28 de octubre de 2008

¡AQUELLAS COMPRAS!


Entre los blogs que leo habitualmente, hay uno que se llama Sinkuenta, donde Alicia, paisana mía, me lleva en cada uno de sus escritos a recordar viejos tiempos.
Muchos de los que por aquí pasean, ya conocerán algunos detalles de ni niñez, porque de vez en cuando mi memoria alcanza a mis palabras, que se desparraman felices en los escritos.
Esta mañana he recordado los años en que mi madre nos mandaba todos los días a comprar a una venta cerquita de casa donde se podía encontrar de todo. En ese entonces no las llamábamos tiendas ni supermercados ni nada por el estilo, mi madre decía “Vete a casa de don Alfredo a comprar algo para hacer el potaje…” Yo cogía la bolsita de tela con aplique y unas cintas que te cortaban las manos, y p’allá que me iba…
Don Alfredo era un hombre barrigón y pachorronudo, que escribía en un papel gris las cuentas de la compra, y a la vez que sumaba con los dedos cada columna, decía “… veintisiete… y llevaríamos dos…”, “… treinta y cuatro… y llevaríamos tres…”, y llamaba a su hijo pequeño con una voz que de seguro al pobre niño le inspiraba temor: “Nestitoooo, venir acáááá”, y allá que iba el pobre Ernesto a ver qué se le ofrecía a su querido padre.
Pues bien, Nestito tenía varios hermanos, pero uno de ellos (el más feo, por cierto) era ya un joven que vivía su época de adolescente pendiente de las chicas que iban a comprar las papas y demás viandas a la venta de su padre.
Se respetaba el turno de llegada sin necesidad de coger un número como ahora, y te atendían cuando te tocaba. Claro está, toda regla tiene su excepción, y a mí siempre me tocaba la excepción, cuando tenía la mala suerte de coincidir en la venta con Carmen Rosa. Yo por aquel entonces tendría unos once o doce años “sin desarrollar”, mientras que Carmen Rosa era una chica algo mayor (“ya desarrollada”, por tanto), que estaba de buen ver, así que el hermano de Nestito no tenía ojos para mí, y aunque yo hubiera llegado antes a la venta, el muy borrego la atendía siempre a ella primero. Yo no era tan espabilada como ahora (es un decir…), y esperaba calladita a que me preguntaran lo que iba a comprar, aunque con un cabreo por dentro que para qué.
Más vergüenza sentía cuando mi madre me mandaba a devolver la carne que había comprado, porque sólo me habían metido “hueso”, o cuando le tenía que decir a don Paco “el tarta” (es que era tartamudo…), otro ventero de allí cerca, que iba a comprar “fiado” hasta fin de mes en que mi padre le pagaría cuando cobrase (también vivíamos tiempos de crisis).
A veces nos reíamos también con esto de las compras que siempre nos tocaba hacer a mi hermana o a mí, porque mi hermano mayor ya se consideraba “mayor” para esas cosas, y los demás eran muy pequeños.
Por ejemplo, el día que sacamos de quicio a mi madre mientras repetíamos constantemente: “Granu, granu ¿qué será granu?”, “Lado, lado ¿qué será lado?” sin parar de reírnos. Cuando eran muchas cosas las que debíamos comprar, apuntábamos en un papel la lista para que no se nos olvidara. Y ese día, aparte de lo demás, había que comprar millo (maíz) y granulado (otro compuesto) para las gallinas que teníamos en casa.
La lista no se hacía en forma de columna, sino en horizontal, una palabra tras otra. Por ejemplo:
Papas que te las ponga chinegua (King Edward) y que no tengan bichos aceite una lata dos kilos de azúcar café caracol manzanas que no estén podridas millo granulado garbanzas judías, etc., etc. … Como no cabía la palabra entera en la misma línea, se partió en dos el “granulado”, pero al leerlo a la hora de comprar, mi hermana y yo no supimos interpretarlo y nos pasamos todo el día con la cantinela del “granu” y el “lado”.

