIÓN

Aquel aparato nos parecía cosa de magia. Cuando en el colegio me hablaron de la televisión, creí que era como tener un cine interminable en casa.


El cine ya lo conocía porque todos los domingos y días de fiesta iba al Teatro Leal, a ver una película. Mi padre era el taquillero, el que vendía las entradas, y si quedaban asientos vacíos, nos dejaba entrar sin pagar.
Pero la televisión era otra cosa según me contaba la niña más pija del colegio, que ya tenía una en su casa. Tener una televisión implicaba estar pendiente todo el día de su programación, desde que conectaba la Carta de Ajuste, que yo la recuerdo con una imagen parecida a un parchís con música repetitiva, hasta que se apagaba por la noche con la Bandera y el sonido del Himno Nacional.


En el barrio donde vivíamos, mi padre fue el pionero en llevar la televisión a casa.
Era un aparato de marca alemana, las mejores del mercado según decían, al cual, debido a su gran tamaño, hubo que hacerle espacio en los reducidos metros de la sala-comedor. Para que no cogiera polvo, mi madre le hizo un forro de tela, del que se subía la parte frontal como si fuera una persiana, para ver la pantalla cuando se encendía.
Muchos domingos por la tarde se reunían en mi casa algunos vecinos, los más jóvenes a disfrutar las peripecias de DON GATO y su pandilla y los mayores a ver las corridas de toros de la época.
Recuerdo el primer año que vimos el interminable desfile militar del Día de las Fuerzas Armadas, con un despliegue inmenso de tropas, cuando un vecino, que era Guardia Civil, ante la mirada atónita de los que allí estábamos congregados, reconoció o creyó reconocer a un amigo entre los cientos de militares que desfilaban, al grito de “Miren a Eustaquio, miren a Eustaquio”. Los más pequeños nos mirábamos unos a otros sorprendidos, no ya de que lo hubiera distinguido, sino de que el vecino pudiera conocer a alguien que saliera por la televisión.

El silencio era absoluto y toda la familia se reunía en torno a aquel aparato que no tenía mando a distancia ni falta que le hacía, porque no había donde elegir y todos estábamos conformes con lo que nos pusieran.
Muchas mujeres querían ser REINA POR UN DÍA, un programa donde se cumplían los sueños de algunas. Otras deseaban tener la virtud de Samantha, la bella EMBRUJADA que conseguía sus propósitos moviendo su pequeña nariz.
LOS INTOCABLES, EL FUGITIVO, MISIÓN IMPOSIBLE O LOS VENGADORES, fueron series inolvidables que nos mantenían en vilo y nos hacían disfrutar casi tanto como el SUPER AGENTE 86 y su zapatófono.


Y a las que nos gustaba la música, teníamos cada domingo ESCALA EN HI-FI, donde actores que luego se hicieron muy conocidos, hacían play-back de las canciones del momento.
Pero la serie que más atrajo mi atención a los doce o trece años fue MR. NOVAK, probablemente por el actor que la protagonizaba, James Franciscus. Daba vida a un profesor guapísimo, que se involucraba en las vidas de sus alumnos y compañeros de una Universidad de Los Angeles.


Yo soñaba con que uno así llegara a mi vida estudiantil, en lugar del rudo profesor de matemáticas que me daba clase, de cuyo nombre no quiero acordarme.
Y ustedes ¿qué pograma recuerdan de la televisión de su niñez?

16 de septiembre de 2013

La Barranquera



Mi familia era más de ciudad. No se encontraba entre nuestras costumbres irnos de playa, a pesar de lo cerca que teníamos el mar, ni siquiera un simple bañador formaba parte de nuestro vestuario. Lo más que hacíamos era remojarnos los pies cuando mis padres nos llevaban de paseo a cualquier orilla de la costa lagunera.
La Barranquera, en Valle Guerra, era casi siempre la playa elegida, no para darnos un baño de agua salada, precisamente, sino para visitar a doña Juana y doña Josefa, dos conocidas que tenían su casa allí mismo.
Generalmente, las visitas se hacían por la tarde, a la hora del café y antes de que nos diera la noche por el camino, ya que teníamos que coger la guagua para volver a La Laguna.
Algunas veces sorprendíamos “enamorando” a la hija de una de las dos, no recuerdo bien. En aquellos tiempos, se “enamoraba”, y para eso se establecían unas normas.
Primero, el pretendiente tenía que solicitar permiso a los padres para hablar con la chica, después debía llegar e irse a la hora que previamente se había decidido, y por supuesto, nada de tocamientos obscenos ya que te ponían una carabina vigilante (acostumbraba ser la hermana menor) que se chivaba a la madre en cuanto notaba algún acercamiento extraño.
Claro está que siempre se encontraba excusa para hacer pequeños y recompensados encargos a la niña, momento que aprovechaban los acalorados amantes para dar rienda suelta a sus pasiones contenidas.
Todo eso lo fui aprendiendo con el tiempo, no piensen ustedes otra cosa, que los escarceos amorosos de mi juventud se vivían (cuando no teníamos carabina) en la oscuridad del Camino Largo, y como decía la madre de mi amiga Nachi, de mitad del cuerpo para arriba, porque de mitad para abajo entrañaba mucho peligro...

Y hablando de peligros, el que un día me produjo la playa de La Barranquera, que no era tal playa, sino unas rocas llenas de musgos con unos charcos deliciosos para refrescarnos en los días de verano de mi niñez.
Habíamos ido a visitar, como he dicho, a doña Juana y doña Josefa, pero esa vez fue por la mañana. Una de las hijas (no sé si la que enamoraba) me prestó un bañador para que hiciera mis primeros pinitos en el agua salada. No duden que el bañador me lo puse encima de mis braguitas y mi camisilla por aquello del decoro infantil... y allí estuve chapoteando un buen rato ante la mirada expectante de mi madre, que se quedó en la orilla por si acaso.
El por si acaso no tardó en llegar, porque me fui animando y confiando, sin tener en cuenta las piedras traicioneras y deslizantes por las algas, que me hicieron caer dentro del charco dándome un remojón total, a la par que un costalazo que me dejó las marcas para un tiempo y el miedo en el cuerpo para posteriores intentos natatorios.
Pero ¿y lo fresquita que estaba el agua de La Barranquera? En fin, tendré que volver pronto por allí, a rememorar mi niñez y a ver si reconozco al menos el charco traidor...

25 de agosto de 2013

SEMANA PALMERA (II)

Una semana da para mucho...

Aunque estábamos en la montaña, no nos faltó una piscina para remojarnos en estos días calurosos.



Tuvimos tiempo para visitar la Feria de Artesanía, donde se pueden ver los maravillosos bordados palmeros



Visitamos la capital, Santa Cruz de la Palma, a la que los palmeros llaman "la ciudad". Este es su Ayuntamiento



y este es el artesonado de otro edificio situado en la calle Real, remozado hace pocos años y ahora destinado a Entidad Bancaria.



También participamos en la Romería de San Roque, que cada año reúne a más gente con ganas de diversión.



Mientras, el crucero se despedía de la isla.



La yunta cargaba la pequeña imagen del santo



y encontré estos tiernos animalitos...



Por supuesto, tuve tiempo para terminar este libro: "Ira dei", de M. Gambín, el primero de una trilogía, que cuenta una historia de suspense, con las calles y plazas de La Laguna como protagonistas.



y para sacar fotos tan curiosas como ésta. No me digan que la señora no forma parte del entorno...



Y mientras Alejandro practicaba su deporte favorito...



yo me entretuve viendo fotos antiguas... ¡qué añoranza!



 
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