26 de julio de 2009

Mis días con "LIGIA"

(Este post está relacionado con uno anterior, que puedes volver a leer pinchando AQUÍ )




No me deja en paz. Sólo quiere que esté junto a ella… Yo creo que se pone celosa cuando me acuesto sobre la panza de Alejandro…
Dama, esto. Dama, lo otro... Dama, no ladres... No puede entender que así es como hablo yo... Incitándome continuamente a que coma, a que beba agua, tengo que ponerme en guardia por la mañana para que deje mi rincón en paz. No entiendo por qué insiste tanto en que termine la comida, si a mí me apetece dejar un poco para la tarde. Debería recordar que el resto del día no me vuelve a llenar el Tupperware…, y que el día tiene ¡veinticuatro horas!
Y luego se empeña en que le lleve la pelota veinte veces. Y lo más gracioso es que se la llevo y la vuelve a lanzar… No hay quien la entienda… ¿Quiere la pelota o no la quiere? Porque si no es así, que me deje tranquila y que no me la pida, que con estos calores yo no tengo ganas ni de moverme… Menos mal que siempre tengo agüita para beber, porque hasta la garganta se me seca…
Ahora que tengo el pelo corto, me importa menos que me peine, me dejo hacer. Pero mira que es obstinada… Cuando la veo sacar el cepillo, ya doy un rechazo, se pensará ella que no me duelen los tirones… Ahora menos, porque el otro día me llevó a la peluquería y me cortaron la melena.
Que, por cierto, no me gusta nada que me deje allí una hora “sufriendo torturas”. Aunque luego salga “toda guapita”, como dice ella, y perfumada. Que no, que no me gusta. Yo, antes de llegar a la puerta, ya voy reculando, pero en cuanto me suben a la mesa, ya no puedo hacer nada más que aguantarme y esperar a que vuelva a recogerme…
En fin, cómo se nota que Ligia no tiene ahora otra cosa que hacer que estar pendiente de mí. A veces me da pena de ella, cuando la veo todo el día sola, así que voy y me acuesto en el sillón a su lado para que no crea que la olvido. Entonces me acaricia o me hace cosquillas, y yo la dejo hacer, para que siga pensando que es ella la que me cuida y no al contrario.
Otras veces está muy concentrada en el ordenador. Entonces estoy un rato mirándola fijamente hasta que llamo su atención para que me dé una galletita después de hacer “mis cositas” (como dice ella) en el periódico. Sé que de vez en cuando disimula, y hace como que no me ha visto, pero yo tengo más paciencia que ella y al final la hago levantarse, para que camine de vez en cuando, que también le hace falta…
Ahora, eso sí, en cuanto viene mi dueño a buscarme, salto a la puerta en un periquete y no me despido ni de veinte Ligias que se me pongan delante. Aquí lo paso bien, pero no tanto…


21 de julio de 2009

El váter y el ambientador

Le dice la madre a Jaimito:
- Hijo, esta tarde vamos a casa de una amiga mía, y quiero que te portes muy bien para que vea lo educado que estás. Si tienes ganas de ir al baño, me haces una señal con la mano para que yo me de cuenta…
Cuando llegan a casa de la amiga y están en plena conversación, a Jaimito le entra el deseo inoportuno, así que levanta la mano con suma educación, y la madre, que lo observa, le dice:
- Muy bien hijo, vete al baño.
A lo que Jaimito responde:
- Mamá… y CAGAR también.

Siempre me he imaginado la cara de desespero de la madre, ante la burla interior de su “refinada amiga”.


