24 de septiembre de 2008

COMETAS EN EL CIELO



A mí el título de las películas me dice mucho, y si me gusta, pienso que también me va a gustar el contenido. En este caso, no me equivoqué.
“Cometas en el cielo” es la historia de Amir, un escritor que después de 20 años viviendo en Estados Unidos debe volver a su país, Afganistán, a pesar del peligro que supone el implacable gobierno de los talibanes, para enfrentarse con los oscuros secretos de su pasado y para encontrar una segunda oportunidad en su deseo de reparar el daño que hizo entonces.
Amir va rememorando su niñez con su amigo Hassan, hijo de un sirviente de su padre, en un país dividido al borde de la guerra civil.
Me llamó la atención un cuento que Amir lee a Hassan, sobre un hombre que lloraba por su extrema pobreza cuando encontró una copa mágica, donde las lágrimas que caían se convertían en perlas. No les voy a contar de qué forma conseguía llorar para poder enriquecerse, pero les aseguro que no era partiendo cebollas.
Hay algunas imágenes que impactan en la película, pero yo me quedo con la de las cometas que se cruzan en el azul intenso del cielo de Kabul mientras los niños participan en un torneo infantil.
La recomiendo.

19 de septiembre de 2008

EN EL PARQUE

Todos los días hacía el mismo recorrido hasta aquel parque. Llegaba a la plaza, cruzaba el caminito de tierra, se encontraba con la fuente, uno, dos, en el tercer banco se sentaba a la misma hora. Y esperaba… No sabía bien qué, pero esperaba.
Hoy se retrasaban las dos señoras que pasaban cada día con el carrito de la compra hacia el mercado. ¡Ah, no! Ya las veía a lo lejos, charlando animadamente, con paso lento pero seguro, sin atender a otra cosa que su propia conversación.
A los pocos minutos cruzaba el señor que paseaba al perro. O ¿era el perro el que paseaba al señor?
Hacía tiempo que no encontraba a la joven embarazada que también acostumbraba caminar por aquel lugar. Últimamente la veía muchas veces sentada en el segundo banco, con sus pies hinchados y los ojos brillantes, leyendo revistas cuya portada ocupaban lindos rostros de bebés. Tal vez su hijo ya hubiera nacido y le ocupara todo su tiempo.
De vez en cuando pasaba algún grupo “organizado” que, indiferente, seguía su camino sin mirarle. Lo mismo podía estar integrado por jóvenes ruidosos que iban riendo sin aparente motivo, que por extranjeros con la cámara de fotos en mano dispuestos a sacar la preciada instantánea de recuerdo.
Las palomas revoloteaban a sus pies en busca de algo de comida. Si una levantaba el vuelo, las demás la seguían, y si la más afortunada encontraba algunas miguitas de pan en el suelo, allá iban todas a conseguir algún bocado.
El incansable ruido de la fuente se integraba en el paisaje y el canto de algún mirlo destacaba entre el murmullo de las hojas que se movían en los árboles. Como cada día, alzaba su rostro intentando encontrarlo entre las ramas, y aunque sus ojos se movían rápido, nunca acertaba a dar con él.
El ruido ensordecedor de una moto desvió su atención por unos momentos, pero enseguida volvió la calma.
Se olvidó del mirlo, de la embarazada y hasta del señor del perro. Siguió sentado en el tercer banco del parque. Como cada día, esperaba… No sabía bien qué, pero esperaba.

15 de septiembre de 2008

TEATRO LEAL (La Laguna)

