Sorprendidos mis ojos ingenuos llegaron a la isla y, ávidos de nuevos descubrimientos, intentaban dar explicación lo mismo a un barco anclado en tierra
como a una sirena varada en la caseta del puerto.
como a una sirena varada en la caseta del puerto.
El Pueblo era para mí algo nuevo, acostumbrada como estaba a la vida en ciudad. Aprendí a distinguir las huertas de papas
de las hierbas para los animales;
los árboles de naranjas
de los almendros en flor.
de las hierbas para los animales;
los árboles de naranjas
de los almendros en flor.
Pronto me convertí en una “mujer de mar y tierra”, hermoso piropo que despertó mi orgullo. Durante muchos años, La Palma fue lugar de sosiego y aprendizaje, allí mis hijos disfrutaron sus veranos de niñez y allí compartí deliciosos momentos.
