En fin, experiencias que vivimos, y que de seguro no tienen los niños de hoy día, porque se pide la compra a través de Internet y te la llevan a tu casa directamente…
Y ustedes, ¿cómo vivieron su “niñez compradora…”?

22 de octubre de 2008

Bailar bajo la lluvia


(Recibido por correo de mi Anónima preferida. Gracias)

Una mujer muy sabia se despertó una mañana,
se miró al espejo,
Y notó que tenía solamente tres cabellos
en su cabeza.
"Humm" -pensó, "Creo que hoy me voy a
hacer una trenza".
Así lo hizo y paso un día maravilloso.

El siguiente día se despertó,
se miró al espejo .Y vio que tenía solamente
dos cabellos en su cabeza.

"Humm" -dijo,
"Creo que hoy me peinaré de raya en medio"
Así lo hizo y paso un día grandioso.

El siguiente día cuando despertó,
se miró al espejo y notó que solamente le
quedaba un cabello en su cabeza.

"Bueno" -dijo: "ahora me
voy a hacer una cola de caballo".
Así lo hizo y tuvo un día muy, muy divertido.

A la mañana siguiente cuando despertó,
corrió al espejo y enseguida notó que no
le quedaba un sólo cabello en la cabeza.

"¡Qué bien!" -exclamó-
"¡Hoy no voy a tener que peinarme!"

La actitud lo es todo.

La vida no es esperar a que la tormenta pase...

Es aprender a bailar bajo la lluvia


15 de octubre de 2008

D E S A T I N O

Abre con desespero las gavetas de su alma y busca incansable el pasaporte al olvido. Quiere sellarlo una y otra vez de recuerdos, quiere que permanezcan los momentos felices, quiere retornar a la alegría del amor…
Pasan los días planos, sin contenido, sin esencia, pasa la vida sin vida. Cuando llega al límite de sus quebrantos, quiere gritar, mas su garganta no habla. Un último esfuerzo le brinda el poder del llanto, pero no lo escucha quien debe hacerlo. El espejo le devuelve su triste imagen, sus palabras cansadas, su desatino, su falta de cordura.
El fantasma vaga etéreo a su alrededor, intentando reencarnarse en las sábanas que la envuelven, proyectando su perfume en la almohada donde lánguida reposa su atolondrada cabeza, pretendiendo ser la dulce compañía de aquella que un día lejano compartió su vida. Habla y habla lo que no le habló en su aventura, pero ya es tarde… ya vive en otra dimensión inalcanzable. Ya es una sombra invisible, luciérnaga imposible que sueña con ser luz.
El amor que hace tiempo compartieron dejó de existir por la falta de presencia. Cuando él descubra su verdadero camino en la eternidad, ella estará vagando en el desierto de la incomprensión y la desdicha, sin darse cuenta de que, unos pasos más adelante, podría encontrar el oasis de su dolorosa y perdida pasión.

14 de octubre de 2008

El Teatro Leal ya es Real...

(Publicado en el Periódico Digital "Lo que pasa en Tenerife")

Tras la apertura, tocaba una inauguración. El Teatro Leal de La Laguna, después de reabrir sus puertas el pasado 18 de septiembre, recibió este martes a los Príncipes de Asturias, don Felipe y doña Letizia, que hicieron los honores. Allí descubrieron una placa conmemorativa, visitaron todas las estancias y, saliéndose del protocolo establecido, saludaron a buena parte de los ciudadanos que se congregaron en el exterior del teatro para recibirlos.

