15 de septiembre de 2011

Cristo lagunero


Desde que tengo uso de razón, la obligación y la devoción se unen el día 14 de septiembre en La Laguna, para celebrar la festividad del Cristo.
Al mediodía, la gente espera su paso cerca del Santuario.
El número de acompañantes crece cada año.

La Guardia se viste de gala.

La Banda de Música hace sonar sus acordes.

El Cristo va escoltado por la Escuadra de Gastadores de Artillería.

La presencia de soldados con armas en las procesiones estuvo prohibida durante nueve años por diversas cuestiones que al final se solucionaron, y hoy día, la gente aplaude entusiasmada el paso del ejército para rendir honores a la imagen del Cristo.

2 de septiembre de 2011

¡VAYA ELEMENTOS!


─Litio, sodio, potasio, rubidio, cesio y francio.
Y otro que estaba a su lado, continuaba:
─Berilio, magnesio, calcio, estroncio, bario y radio.
En la hora del recreo, la Tabla Periódica de Elementos químicos, llegaba a nuestros oídos como cánticos de gloria. Nosotras, recién iniciadas en el Instituto, pasábamos cerca del grupo con la esperanza diaria de encontrarnos con la mirada de aquellos chicos mayores que tan extrañas palabras recitaban.
Luego nos reuníamos en una esquina del hermoso patio a comentar lo que habíamos escuchado. Ninguna de nosotras sabíamos interpretar lo que decían, pero daba igual, suponíamos que tenían toda la razón, tal era el embobamiento de que éramos presa.
Como desconocíamos sus nombres, nos referíamos a ellos llamándolos por el nombre de alguno de los elementos de la Tabla. Así, por ejemplo, Berilio, el más bello de todos, rubio y de ojos verdes; the brother of Berilio, el hermano de Berilio, evidentemente, aunque la deducción del parentesco que les unía tal vez estuviera equivocada.
Otras veces hablábamos del Camisacuadros, del Pelopincho o del Chicoalto, cada uno por los motivos obvios. Este último intentó entrar en conversación conmigo, no sé si le hacía gracia mi corta estatura tan opuesta a la suya, pero perdí todo el interés hacia él, cuando empezó preguntándome la edad. Como yo era tan guanaja, le respondí con la verdad de mis catorce años, a lo que me contestó:
─Catorce en cada pierna…
Me dejó boquiabierta su respuesta, así que el mito del Chicoalto se fue por los suelos, igual que han ido cayendo muchos otros con el paso del tiempo, pero el recuerdo de los primeros sentimientos de embeleso hacia el sexo masculino queda en la memoria.
 
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