25 de febrero de 2009

LUIS QUINTANA

El mes pasado estuve unos días en Las Palmas y acompañé a mi hija a un concierto de Luis Quintana.
Para los que no lo conocen, les diré que Luis Quintana es un joven cantautor canario del que había escuchado sus discos, pero no había tenido oportunidad de hacerlo en directo. Fue una actuación casi íntima con sus conocidos y seguidores, de la que salí realmente emocionada.
Mi hija lo conoció en la Universidad, cuando ambos estudiaron Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, y me cuenta que siempre se le veía con su guitarra en mano, dejando escuchar su personal voz por cualquier esquina.
Desde el año 2002, en que autoeditó su primer trabajo BURBUJA, con una serie de canciones que a la vez son historias que nos puede suceder a cualquiera de nosotros de forma cotidiana, hasta ahora, no ha parado de trabajar y se ha convertido en uno de los cantantes habituales en los locales de cantautores de toda la geografía nacional.
En el año 2004 ganó el Certamen “Rincón del Autor” organizado por El Corte Inglés y M-80 Radio y grabó en directo su segundo disco BUENA RACHA.
En el último trimestre del año 2006 hizo una gira por México con notable éxito y en el verano del 2007 grabó su tercer disco BESANDO EL AIRE: su trabajo más maduro, valorado por la crítica y el público.
Luis, al que deseo tenga mucho éxito en la gira que acaba de iniciar por diversos puntos de España, y al que agradezco la dedicatoria que me hizo en su último disco, habla en sus canciones de la gente, de los amigos, de la familia, y de los sueños. En definitiva, de VIVIR.
Precisamente VIVIR es el título de una de sus canciones, que a mí me tocó el corazón, y que les dejo hoy aquí para que la escuchen.


19 de febrero de 2009

¡Cómo eres!


¡Cómo eres…!
Los días se tuercen poco a poco
La angustia me lleva a las lágrimas
Las plegarias surgen sin hablar
Y mil preguntas me hacen dudar

¡Cómo eres…!
La alegría en derredor no la veo
Solo pienso en mis heridas
Mis oídos escuchan reproches
Y me siento desvalida

¡Cómo eres…!
Miro hacia atrás como el sabio
Sólo hay miseria y dolor
Mi hermano me da su energía
Y me reconforta el corazón

¡Cómo eres…!
La amiga anónima me consuela
Me tranquiliza y anima mi alma
El agradecimiento sin motivo
Me da aliento y olvido las llagas

¡Cómo eres…!
¿De verdad has escuchado mis rezos?
¿De verdad atiendes mis súplicas?
¿De verdad reparaste en mi dolor?

Eres, eres…
Eres oasis en mi desierto
Eres en mi vida la esperanza
Eres amor en la tristeza
Eres la fe que mueve montañas

¡Dios, cómo eres…!

