30 de octubre de 2010

BURBUJAS


Se colocó la mochila en el pecho, en lugar de hacerlo en la espalda. Pensó que le sería más fácil abrirla para sacar las encuestas que estaba obligado a cumplimentar en un tiempo determinado. Salió a la calle dispuesto a ganar el concurso convocado en Internet. Tenía una hora para llevar a cabo el trabajo. A medida que daba sus primeros pasos, le empezó a faltar el aire, pero siguió, pues el suculento premio que prometían justificaba su esfuerzo. Antes de llegar a la esquina, apenas le respondían las piernas, se estaba ahogando. Le costaba admitir que era un chico burbuja…

21 de octubre de 2010

LA PRUEBA


Sus manos coincidieron durante unos interminables segundos para señalar unos documentos. Jaime la miró de forma atrevida y, sin apartarse, jugó un rato con sus dedos hasta que los entrelazó claramente. Mónica no hizo nada por detenerle cuando él la atrajo para darle un beso en los labios. El corazón empezó a trotar y por un momento, se abandonó a sus sentimientos. Hacía mucho tiempo que su cuerpo no disfrutaba del amor de un hombre, ni siquiera en el aspecto meramente sexual. La boca de Jaime recorrió cada centímetro de su rostro y su cuello, y las caricias se multiplicaron por minutos. De forma consciente, ella dio un rechazo, consiguiendo sólo tropezar con su espalda en la pared.
Había soñado muchas veces con la posibilidad de un encuentro con él, pero… era su jefe, sabía que estaba casado y nunca hasta ese momento había presentido que ella pudiera gustarle.
La abrazaba con fuerza sin apenas darle opción a respirar. Mónica quería seguir aquel juego y al mismo tiempo cortarlo. Quería mantenerse firme y por otro lado, desfallecer en sus brazos. El deseo aumentaba, pero sabía que no era el momento ni el lugar más apropiado.
Como si alguien estuviera escuchando su plegaria, un sonoro golpe en la puerta hizo que Jaime se separara bruscamente de ella. Sus miradas se dirigieron a la vez hacia allí, pero nadie entró en la oficina.
En cuestión de segundos se perdió todo el encanto. Él dio media vuelta y la dejó haciéndose mil preguntas. Mónica se levantó y se dirigió al baño, donde intentó tranquilizarse. El espejo le ofrecía su propia imagen, los ojos brillantes y una sonrisa de satisfacción mezclada con incredulidad. Se refrescó el rostro y después de un rato se dirigió de nuevo a su despacho. El timbre del teléfono la sacó de su ensimismamiento y escuchó la voz de un Jaime desconocido:
- Lo siento, señorita Mónica, no ha superado usted el período de prueba, así que no vamos a renovar su contrato…

(Imagen tomada de la red)

14 de octubre de 2010

Y me pregunté...


Volver a sentir tus ojos posados en mi sonrisa hizo renacer la esperanza. Te encontré sin buscarte, y tu abrazo llenó durante unos instantes el frío que permanece en mi alma desde que se paró el reloj del amor. Hablamos y mientras te contaba mi vida durante estos años, tú escuchabas paciente y revivías mis ansias. Yo acariciaba tus brazos y la memoria recordaba los intensos momentos que una vez compartimos.
Y me pregunté, si esto no es amor ¿qué es?
¿Se puede volver a sentir lo que un día lejano quedó en el aire?
¿Puede renacer el deseo de amar? El deseo de entrega, sin condiciones pero sin expectativas…

6 de octubre de 2010

EL VESTIDO


Ayer, hoy, mañana… Los días se suceden incansables. Trabajar, vivir, pensar, soñar…
Aunque consciente de la realidad, de mi realidad, no puedo evitar de vez en cuando echar la vista atrás.
¿Nostalgia? Tal vez…
¿Recuerdos? Siempre…
Supongo que era la inocencia de mis catorce años. El significado de “luto” no lo entendía todavía y más que una tristeza para mí supuso una alegría.
Me enteré de la muerte de una tía a la que apenas conocía, porque a mi madre le pareció oportuno vestirnos a mi hermana y a mí con un “sutil luto”. Compró una tela blanca con un punteado en negro que, ni por asomo, hacía pensar en el “triste estado” que llevábamos, y como era costurera, no tardó nada en confeccionarnos un traje ajustado que realzaba la cintura.
Me sentaba tan bien cuando me miré al espejo, que mi atrevida ignorancia relacionó la satisfacción de tener vestido nuevo con el luto.
Lo mejor fue cuando me encontré con mi compañera de instituto, a la que le insistía: “Mírame bien ¿no me notas nada?”
Aparte de mi traje nuevo, se mantuvo mucho rato intrigada hasta que le desvelé el enigma: “Me tienes que dar el pésame porque llevo un vestido de luto”…

 
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