Ya sé que es muy viejo el chiste, pero me ha venido a la memoria viendo un anuncio en la televisión de una marca de Ambientadores, donde aparece un niño (que se supone está en casa de un amiguito) diciéndole a su madre:
- Mamá, quiero hacer caca…
- Venga, vamos…
- Mamá, quiero hacer caca en el baño de Pablito
- No seas así, mi amor…
- (En tono insistente e insolente) Pero yo voy a hacer caca en el baño de Pablito… (el niño da media vuelta hacia el baño de Pablito y la madre se queda con cara anonadada)

Esa madre debería enseñarle, como la de Jaimito, a levantar la mano para pedir sus necesidades…


Ayer leí el titular siguiente: “Un váter de la estación espacial internacional, roto…”
Y pensé: “Pues que los astronautas se vayan a casa de Pablito, que por lo menos huele bien…”

10 de julio de 2009

ASTRÁGALO



Que no es el “punto G”. Ya lo sé. Pero bueno, es la “cúpula astragalina”. Después de tantos años a mis espaldas, al menos he descubierto que tengo “cúpula astragalina”…
Más de tres meses de baja, no sé cuántas visitas al traumatólogo, radiografías varias, resonancias, sopocientas sesiones de fisioterapia, sin descuidar las citas con la Inspección General de Servicios, para que al final el doctor me suelte un “¡Olvídese, señora, del esguince de tobillo. Eso ya pasó” (¿o no lo habré tenido nunca? –me pregunto yo). “Usted lo que tiene es una lesión en la “cúpula astragalina”.
Manda huevos, que diría un político.
No me cogió de sorpresa, porque yo, al recibir el resultado de la Resonancia que me hicieron en la Clínica, me había puesto a investigar en el Google, antes de llevárselo.
Al menos no me pasó como en otra ocasión hace muchos años, que, como no me atrevía a abrir el sobre que me daba el especialista para llevárselo al médico de cabecera, intenté “leerlo” al trasluz. Sólo acerté a descifrar “…se han encontrado lateraciones…” En aquel tiempo, no tenía Google, ni siquiera ordenador, así que el diccionario (como me enseñó mi padre) era mi libro de cabecera. Como no encontré la palabreja en el diccionario, estuve unos días con la incertidumbre sobre qué enfermedad podría tener. Cuando el médico me dijo que todo estaba bien, cogí el informe y leí lo que estaba escrito a máquina y con errores mecanográficos: “No se han encontrado Alteraciones…”
En el caso actual, aunque intento mantener el buen humor y la tranquilidad, estoy recelosa y a la expectativa del resultado de una nueva resonancia que indique si ha variado “el punto” de la lesión o me tengo que conformar con mi “punto G”.

En fin, saludos a todos... la procesión va por dentro.

1 de julio de 2009

ATURDIDA


Voy a buscar un asiento en el parque. El más solitario, el más apartado. Sí, ese estará bien. Desde aquí puedo ver todo lo que sucede, o casi todo. Esperaré por él. Siempre he sido muy paciente.
Con disimulo miraré el periódico, sin leer sus letras. Sólo escucho las palabras que se mueven a mi alrededor.
Me está entrando sueño. No aparece. Pierdo la noción del tiempo. ¿Cuánto ha caminado el reloj? Media hora, una hora…
Intentaré concentrar mi búsqueda. Si viene, lo hará por aquella esquina, está claro. Justo por donde me ciega el sol. Me coloco las gafas de sol, para poder observar mejor.
Tarda mucho y tengo ganas de dormir. Las pastillas me están haciendo efecto, seguro. No debí tomar tantas. Me cuesta mucho mantener los párpados abiertos y ni siquiera puedo sostener la cabeza. Tengo que estar lúcida para poder hablar con él. Pero tengo frío… y sueño.
Por fin. Ya lo diviso. Viene hacia aquí. Y viene solo. Está muy lejos todavía, pero parece que me sonríe. Ahora una espalda me tapa su visión. Esperaré a que esté más cerca. Me tengo que levantar para que me vea, pero este banco me tiene atrapada.
Sí, me ha visto, y me sonríe… Me abraza. No, no es a mí. Rodean la espalda de otra mujer… Y ella se deja querer. Se cogen de las manos y ríen.
Pero… mírame, estoy aquí. Ven, por favor. No puedo levantarme. Mis pies se anclaron en el asfalto. Gritaré más fuerte. Soy yo. Escúchame…
Pasa de largo ante mi espectro invisible. No me ve, ni me escucha.
Aquí me quedo. Aturdida. Mis ojos, una fuente de mar…
 
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