El 7 de mayo de 2007, publiqué en este blog un post dedicado al Teatro Leal, donde reflexionaba sobre los sentimientos que me producía este lugar en mi lejana niñez, y los recuerdos que bullían en mi cabeza, porque en aquella fecha se decía que iba a abrir sus puertas, después de mucho tiempo cerrado por “obras”.
Ha tenido que pasar otro año más hasta que, según parece, el próximo día 18 de septiembre, coincidiendo con las fiestas del Cristo, el Teatro Leal de La Laguna por fin inicie su nueva andadura cultural en esta ciudad Patrimonio de la Humanidad. La inauguración oficial se hará en el mes de octubre y asistirán los Príncipes de Asturias.
El Teatro Leal, ubicado en la Calle Carrera (eje principal de la ciudad), se levantó entre 1912 y 1915 por orden de Antonio Leal con diseño del arquitecto Antonio Pintor. El edificio tiene una fachada renacentista ornamentada con elementos vegetales y animales y en su interior, destacan las pinturas del patio de butacas y los lienzos de los anfiteatros. A lo largo de su historia, el Teatro Leal ha desempeñado un papel “crucial” en la vida cultural de la ciudad de La Laguna y de Tenerife.
Fue la sede de las primeras proyecciones cinematográficas realizadas en La Laguna en las primeras décadas del siglo XX, y acogió numerosos espectáculos, tales como juegos florales, conciertos musicales, bailes de carnaval o representaciones teatrales, pasando por su escenario destacados artistas.
Por una serie de problemas en la cubierta del Teatro, cerró sus puertas en el año 1990. No hubo pronta respuesta de la Administración ni tampoco dinero para la rehabilitación, con lo que la ciudad se ha sumido durante casi veinte años en una inactividad cultural a la que los laguneros hemos asistido impotentes y resignados a la vez.La semana pasada se llevaron a cabo unas Jornadas de Puertas Abiertas, para que pudiéramos visitar, sin pagar, el Teatro renovado. Y yo, sin dudarlo, me apunté. Pero claro, muchísima gente se apuntó también, con lo que tuvieron que repartir números (como en el Supermercado) para poder entrar. La visita, guiada por una señorita que trabaja en Patrimonio del Ayuntamiento, duró quince minutos, después de una espera de dos horas.
Las pinturas del techo y del patio de butacas, obra del pintor López Ruiz fueron restauradas por el Instituto de Restauración de la Universidad Politécnica de Valencia, mediante un convenio de colaboración entre el Ayuntamiento de La Laguna y el Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio CICOP.
Pudimos ver la parte nueva que, según nos dijo, debe existir en toda obra de Restauración, con materiales totalmente distintos para que se aprecie la diferencia, y que en este caso es una especie de cúpula en lo más alto del Teatro que servirá como Salón de Actos o Sala de Ensayo.
Llegamos a la cúpula a través de una Escalera Imperial, y desde allí pudimos apreciar los tejados antiguos del Casco Histórico de La Laguna.
No pudimos ver “las bambalinas” del escenario, que me hubiera gustado mucho, ni la nueva zona de camerinos ubicada en la Casa Porlier, un edificio del siglo XVII anexo al Teatro, adquirido por el Ayuntamiento, al que se puede acceder desde la Cúpula.
Tengo que decir que el Teatro está precioso y más luminoso de lo que lo recordaba, pero la sorpresa que me llevé es que no hay Taquilla. La taquilla de venta de entradas donde mi padre tantos años trabajó, no existe. Cuando le pregunté a la señorita-guía acerca de su ubicación, realmente lo desconocía y en todo caso, me dijo señalando una mesa y una silla, sea ahí donde probablemente se vendan las entradas, aparte de las Ventas por Internet, tan en boga.
No sé explicar la sensación que tuve en esa visita. Al mismo tiempo que se me venían a la mente las imágenes de cuando era niña, esas que detallé en el post del que les hablé al principio, sentía que ya el Teatro “no era mío”.
No podré ir contando las butacas y corriendo por ellas como si fuera un laberinto, no estaré acompañando a mi padre en aquel cuartito con dos ventanitas por donde llegaban miles de caras a comprar las entradas para el cine, no iré a comprar chucherías a la cantina de Manolo, ni don Antonio Melgarejo o don Pancho nos dejará pasar por su bien guardada Portería.
Y no me encontraré los domingos por la mañana, a la salida de la misa de las once, con aquel chico que tocaba un piano que estaba colocado al pie del escenario, y que a mi hermana y a mí nos parecía que tocaba como los ángeles.
En fin, que volveré al Teatro Leal a ver cualquier función como puedo ir al Auditorio o al Teatro Guimerá en Santa Cruz, pero ya no será lo mismo.

12 de septiembre de 2008

DOS CAMINOS



Se prometían una tarde feliz cuando decidieron pasarla juntos. Hicieron los preparativos, cada uno por su lado, y guardaron en sus mochilas unos cuantos recuerdos que comentar, algunas alegrías que compartir y no pocas emociones por vivir.
A la hora convenida se encontraron e iniciaron su caminar. Sin adivinar el detonante, aparecieron en la memoria momentos aciagos y silencios escupidos. El aire se rompió con tijeras de podar y la rabia contenida impedía a los dos pares de ojos vislumbrar el horizonte.
El ansia por hablar dio paso al mutismo desconsolado, y la agria despedida sólo sirvió para aumentar el dolor y la distancia.

7 de septiembre de 2008

Un poco de música

Hoy les invito a disfrutar de un poco de música. Es el Adagio de Albinoni





La verdad es que no sé mucho de este compositor italiano del barroco, pero me gustó hace tantísimos años cuando escuché una canción titulada "Adiós a la tristeza" interpretada por Dyango, sobre la base armónica del Adagio.





Y me llegó totalmente al corazón cuando hace seis años me cautivó Rosa López al escucharla cantando "Ausencia", con distinta letra en la canción y la misma música de Albinoni.







Hay una gran diferencia, pero para gustos se hicieron colores. ¿Qué opinan?



(Espero que se oiga sin dificultad porque es la primera vez que inserto música en el blog, aunque al final tuve que recurrir a la ayuda de mi hijo. Si pinchan en los enlaces, se abre una página nueva con la información ¡cosas de la Internet!)

3 de septiembre de 2008

DOÑA PERFECTA

Eres doña perfecta. Tienes una privilegiada memoria, que sólo te sirve para repetir una y otra vez estúpidos momentos de tu estúpida vida.
Vas a la peluquería todas las semanas, al gimnasio todos los días y te retocas el maquillaje a todas horas, lo que te sirve para tapar tus impurezas, para presumir de apariencia y para ocultar tu edad.
Vas a misa todos los domingos y fiestas de guardar, lo que te sirve para autoconvencerte de tu falsa bondad y de que gozas del falso reconocimiento de los demás.
No escuchas a nadie de los que tienes a tu alrededor, porque sólo reconoces tu propia voz.
Celebras tus éxitos a voz en grito, pero nunca felicitas a los demás por los suyos.
Restas importancia a tus fracasos, mientras dejas al descubierto los de los demás.
Si tengo una herida, la tuya es mayor; si siento nostalgia, tú sientes el doble, y si compro barato, tú llegaste antes a la mejor oferta.
Tu marido te quiere más, tus hijos son más inteligentes, tu trabajo es insuperable y vives en un idílico país.
Eres doña perfecta. O eso te crees.
 
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