29 de abril de 2009

Los sábados saben a fresa

Esta noche me quiero acostar pronto, porque mañana es sábado...
Los sábados para mí son mágicos. Mamá nos deja un poco libres en nuestras obligaciones caseras, sólo tenemos que recoger la habitación y poco más.
Me iré a almorzar a casa de mi abuelita. A mi abuelita la empecé a querer hace poco. Cuando me dí cuenta que tenía una abuelita. Mamá no nos había hablado nunca de ella. Ni de mis tías. Mi tía Bárbara, mi tía Laura, mi tío… Todavía no me sé los nombres de todos, pero sí sé que tengo muchos tíos. Aparecieron de un día para otro en mi vida. Creo que mamá tenía algún problema con ellos, y apenas se hablaban.
Mañana, sábado, iré a almorzar a casa de abuelita. Y lo mejor… lo mejor llegará por la tarde. Un helado de fresa… Sólo espero la llegada del carrito de los helados. Sueño con ese momento. ¡Me encantan los helados de fresa!
Lo malo es que la abuelita nos obligará a echarnos la siesta después de comer. Ella sabe que no dormimos o, como siempre nos dice “lo hacemos con un ojo abierto”, pero no importa. Cualquier sacrificio con tal de que después nos compre el helado.
¡Qué bien, mañana es sábado… y los sábados me saben a fresa!

17 de abril de 2009

Mi casa

La cocina era tan pequeña que parecía de juguete. Los platos, los vasos, los cubiertos… todo estaba muy ordenado y a la vista, colgados en la alacena. El cucharón, la espumadera, la coladera…, después de fregar la loza del almuerzo, lo tenía que dejar todo en el mismo orden. Cada día nos repartíamos entre mi hermana y yo la obligación de este trabajo, mientras mi madre se dedicaba a pedalear en la Singer, para poder terminar los vestidos que le habían encargado algunas vecinas con el fin de estrenarlos en las fiestas que se acercaban.
Cuando terminaba de fregar y guardar los cacharros, podía ir a jugar con mis dos hermanos mayores a la sala. También era diminuta, con unos sillones viejos y una mesita cuadrada en el centro. Nosotros la poníamos en una esquina para que hubiera más espacio en el suelo donde sentarnos. Pronto empezaría la sesión de cine.
La puerta de la calle estaba agrietada, y a través de las ranuras entraba el reflejo del sol que proyectaba las imágenes de sombras en el suelo y en la pared. Entonces nos inventábamos las historias.
Si pasaba un burro tirando por un carro, podía ser una película del oeste, con sus caballos y sus diligencias atravesando las extensiones en busca del hogar soñado. Si pasaba algún gato o algún perro, tal vez nos adentrábamos en una película de la selva, con linces o leones que defendían su guarida.
Las sesiones de cine transcurrían cada tarde con la emoción y la intriga sobre qué personajes entrarían de pronto en nuestras vidas. Reiríamos con las historias de los ratones que nunca se dejaban cazar por los gatos o lloraríamos cuando los enamorados se despedían sin aliento después de un abrazo interminable.
Pero mi padre llegó un día a “mi casa” y muy contento, nos dijo que cambiábamos de vivienda. Le habían asignado una nueva en un bloque destinado al personal que trabajaba en el Ayuntamiento. Para nosotros significó el fin de las vespertinas sesiones de cine. Nos trasladamos a una casa tres manzanas más arriba, con la puerta de la calle nueva y bien ajustada. No dejaba pasar los rayos de sol y una cerradura de seguridad evitaba la llegada de Tarzán o de algún vaquero atrevido.
A partir de ahí, nos tuvimos que conformar con el cine de los domingos, el de verdad, el del Teatro Leal, al que, afortunadamente, también podíamos entrar gratis, porque mi padre, pluriempleado, era el que vendía las entradas.

12 de abril de 2009

SEMANA SANTA


Este año, por los motivos que ya conocen, no he podido disfrutar de la Semana Santa de mi ciudad, así que al menos les dejo la imagen que figura en el cartel y en la portada del programa de actos. Corresponde al venerado paso del Señor de la Cañita, como homenaje a su autor, Ezequiel de León, que falleció hace apenas unos meses.
Según cuenta en dicho programa el Historiador del Arte Carlos Rodríguez Morales, la efigie primitiva desapareció en el incendio de la Iglesia de San Agustín, en el año 1964, del que ya les hablé en mis entradas anteriores.
Así mismo, les dejo un poema de la autora Társila Ferrera, que refleja el amor que tenemos muchos laguneros a nuestro crucificado moreno:

Silencio, que pasa el Cristo
¡cuántos siglos en su cara
y cuántas caras distintas,
siglo a siglo, lo acompañan!