14 de febrero de 2009

Día de los Enamorados

Mi Alejandro es de las personas que encuentra “la piedra en las lentejas” (si la hay), como diría mi madre…
Por aquí hay un dicho muy sutil y afirmativo que dice que “De La Palma y La Gomera nunca viene cosa buena”. Mi Alejandro es natural de La Palma, ya lo he dicho en alguna ocasión, y puedo confirmar y confirmo que esta es la excepción que confirma la regla. Esto no quiere decir ni mucho menos, que sea un trozo de pan (en todo caso un trozo de pan endurecido por el tiempo, ja, ja).
Llevamos ¿taytantos? años juntos. Las bodas de oro pasaron sin pena ni gloria, y las de plata, si es que llegamos, ya veremos…
Lo conocí siendo yo una chiquilla mientras paseábamos los domingos por las calles de mi Laguna, cuando él había venido a Tenerife para estudiar Magisterio, porque en La Palma, claro está, no hay Universidad.
Era el mayor de cinco hermanos y en aquel entonces (y ahora…) los gastos que conllevaba su estancia aquí, suponía un gran sacrificio para sus padres, que eran agricultores. Él lo compensaba compaginando trabajo y estudios cada vez que podía, para evitar que tuvieran que enviarle dinero. Cuando se iba a su isla en vacaciones, nos escribíamos cartas como los novios de antes, incluyendo corazoncitos y boberías. Al casarnos, hice “machuco y limpio” (esta es una frase que se dice por aquí en el juego del envite, un juego de naipes por si alguno no sabe de qué hablo) con aquellas cartas y no quedó ninguna. Sólo guardo unos recuerdos pequeñitos de su época de servicio militar, y un corazón hecho de madera que un día me regaló.
Mi Alejandro es el típico “manitas” que sabe hacer de todo en la casa, y cree que todos deberíamos saber lo mismo. Yo soy todo lo contrario, si se va la luz, lo más que puedo hacer es buscar una vela y encenderla, pero no se me ocurre ir a ver si es que el interruptor se bajó, ja, ja. Es que me río.
Tenemos ya bien claras (esto se adquiere con el paso de los años) nuestras rutinas en la casa. Él hace el desayuno por la mañana, el almuerzo al mediodía y la cena por la noche, y yo sentada al ordenador o viendo la tele, ja, ja. Noooo, no tanto, no se pasen. Pero tengo que reconocer que es un hombre que siempre me ha ayudado en todos los trabajos de la casa, menos lavar y planchar, pero que si lo pongo, también lo hace, refunfuñando, pero lo hace.
Usa gafas de cerca, como yo, esto también por la edad, pero sin ellas es el primero que ve una motita que se ha quedado atrás, un hilito en la ropa o, como ya dije, una piedra entre las lentejas. Hace ya muchos años protestaba cuando los hijos decían que comprara un ordenador (no veía “la necesidad”), y ahora se pasa las horas (yo diría que más que yo, y eso que no se ha hecho ningún blog) ante él.
Fuma más de lo debido, aunque siempre lo hace en el patio o en la azotea para que la casa no coja olor. Detalles como éste son los que agradezco y valoro. Eso no disminuye mi cabreo cuando me suelta el “Ñoosss”, por algo que no le guste de lo que hago yo.
Y ustedes dirán, bueno, y a qué viene todo esto, hablando de su Alejandro… Pues, todo esto lo cuento porque hoy, según dicen, Día de San Valentín, se celebra el Día de los Enamorados. Ya nosotros (tanto él como yo, que conste), pasamos de estas celebraciones, en todo caso, un Felicidades… un beso… y gracias, a otra cosa, mariposa. Pero en el fondo, no sé qué sería de mí sin él. Si esto no es amor, no sé lo que será.

11 de febrero de 2009

UN LIBRO, UNA PELÍCULA

LA FÓRMULA MATEMÁTICA DEL PROFESOR
(YOKO OGAWA )

Según se lee en la contraportada, la novela “cuenta delicadamente la historia de una madre soltera que entra a trabajar como asistenta en casa de un viejo y huraño profesor de matemáticas”.
Así descrita, no presenta un interés especial, pero si les cuento que el profesor tuvo un accidente de tráfico cuando era joven y se golpeó la cabeza perdiendo la facultad de recordar, la cosa cambia. Y lo más curioso es que sólo es capaz de retener su memoria durante ochenta minutos exactos.
Solamente puede recordar teoremas y fórmulas matemáticas descubiertas por él mismo, y sin embargo, por poner un ejemplo, la asistenta es una perfecta desconocida cada vez que llega a la casa para cumplir con sus obligaciones diarias. Entonces se establece entre ellos una absurda conversación todas las mañanas basada en los números. El código postal, el número que calza o el teléfono que tiene, son las preguntas identificativas que el profesor repite regularmente.
También utiliza papelitos donde apunta los asuntos importantes para compensar su memoria de ochenta minutos, y los sujeta a su chaqueta con imperdibles, ofreciendo una estampa de lo más inusual.
Se establece una relación, yo diría que de ternura, respeto y admiración, entre el profesor, la asistenta doméstica y el hijo de ésta, un niño de diez años, al que el profesor le puso el nombre de Root (raíz), porque su cabeza plana se parecía al signo de la raíz cuadrada.
Para mí, a medida que pasaba las páginas del libro, se iba perdiendo la agilidad que encontré al principio. No tiene desenlace, puesto que en realidad no hay una trama específica, y las tres últimas páginas se desarrollan con demasiada rapidez, proporcionando un final esperado y natural.
Yo debo confesar que me he quedado con las ganas de conocer la “verdadera historia de amor” del profesor, que se deja vislumbrar en algún momento de la obra. Por otro lado, las fórmulas matemáticas y las investigaciones que realiza y las enseñanzas sobre los números primos que explica con sencillez a Root y su madre, fascinarán a cualquiera que le interese esta asignatura.


