31 de octubre de 2009

AZUL


Fue seleccionando los libros con sumo cuidado. No escogió las historias de espadachines que tantas horas de emoción le habían proporcionado ni los relatos históricos con los que había disfrutado desde que era joven. Ni siquiera buscó entre los muchos ejemplares esparcidos por el suelo las obras selectas de sus autores preferidos. No. Fue entresacando todos y cada uno de los libros cuyo lomo fuera de color azul. Azul, como el cielo. Azul, como el mar. Azul, como sus ojos. Azul, azul.
Los fue colocando uno al lado del otro en las estanterías, formando un extenso panel azul. Cuando terminó, se alejó hasta la puerta de la habitación como si en la corta distancia pudiera apreciar mejor lo que pretendía ver. El cielo y el mar. Y una delgada línea donde convergían. Y allí, en esa línea, se adivinaban unos ojos. Sus ojos. Ojos azules que lo miraban. Ojos azules llenos de amor que lo llamaban.
Se alejó un poco más, hasta la habitación contigua, sin dejar de contemplar aquel azul. Los ojos que amaba. Buscó un sillón y se sentó en él, colocándolo enfrente de la puerta, enfrente de la habitación, enfrente del mar, enfrente del cielo, enfrente de sus ojos, enfrente del Azul.
Y allí se quedó, dudando en responder a la llamada, sin apenas moverse, sin apenas atreverse a desviar su mirada, no fuera a perderla otra vez.
Escuchó el vaivén de las nubes y contempló las olas como se desplazaban por el cielo. Se percató de las grietas que descansaban en el mar y apenas se inmutó con el continuo sonido del abrir y cerrar de ojos en el algodón azul.
La mirada de ella insistía en atraerlo, mientras él se debatía entre los blancos y negros de sus pensamientos.
Pasaron horas y horas. Era presa de la inconsciencia mientras escuchaba voces que gritaban su nombre. Era abatido por el sueño cuando los golpes resonaban en su cabeza. Quería moverse hacia aquel Azul, pero aún le quedaba el hilo de cordura preciso para saber que era un viaje sin retorno.
Pasaron días y días. Se hizo el silencio. Los golpes pararon. Dejó de escuchar su nombre. Se sintió liberado. No le pesaban los huesos ni le crujían las carnes. Se levantó libre y la vorágine del Azul lo absorbió en su hechizo. No percibió nada. Su cuerpo se fue desmadejando poco a poco, al mismo tiempo que se confundía con los ojos amados.
El rojo se integró con el azul formando un charco violeta. Eso fue lo que encontraron cuando lograron abrir la puerta de la locura.

26 de octubre de 2009

SIETES

Cuando Ramón le invitó a que fuera esa tarde al Casino para hacer algo interesante por el pueblo, se mostró algo escéptico. A sus setenta y siete años sólo había oído hablar de vacas y manzanas sidreras. Con ese trabajo había sacado adelante a su familia durante toda la vida, y ya le quedaba poco por hacer.
- No te preocupes, que ya luego te explico –insistió Ramón.
Así que esa tarde, después de acicalarse un poco, caminó el trecho que separaba su casa del Casino para conocer las ideas de Ramón, el Alcalde. Paseó entre los Hórreos que se erguían desde hacía siglos en la Aldea, y esa tarde sintió más que nunca su presencia. Eran construcciones de madera donde guardaban los granos, las cosechas y los productos de la matanza, quedando protegidos de la humedad y los roedores mediante las pilastras sobre las que se levantaban. No concebía el paisaje sin los hórreos y era consciente de que le daban a la aldea un encanto especial.
Cuando llegó al Casino, comprobó que el resto de los vecinos que formaban el pueblo, apenas unos cuarenta habitantes, también estaban citados. Las salas donde otras tardes venía a echar una partida de cartas o de dominó, estaban llenas de ordenadores, colocados uno al lado del otro. El resto de los vecinos estaba tan sorprendido como él, aunque todos esperaban que el Alcalde diera las oportunas explicaciones sin atreverse a formular la primera pregunta.
Ramón explicó que el pueblo era el elegido para rodar la campaña publicitaria del lanzamiento del Windows Siete, un nuevo sistema operativo que requería pocas conexiones y era muy fácil de manejar, incluso para las personas poco acostumbradas en el uso de las nuevas tecnologías. Querían vecinos reales, sin importarles que hubieran tenido o no conocimientos de informática, y el pueblo reunía todas las características.
Aunque él no estaba acostumbrado a esos modernos aparatos y antes de que Ramón terminase sus explicaciones, aceptó formar parte de aquel proyecto. El número siete siempre había marcado su vida. Nació un día siete del séptimo mes en el pueblo asturiano de Sietes y tuvo siete hijos. Ahora, con setenta y siete años, pensaba que ya nada le sorprendería, pero en cuanto oyó el número mágico, supo cuál iba a ser su entretenimiento a partir de ese día.
Y así fue. Aprendió tan rápido y tan fácil que pronto abrió un blog donde iba contando toda su vida y que, claro está, tituló SIETE.