9 de abril de 2009

¿Mi futuro? (2)

La historia que conté en la anterior entrada forma parte de una serie de relatos que debo escribir para un curso titulado "Memorias", en el que estoy participando. Por tanto, la historia es verdadera, y se refiere a mi niñez. Ni que decir tiene que las fotos que publiqué al final son también verdaderas, y si pinchan sobre ellas, me pueden ver mejor, e incluso más de uno puede reconocerse entre las personas que asistían en ese momento a la exhibición de Gimnasia, aunque veo difícil que haya alguno entre los que leen este blog, pero todo es posible.
La segunda foto que aparece en el post anterior, se refiere a las ruinas de la Iglesia de San Agustín, en la actualidad. Sí, en la actualidad. Mucha colecta hicimos, pero no sirvió para reconstruir nuestra querida Iglesia, y hoy día, permanece en ruinas tras los muros que quedaron en pie. Solamente se abre una vez al año (hoy precisamente, Jueves Santo, donde los Hermanos Bethlemitas exponen el "Monumento al Santísimo" que ellos confeccionan allí, al aire libre, con permiso del Ayuntamiento).
Según el Obispado, los ingresos obtenidos en aquel entonces con las aportaciones del pueblo sirvieron para terminar un edificio destinado al Seminario (donde se forman los Sacerdotes). Como cada vez hay menos curas y menos seminaristas, o eso creo, este edificio se destina en la actualidad, aparte de Seminario, como Archivo Diocesano, Centro de Estudios Teológicos y otros variados menesteres.
Aquí les dejo una foto (es el edificio que está en primer plano), que acabo de hacer desde una pequeña montaña, San Roque, situada en lo alto de la ciudad donde hay una ermita dedicada a este santo. Ya puestos, y en honor a Alicia y su comentario, incluyo otra foto del lugar desde donde la hice.
Y ¿mi futuro? En el curso me han enseñado que en cualquier historia: "hay que entrar tarde y salir pronto", para mantener el interés del lector. Y eso es lo que hice o intenté en mi escrito, pero como sé que más de uno se ha quedado con la intriga, pues no, mi futuro no fue ser profesora de gimnasia, como yo quería.
Tal como dice mi amiga Anónima en su comentario, eran otros tiempos, y salir de las islas a nuestros padres les parecía algo casi imposible, por los riesgos y por el gasto que suponía, sobre todo en una familia como la mía, donde había seis hijos que alimentar.
Reconozco que siempre quedó la espinita en mi corazón. Quizá por eso me gusta tanto ver las competiciones de gimnasia, el baile o el patinaje. Y quizá por eso me dio mucha satisfacción ver que mi hija practicaba la Gimnasia Rítmica durante su niñez. Mi madre y yo "sufrimos" muchas horas, mientras participaba en las competiciones oficiales (incluso estuvo en Campeonatos de España en Zaragoza y en Mallorca). Curiosamente, tal como comentó Paradela, se licenció en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, antiguo INEF, carrera que no existe en la Universidad de La Laguna, así que tuvo que marchar a la isla de Gran Canaria (por supuesto, la dejamos viajar... y allí está).
En fin, mi futuro ha ido por otro lado, pero eso es otra historia.

4 de abril de 2009

¿Mi futuro?

El olor a quemado inundaba las calles de La Laguna. Nos preguntábamos cómo pudo pasar. Lo que había sido lugar de recogimiento, de paz, de misas de domingo, de reuniones de catequesis, todo estaba calcinado. Por la radio pedían ayuda, y nadie lo dudó. Queríamos ver reconstruida la Iglesia de San Agustín en un abrir y cerrar de ojos.

Aunque éramos un poco vergonzosas, mi hermana y yo nos atrevimos a hacer una colecta. Fuimos recorriendo las tiendas, los bares de la ciudad, y visitamos a todos los vecinos pidiéndoles dinero. Apuntábamos en una lista a todos los que participaban. Algunos no querían dar su nombre y les poníamos un apodo. El más gracioso fue el de un camarero que aportó diez pesetas, todo un dineral en aquellos años, al que denominamos “Echa agua aquí, tú”, porque eso era lo que le estaban pidiendo en aquel momento.
Nuestros ojos se abrían agradecidos a la generosidad de la gente. Pero mi mente también estaba puesta en otro lugar. A los pocos días tenía que actuar en el patio del Instituto, que conectaba con la Iglesia. Mi vida era la gimnasia y Cristina, mi profesora, se encargaba de hacerme soñar. Dudábamos si habría exhibición o no, porque el lugar requería una limpieza a fondo después del incendio, pero al final dieron el visto bueno para que el “espectáculo” comenzara.
Todo estaba preparado, el aro, las mazas, la barra... Mi madre me había terminado afanosa el pantaloncito bombacho y mi recatado traje de tablas para que pudiera actuar, ante los profesores y todos los estudiantes del Instituto. Yo estaba nerviosa al ver tantos ojos atentos a las tablas de gimnasia que iban haciendo mis compañeras.
Cristina se acercó a mí para darme ánimos y me preguntó si había hablado con mis padres. Le dije que sí, pero que esperaba todavía su contestación. Ella me ofreció su ayuda, como hacía siempre, y me habló de la Escuela en Madrid donde tendría que ir a estudiar. Sería la primera vez que viajara en avión, la primera vez que me alejara de mi familia, la primera vez que emprendiera mi camino, tal vez mi futuro como profesora de gimnasia… tal vez...
Cuando me tocó el turno, quizás como un presagio, el humo que todavía envolvía el aire me hizo perder el equilibrio, pero contuve el aliento, apreté el aro fuertemente en mis manos y soñé con el momento de llegar a casa para conocer la decisión de mi padre…

MACHANGOS, MACHANGAS Y VICEVERSA...


Según el Diccionario de Palabras Canarias, MACHANGO significa: Pelele, tonto del culo... Si es sin faltar, entonces se refiere a un muñeco.

En cualquiera de los dos significados se puede encuadrar a los participantes y pretendientes del programa de Tele 5 : "Hombres, mujeres y viceversa". Sin comentarios. El que lo haya visto, me entenderá.

(Perdonen, pero llevo dos semanas de baja por un esguince en un tobillo y con las pocas ganas que tengo de escribir o leer, me paso muchas horas ante la televisión)
 
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