3 de julio de 2011

Las Carboneras

El enorme cuadro con la imagen de la Virgen del Carmen ya colgaba en la pared del comedor de la vivienda de Joseíto. La Santa Cena había quedado relegada, y ahora presidía el cuarto de los aperos, acompañando a los sacos de papas que reservaba para el invierno, las espuertas con los granos y las calabazas.

Me fijé que encima del antiguo aparador había otra Virgen, pero estaba dentro de una especie de vitrina pequeña con unas puertas de madera que se cerraban cada lunes para resguardar la imagen, antes de ser trasladada a otras casas del pueblo.

Permanecía una semana en cada una de ellas, para devoción de algunos vecinos y protesta de otros, que no disimulaban su enfado pero tampoco eran capaces de negarse a ser incluidos en la lista de acogida. La vitrina tenía en la parte baja una ranura en la que se introducían monedas, que era precisamente lo que enfadaba a algunos.

Me apresuré a pedirle a mi padre una peseta que metí en la abertura escuchando el sonido hueco de la madera y me pareció que la Virgen sonreía agradecida.

Mientras Joseíto mostraba a mi madre las últimas reformas que había hecho en la cocina, las nuevas cortinas que había confeccionado él mismo y los pañitos de crochet almidonados que decoraban los sillones del comedor, mi padre ya se había ido a saludar al Alcalde del pueblo, y nosotros, los pequeños, nos cambiábamos de ropa para ir a jugar a la era.

Por la tarde empezaría la trilla de las mieses y Joseíto nos había prometido que podríamos sentarnos un ratito en el trillo arrastrado por las vacas. Cuando llegó ese momento esperado, me imaginé que dábamos un paseo en trineo, pero en vez de deslizarnos por un paisaje nevado, el sol calentaba nuestras cabezas ante la severa mirada de mi madre, que no pudo conseguir que nos pusiéramos el ridículo sombrerito para protegernos.

Al menor movimiento de las vacas, estábamos pendientes de avisar cuando se disponían a hacer sus necesidades, para que las recogieran prestos en una vieja bacinilla, lo que nos producía un cierto asco unido a muchas risas. Pero era un trabajo necesario y así lo entendíamos.

Las Carboneras era nuestro destino veraniego, donde al menos una semana al año cambiaba la vida de nuestra familia. Íbamos invitados por Joseíto, pero la verdad es que los habitantes del pueblo se volcaban con nosotros en atenciones y los días eran pocos para corresponderles como se merecían.

Las casas estaban a distancia unas de otras, unidas por una estrecha vereda, sin luz eléctrica ni agua corriente, lo que para nosotros era algo sorprendente y misterioso. Cuando caía la noche, llevábamos linternas para desplazarnos por los caminos de casa en casa, y un quinqué o unas velas entretenían los momentos antes de irnos a la cama, cada noche en una distinta, por invitación expresa de algunos vecinos. El canto del gallo nos despertaba por la mañana y nuestra aventura transcurría todo el día aprovechando las horas como nunca.

Cuando terminaba la semana, después de despedirnos de todos y cada uno de los vecinos, iniciábamos la caminata por un sendero acompañados de algunos de ellos, hasta un lugar llamado la Cruz del Carmen. Allí cogíamos la guagua hasta La Laguna, felices de la experiencia vivida y con la promesa de volver al año siguiente.

Mientras, Joseíto nos seguiría visitando los primeros viernes de mes durante mucho tiempo.

27 despertares:

laMar dijo...

Que bellos recuerdos, naturaleza pura ;))
Besos enormes

fgiucich dijo...

Una historia tan llena de emociones que hacen de la niñéz una fuente de colores. Me encantó. Abrazos.

OZNA-OZNA dijo...

bellisima historia nos regalas princesa, has hecho volver a la infancia mi alma, un besin muy muy grande de esta amiga que te quiere un montonazu.

María del Carmen dijo...

Que bella historia nos has dejado!!!!

Bellisima y muy tierna, plena de comunión con otros, realizando salidas en grupo y visitandóse aunque sea una vez por mes...

Que hermoso tiempo era áquel!!!

Te fleicito por la vivencia y la hermosa narración que has escrito dónde se nota mucha emotividad y tibieza de alma.

Gracias por compartirla.

Te agradezco tu visita, y es mi deseo que pases a todos mis blogs a retirar los regalos dejados en ellos.
También te he nominado en Premios Premium, en mi blog

wwww.cosechadesentires.blogspot.com
y estas con tu nombre, además puedes retirar todos los premios dejados en todos los blogs.

Te abrazo y te espero en tu visita para retirar lo preparado y mis decires.

Un abrazo enorme
Marita
www.walktohorizon.blogspot.com

ADELFA MARTIN dijo...

¡esos maravillosos recuerdos tuyos traen otros a mi mente!, por ejemplo lo de la era...

abrazos amiga

mariajesusparadela dijo...

Preciosos recuerdos.
Las capillitas aun las recuerdo yo también.

TriniReina dijo...

Recuerdos que quedaron grabados para siempre en la ancha era de la memoria y, por lo que aquí se lee, son recuerdos gratos.

Me ha encantado el relato, no sólo por lo que narra, sino por como está narrado.

Besos

La Gata Coqueta dijo...