Bajo un sol que rajaba las piedras, la gente esperó el tiempo que los príncipes permanecieron dentro (alrededor de una hora) para verlos también salir, echando mano de las banderas que el Ayuntamiento de La Laguna repartió al inicio del acto y usándolas como parasoles. La calle Carrera estaba atestada de personas, calculadamente alejadas de la zona de recepción por una larga hilera de vallas. De hecho, las medidas de seguridad, como suele suceder en este tipo de actos, eran extremas: a muchos les hicieron abrir sus bolsos y mochilas desde que se acercaban a la manzana del teatro, mientras que otros con menos suerte fueron expulsados por las fuerzas de seguridad sin motivo aparente.

Como era de esperar, en la inauguración estuvo presente la clase política regional, presidentes del Gobierno y Cabildo incluidos, y un surtido grupo de invitados. Paulino Rivero acudió acompañado por su mujer, Ángeles Mena. También estuvo la alcaldesa lagunera, Ana Oramas, el ex alcalde Elfidio Alonso y algún que otro concejal de la oposición. Doña Letizia vino al Leal vestida con un vestido beige y zapatos marrones de altísimo tacón, mientras que don Felipe se decantó por un discreto traje gris.

Ambos recorrieron la calle, arriba y abajo, para saludar a los curiosos que se agolpaban contra las vallas. Y estos les respondieron con halagos ("¡Qué guapa estás, Letizia!", "¡Vivan los príncipes!", entre otros) y con numerosas muestras de afecto. Eso sí, todos con un móvil o cámara en la mano intentando capturar una instantánea de la visita real. Hasta el personal del Hotel Aguere, situado justo enfrente, se permitió el lujo de descansar por unos minutos para hacer una foto. A noveleros no nos gana nadie.

10 de octubre de 2008

PERIÓDICOS

Leer los titulares de las noticias de los periódicos cada día supone un ejercicio mental que nos puede llevar a la carcajada más sonora, a la tristeza más absoluta o al desconcierto más perplejo.
Ejemplos:

- El SCS acepta mantener los privilegios laborales del HUC
¡Ahh! ¡Se siente!... El que no sabe lo que significan las siglas, que se fastidie.
Sigo…

- El mejor queso del mundo pide auxilio…
¡Por Dios! ¿Qué le pasa al pobre queso? ¡Ah! La Cooperativa que lo produce afronta una crisis económica que pone en duda su viabilidad. ¡Amigo! Crisis económica afrontamos muchos…
Continúo…

- Definitivamente, “miembras” no existe…
El Diario del Congreso suprime intencionadamente esa palabra del Acta oficial de la comparecencia de la Ministra Aido al Congreso. ¡Hombre! Después del jugo que le han sacado a la noticia, me parece correcta la decisión.

- Los presidentes abogan por una fiesta….
¡Hala! El mundo en crisis y los presidentes de fiesta… A ver… Bueno, los presidentes de dos equipos de baloncesto locales que se van a enfrentar en un partido piden tranquilidad para los aficionados. ¡Eso es otra cosa!


- Prohibidos los hombres-anuncio en Madrid…
O sea, es decir, que van a prohibir a Nadal, a Gasol y a Francisco Rivera hacer publicidad… ¡Qué va! Son los hombres que llevan carteles colgados en su cuerpo, y que según el equipo de gobierno de Gallardón, este tipo de publicidad es indigno para la persona…

