22 de marzo de 2010

LA NOTICIA


Apagó el ordenador y las luces, comprobó que todo quedaba en orden en la ya solitaria oficina y se dispuso a emprender el viaje de regreso a casa. Siempre era la primera en llegar a la empresa y la última en salir, aunque después lamentara su propia dedicación a un trabajo que, aparte de rutinario, ni siquiera estaba bien remunerado.
Sonrió acordándose de su antiguo jefe, un caradura impresionante, que siempre llegaba tarde y a la hora de marchar le decía con mucha gracia: “Ya que no fui el primero en llegar, voy a ser el primero en salir”.
El balance de la jornada se reflejaba triste en su rostro, a pesar de que cuando llegó por la mañana estaba contenta e ilusionada con la nueva noticia. No encontró atascos por el camino al trabajo y le pareció que la gente estaba de mejor humor que otros días. Reconoció que era ella la que tenía un ánimo diferente.
Esperó a sus compañeros con la ansiedad propia de la situación que vivía y con ganas de transmitir sus sentimientos a quien quisiera escucharla, como una actriz de teatro en su primera obra. Fueron llegando a cuentagotas, y el silencio matutino pronto dio paso a las risas escandalosas que sonaban en otro de los despachos. Decidió dar un compás de espera a sus deseos de comunicar lo que para ella era una buena nueva, porque presentía que estaban celebrando algo diferente. Durante un rato estuvo atenta a la conversación que mantenían sin adivinar el motivo de las risas de los demás, hasta que supo que una compañera cumplía años ese día. Entonces se hizo partícipe de la alegría conjunta, dejando la suya propia en un rincón de su corazón para evitar acaparar la atención.
Siempre le ocurría lo mismo. Su timidez se convertía asiduamente en cobardía y la vergüenza le impedía decir palabra. El entusiasmo se fue desvaneciendo según transcurría la mañana, y terminó archivándolo igual que los expedientes que se apilaban en una de las mesas. Su falta de decisión dio paso a un resentimiento consigo misma que terminó agriándole el día.
Trabajó con desgana mirando el reloj constantemente, deseosa de que llegara la hora de la salida. Con el mismo alboroto que a la entrada, se fueron despidiendo los compañeros hasta que se quedó sola con la sonrisa de compromiso en el rostro. Respiró profundamente mientras luchaba para que las lágrimas no asomaran a sus ojos. Cogió su abrigo y su bolso y salió a la calle. Una bocanada de aire frío le hizo recordar el motivo de su alegría y le fue devolviendo su verdadera sonrisa.
Se mezcló con la gente que, presurosa e indiferente, quería coger el metro a la hora punta. Un mendigo sucio y con harapos le extendió la mano para pedirle unas monedas. Rebuscó en su pequeña cartera y le ofreció lo que encontró suelto. Recibió a cambio un semblante de agradecimiento que le hizo sentir importante y recompuso su alma durante los escasos metros que la separaban de su casa.
Allí se sintió protegida y a la vez liberada, feliz en el paraíso, y pensó: ¡Mañana les daré la noticia…!

24 despertares:

mariajesusparadela dijo...

Preciosa historia, Ligia. Hay mucha gente que escucha más que habla y siempre deja lo suyo para el día siguiente

lucero dijo...

muy bonito lo q escribistes, pero yo soy de las q dicen no dejes para mañana lo q puedas hacer hoy

besos

lucero dijo...

muy bonito lo q escribistes, pero yo soy de las q dicen no dejes para mañana lo q puedas hacer hoy

besos

bardinda dijo...

Seguro que a mi me hubiera pasado lo mismo, dejaría para el día siguiente la buena noticia.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Ligia, lo bordaste.....me imaginé mil cosas antes de llegar al final......
Pero creo que la "interfecta" debió ser más lanzada, pues me temo que personas así, van posponiendo las cosas y nunca, nunca jamás, ocupan el papel de "protagonista".
Ah¡ y chiquito laja de jefe (con todos mis respetos)

Joaquín Henríquez dijo...

buena entrada
saludos desde chile

Abedugu dijo...