(Aunque supongo no hará falta decirlo, este relato es de ficción y la fotografía tomada de la red)

13 de octubre de 2009

OPINIÓN

No encuentro…
No encuentro ningún tema interesante de qué hablar, de qué opinar…
Y mira que hay donde escoger…
Leo y leo noticias, revistas, blogs, periódicos, y voy descartando los temas uno a uno.
Le pido a mi hija que me sugiera un tema para escribir. ¿Para el blog? –me pregunta. O para lo que sea… Al final me dice que lo haga precisamente sobre la falta de temas. Y aquí estoy…
No sé, podría opinar sobre la austeridad en el Parlamento de Canarias, noticia publicada en el diario de hoy, donde sus señorías tendrán un tope de 70 € en gastos mensuales de móvil. No es mucho, la verdad, pero me ha hecho gracia en general el “plan de ahorro” que tienen previsto.
Aparte de reciclar papel, recortar los viajes oficiales y la asistencia a actos promocionales, dice el periódico que los obsequios se reducirán en estas próximas Navidades. Al parecer, los funcionarios recibieron en las del 2008 una pata de jamón y una botella de vino. No trabajo en el Parlamento, claro, pero de todas formas, puedo prometer y prometo que yo no recibí ni el hueso de la pata ni siquiera una botella vacía…
Me parece bien que se controle el gasto y lo que no es el gasto también, que para eso “estamos en crisis” (o eso dicen). No en vano a mí me controlan cada día la ASISTENCIA al trabajo mediante mi huella dactilar. Eso sí, he oído que este Servicio le supondrá un costo en dos años al Gobierno de Canarias de más de ¡¡tres millones de euros!!...
Pienso que la próxima medida debe ser que controlen el TRABAJO efectivo de cada uno, porque de nada sirve que cumplamos un horario, si luego nos pasamos la mañana consultando en Internet ofertas interesantes o subiendo un post a los blogs…
(Que conste que lo estoy haciendo desde mi casa…)

1 de octubre de 2009

¡Conseguido!


La UNESCO ha declarado el Silbo Gomero Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. En una nota de prensa, ha destacado que se trata de un medio de comunicación casi único en el mundo, que ha subsistido gracias a su utilidad en un entorno que obligaba a cubrir largas distancias para cualquier actividad.
Como ya dije en el post publicado el pasado 19 de junio y que pueden volver a leer pinchando aquí, la orografía de La Gomera se caracteriza por la cantidad de barrancos que tiene, lo que ha condicionado la comunicación y los desplazamientos en la isla. Por ello, el Silbo ha sido el recurso que los gomeros han mantenido durante siglos para comunicarse sin problemas.
Muchas gracias a todos los que apoyaron esta iniciativa y mi enhorabuena para todos los gomeros y en especial para Mari Carmen, que tanto defendió esta propuesta.
Además del silbo, otras expresiones como el tango rioplatense, el Tribunal de Aguas de Valencia y el Consejo de Hombres Buenos de Murcia, así como la caligrafía y el arte de la seda de China, son consideradas desde ayer Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO.
 
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