Que tu sueño te acompañe
donde el corazón te quiera llevar
para sentirte dueño
de la ruta que cada mañana
vas a comenzar...

Y cuando cabalgues
sobre la espuma blanca
de un mar agitado
en los acantilados
del amanecer...

Dibuja una estrella
en el interior del alma
para abrazar la fantasía
del gorrión herido
que volando llego...
...a tocar el infinito.

Gracias!!
Por permitirme caminar a tu lado...

María del Carmen

PD/Que recuerdos más bellos y si se pudieran volver a repetir, sólo por la emoción que ello conllevaba...

MOMENTOS dijo...

Me encanta tu relato lleno de emociones vividas. Es muy bonito recordar los buenos momentos.
Besos.

Marisa dijo...

Unas vivencias llenas
de ternura.

Besos

Juan dijo...

Ligia

A mí me hubiera encantado también pasar una semanita en Las Carboneras. La gente de campo era muy acogedora y se desvivían para que ustedes lo pasaran lo mejor posible. ¡Que buenos recuerdos les quedan de aquella lejana época!

Un abrazo.

Juan Antonio

marcamar dijo...

¡Qué lindo, Ligia! gracias por compartir esos recuerdos tan emotivos. Las Carboneras, ese lugar entrañable en las montañas de nuestro macizo de Anaga, donde se respira tanta paz.

Alijodos dijo...

Un sitio precioso sin duda...un abrazo Ligia...

♥♥♥ M @ r Y ♥♥♥ dijo...

¡ Una Belleza Ligia¡


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La Gata Coqueta dijo...


Vamos a celebrar el día de la amistad con unos días de adelanto...

Una de nuestras amigas fue quien lo inició hace unos días, y lo continuo con parte de sus regalos.

Más otro que yo he personalizado, pensando en ti, que lo encontrarás al final de los demás, con el que acompaño para que tengas variedad para compartir.

Los obsequios están en Mis caricias del alma, en la entrada subida con fecha de hoy.

Un abrazo de madreselvas que a través del aroma envuelven con ternura los sueños que anidan en los corazones...

María del Carmen

Anónimo dijo...

Mejor, imposible....... huelo las bostas de vaca cuando trillando teníamos que poner corriendo la vacinilla para que la "cagada" no cayera en el trigo.....Qué tiempo tan feliz..............y el de ahora, a pesar de las ausencias. Pero dando gracias a Dios por todo lo que me ha dado.
Bueno, Ligia, ya se que soy una ñoña, pero ¿a qué tu me quieres?.

Anónimo dijo...

Ligia, y continúo......yo veraneé, no sé cuantos años en Las Mercedes, a la altura de la Iglesia.
Mi abuela, sola ante el peligro, con, por lo menos, 7 nietos: ni luz, ni agua.........
Petromas, carburos, cocinilla de destupir......y manguerazo en las patas por las noches......
De comida: sardinas en lata (que se compraban por unidades), aceitunas (que se compraban por cartuchos) y papas, muchas papas..., que no faltaran las papas..ah¡ y también huevos fritos.
Falta garrafal: Bacinilla va con B.- If you say......

La sonrisa de Hiperión dijo...

Siempre estupendas las cosas que nos dejas.
Saludos y buena tarde.

teresa dijo...

Ligia, me ha gustado muchisimo la entrada, cada vez que iba leyendo me gustaba mas.
Yo recuerdo con cariño la capillita de la Virgen. A mi casa tambien la traian y me gustaba echarle las monedas. Me has recordado el sonido de madera al ponerlas.
Un beso muy grande para ti mi querida amiga.

alkerme dijo...

La memoria es una preciosa joya...
Un beso,

Calvarian dijo...

En casa de mi abuela entraba la virgen del Carmen procedente de la vecina de abajo,creo que un día al mes. Recuerdo también una temporada que lo hizo en mi casa, cosas de la matriarca. la verdad es que era una imagen muy bella.
Hay recuerdos bonitos de verdad.
SAludos

Leodegundia dijo...

Yo recuerdo esas capillas portátiles que se pasaban de una casa a otra, lo que no recuerdo es que tuviera una ranura para las monedas.
Con tu relato me hiciste recordar cosas de mi infancia.
Un abrazo

Común dijo...

Hola!!!
Domingo de mañana y tomando unos mates amargo, vengo a compartir con vos algo único, las muñecas de palmeras Caranday….¿quieres conocer a Rosa??, te invito que des una vuelta por el blog y dejes tus huellas en el lugar.
Un abrazo de oso.

La Gata Coqueta dijo...


Gracias por acercarme la calidez de tus palabras en este domingo.

Hasta mañana pues, recordando el afecto que guarda este tu espacio compuesto por la amistad y cordialidad de todos los amig@s que te siguen.

María del Carmen

Ligia dijo...

Muchísimas gracias a todos por las visitas y los comentarios. Abrazos

Cosmo dijo...

Mi padre aún pasa de piso en piso esa capillita de María Auxiliadora por todo el bloque en Salamanca,y la trilla ¡cuántos recuerdos!me gustaba muchísimo subir allí.Besos

unjubilado dijo...

Bonitos recuerdos, evidentemente cada uno recuerda lo que ha vivido.
Abrazos

 
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