Me imagino su desilusión al quedar su noticia en la sombra por adelantarse la de otra persona, pero si la noticia era buena al menos ella podría celebrarla en su interior.
Bonito escrito.
Un abrazo

La Gata Coqueta dijo...

Yo siempre me gusta dejar para mañana las cosas y no soltarlas a la primera de cambio porque a veces puedem suceder casualidades que favorecen la tardanza.

Un beso

Marí

TriniReina dijo...

Espero que mañana llegue temprano y no deje hablar a nadie hasta que todos hayan escuchado la noticia que a ella le alegra el alma.

Es un texto muy hermoso y que trasmite ternura.
Besos

César Sempere dijo...

Bonita historia Ligia.

Consigues que el lector desee conocer la buena nueva para luego dejar a cada uno que imagine lo que quiera. Confieso que me he quedado con las ganas.

En una cosa no estoy de acuerdo; la timidez, bajo mi punto de vista, nunca es cobardía; Quizá prudencia, quizá falta de seguridad. Prefiero a un tímido que tarde o temprano muestre sus sentimientos, que un bravucón que no tiene nada debajo de su concha. La timidez siempre esconde algo en su interior, y lo bueno bien vale la espera.

Un saludo,

Amig@mi@ dijo...

Tanto lo bueno, como lo malo hay que decirlo cuanto antes.
Al menos yo lo pienso.
;)
Muy buen post.

Norma Ruiz dijo...

preciosa historia Ligia¡
¡como hacer para guardar una noticia tan linda¡ y perder el entusiasmo.
hay que gritar a los 4 vientos, cuando uno está contento¡
besos amiga

laMar dijo...

¡Excelente! escribes genial mi niña. Soy de las que pienso que mejor hoy que mañana, pero reconozco que las circunstancias me pueden casi siempre.
Un abrazo enorme

unjubilado dijo...

Precioso relato, me he sentido reflejado plenamente en él, cuando yo trabajaba.
Saludos

Conciencia Personal dijo...

Amiga:

En las personas menos esperadas, recibimos ramilletes de bondades, de sonrisas, que nos alegran el día. Callar no es tan bueno como hablar...

besos, Monique...

p.d. me encantan los barquitos de papel, me recuerdan mi infancia.

Raquel dijo...

Me ha gustado mucho, Ligia. Me he sentido un poquito identificada con la timidez de la protagonista. Bonito texto. Pero ahora me quedo con la incognita de saber qué noticia quería darle a sus compañeros, ¿continuará?
Un abrazo.

AROBOS dijo...

Una buena historia. Me ha gustado. El personaje, muy de carne y hueso; muy bien descrita su actitud, la de mucha gente que prefiere pasar desapercibida, posponer lo propio.

..NaNy.. dijo...

Hola preciosa historia. hay personas que disfrutan con las alegrias de los demas y se olvida de las sullas. saludos

fgiucich dijo...

Siempre habrá un mañana mejor que el de hoy. Abrazos.

Mª Teresa Alejandra Francesca dijo...

Excelente relato. A veces dejo las cosas para mañana y no me pesa, porque otras por fuguilla lo estropeo todo.

un abrazo, Ligia.

Maite

marcamar dijo...

Ligia: ¿Es autobiográfica la hitoria?
¿Sí? ¡Ya está! Adiviné la buena noticia...¡¡¡ESTÁS EMBARAZADA!!
:))
Ahora en serio, me ha encantado ese final enigmático. Escribes genial, pibita.
Oye, no me voy a inscribir en el curso de Mapfre porque estoy pendiente a viajar a La Gomera. Besos

Albino dijo...

Me quede intrigado con tu noticia que, al final, no aparece. ¿Embarazo?, ¿Cumpleaños? ¿Santo?...Pero la historia es así, y como periodista lo se muy bien. Unas noticias se comen a las otras y en este caso tu fuiste la perdedora de ese dia, pero seguramente la ganadora del siguiente.
Un beso

Ligia dijo...

Muchas gracias a todos por los comentarios. La noticia podría ser cualquiera, un embarazo o una lotería ganada. La cuestión es que siempre hay personas que "hablan más alto que los demás" y algunos optamos por callar...
Abrazos

alkerme dijo...

A veces es mejor callar...

Un beso

 
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