SIETE ALMAS

Raquel, una paisana que tiene un blog de lo más variado y entretenido: “El desván secreto” , escribió el mes pasado su opinión sobre la película “Siete Almas”. Como suscribo todas y cada una de sus palabras, las expongo a continuación para el que tenga intención de verla, sin desvelar, por supuesto, el final, que es el principio...
Gracias, Raquel.


“Cuando una película comienza de forma tan desconcertante como ésta el espectador espera que en los minutos posteriores la incógnita se resuelva. Pero eso no sucede en “Siete almas”. Ese desconcierto inicial perdura durante buena parte de la cinta. Así, a lo largo de casi una hora van sucediéndose escenas que, al contrario de lo que se podría esperar, incrementan esa primera sensación de confusión.
Para ser justa tengo que decir que la cosa mejora a partir de esos primeros cincuenta minutos, que es cuando la trama va despejándose y proporcionando suficientes pistas para llegar a una conclusión sobre quién es Ben Thomas (Will Smith) y cuáles son sus verdaderas intenciones. Porque lo que está claro es que Ben Thomas tiene un propósito y que va a cumplirlo. Entonces nos damos cuenta de que hemos tenido desde el principio todas las piezas y que el puzzle va armándose solo, hasta los últimos minutos finales en que todo encaja.
En los tiempos que corren, en esta sociedad tan incrédula, seguramente habrá gente que no se crea nada de lo que vea en la cinta. Es difícil valorar una película como ésta, tal vez haya que tener una sensibilidad especial para captar todas sus sutilezas.
Lo que es innegable es que Will Smith hace una interpretación sorprendente y conmovedora.”

9 de febrero de 2009

RETRATOS

Amar a Dios y aborrecer la vida,
buscar el bien y hallar el desengaño,
ser a la envidia y al rencor, extraño
y despreciar la adulación mentida;

tener para la ofensa recibida
pronto perdón y olvido para el daño;
libre y exento de maldad y engaño
llevar la frente por el mundo erguida


José Tabares Bartlett
Poeta tinerfeño (1850-1921)




Cultivo una rosa blanca
en Junio como en Enero,
para el amigo sincero
que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo,
cultivo una rosa blanca.

José Martí
Escritor cubano (1853-1895)



No sé si algún día haré un estudio comparativo de la poesía de estos dos escritores, José Tabares Bartlett, lagunero de adopción, y José Martí, poeta cubano.
Sólo quiero destacar de estos poemas, sobre todo en la última estrofa, la similitud de sentimientos que “retratan” el perfil de sus autores: Nobleza, generosidad, cordialidad, indulgencia y hasta un poco de quijotismo.
Espero les guste.

5 de febrero de 2009

Me duele...


No me duele la espalda, ni la cabeza ni el pie.

No tengo frío, ni hambre ni sed.

Tengo flores en mi jardín y cuadros en las paredes.

Un pájaro enjaulado y una perra que a mi lado duerme.

Un sueldo a final de mes, un marido, dos hijos y todo lo que mi corazón siente.

Y, a pesar de todo… hoy me duele el alma, me duele, me duele.

 
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