Me río yo de los peces de colores…

7 de octubre de 2008

TÍO PEPOTE

Reconozco que últimamente estoy un poco nostálgica, o melancólica, o yo qué sé cómo. Y me vienen a la memoria situaciones o vivencias de mi niñez. El otro día leí en el blog de Astrágalo que “nunca hay que abandonar el niño que llevamos dentro”. Y recordé al “Tío Pepote”.
No sé cuántos años tendría, y como todos los niños, supongo, era muy inocente. Mis padres tenían una enorme radio (todavía no había llegado la televisión), y para mí era todo un misterio cómo podían salir voces de aquel aparato. Los jueves por la tarde se emitía un programa dedicado a los niños que se llamaba “Tío Pepote”, así que mis hermanos mayores y yo, antes de que empezara, nos sentábamos en el suelo alrededor de la radio para escucharlo. Nos contaba cuentos, cantaba canciones infantiles y, en un momento dado nos regalaba caramelos. Sí, caramelos. Yo no sé cómo lo hacía, pero cuando nos decía que miráramos detrás de la radio, allí estaban los caramelos.
Mi asombro era mayúsculo al ver colocados los caramelos de colores en la mesita, sobre un pañito de ganchillo que había hecho mi madre para proteger la madera.
Nunca entendí cómo nos enviaban los caramelos a través de las ondas, y nunca supe entender el sospechoso afán de mi madre por limpiar el polvo de la mesita mientras nosotros escuchábamos al “Tío Pepote”.
Y, ahora que lo pienso, voy a mirar detrás del ordenador a ver si alguien me dejó algún caramelito que me endulce el día…

2 de octubre de 2008

ACTORES, AMORES...


Creo que he contado alguna que otra vez mi afición al cine desde que era pequeña. Tenía una colección de carteles de mano, “programas” les llamábamos, de cada película que proyectaban en el Teatro Leal, porque mi padre era el que vendía las entradas y me guardaba siempre uno, aparte de los que fui recogiendo cuando, un poco mayor, empecé a ir a los otros cines que existían en La Laguna, Cine Coliseum, Cine Parque Victoria o Cine Dácil y que hoy día ya desaparecieron incomprensiblemente.
Ahora sólo tenemos la posibilidad de ir a un Cine en el Centro Comercial Alcampo, eso sí, con no sé cuántas salas, o irnos “a la capital” que tiene una oferta mayor.
Lo de los programitas creo que tampoco existen, aunque mi colección dejó de serlo un día en que mi madre decidió o me convenció para que yo lo decidiera (eso no lo tengo muy claro), que aquella cantidad de papelitos sin orden ni concierto no servían para nada. En fin…
Mi hermana y yo nos “adjudicábamos” la personalidad de las actrices, y recuerdo que una de las que “me adueñé” era Romy Schneider, seguramente por el personaje fascinante que interpretaba como la Emperatriz Sissi.
Cuando ya empezamos a “soñar” con actores, fueron muchos los que atraían nuestra atención: Harrison Ford, Robert Redford, Sean Connery, Anthony Hopkins y Clint Eastwood entre otros.
Hace unos años, y visto y comprobado que mis “sueños” (los podía llamar fantasía sexual… amores platónicos…) se iban a quedar sólo como “sueños”, me enamoré de Kevin Costner. Mi hija me regaló una postal que guardo en una gaveta de mi dormitorio, y su amiga Tere me decoró un portalápices con varias fotos suyas. Tanto me gustaba…
Más recientemente, me he vuelto a enamorar, esta vez de Richard Gere y George Clooney. No lo puedo evitar ¿qué voy a hacer?
El tiempo pasa y ahora me conformo con mirar sus fotos. Cada día, al llegar a casa y bajarme del coche, en una pared del garaje los tengo colocados a los tres. Me miran con una dulzura y una sonrisa socarrona que me alegran la tarde.
Y para que mi Alejandro no se ponga celoso, le coloqué a la Julia Roberts al lado. No se podrá quejar.
Amores… Actores…

1 de octubre de 2008

SONIDOS - PALABRAS


En sus oídos resuena el batir de los dados dentro del cubilete. Una mano certera los lanza a la superficie verde de la mesa. Rueda uno tras otro golpeando suavemente los bordes del rectángulo mientras se apagan las gargantas en una plegaria conjunta. Unos segundos de esperanza para que la danza termine con una disposición favorable de premio…
Así derrama al aire las letras que bullen en su cabeza una y otra vez, deseando que se formen las palabras más preciosas que nunca ha sabido expresar, las palabras precisas para romper los silencios y conseguir el despertar del amado, la letanía callada que desde hace años guarda en su mirada…
 
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