27 de julio de 2008

La espera


Confundido entre caracolas que llegan a la orilla,
se oye el lamento que un día lanzó al mar profundo,
las redes atraparon sin piedad su amor perdido.

Tejiendo nostalgias vive la angustia de la arribada,
incrédula todavía ante su dolor.
Dulce savia en su cuerpo y en su alma grabada una plegaria.

Promesas de amor a la hora de la despedida,
una estrella de mar dibujada en la arena,
que ella guardó como un tesoro en la noche ardiente.

Los deseos escapados de sus manos,
la alborada transformó en cenizas, renuncia a sentimientos
lejanos que fue ocultando en las arenas movedizas

El tiempo todo lo borra ¡eso dicen!
El dolor de las horas esperadas
Se convirtió en la paz de las noches embrujadas.

17 de julio de 2008

La romería


El segundo domingo del mes de Julio se celebra en mi ciudad, La Laguna, la Romería de San Benito. Cuenta la tradición que el Santo escuchó los ruegos de los agricultores que sufrían una pertinaz sequía, enviando una beneficiosa lluvia a los campos, y desde entonces decidieron sacarlo una vez al año en romería.
Al santo acompañan los grupos folklóricos ataviados con el traje típico, que van bailando en su honor a lo largo de todo el recorrido. Los agricultores sacan sus rebaños de ovejas y cabras y la gente se monta en “carretas” engalanadas que van tiradas por los bueyes.
Es tradición también que los que van subidos en dichas carretas inviten a los que observamos el paso de la romería, con algo de la comida que llevan.
El año pasado por estas fechas (el 12 de julio concretamente, por si les apetece leerlo) escribí un post sobre este mismo tema e hice una promesa.
Ya he dicho algunas veces que si prometo algo, procuro cumplirlo,así que ni corta ni perezosa, el domingo cogí mi tupperware y lo llené de fruta, compré un pan que unté con un magnífico chorizo de Teror, le encargué a mi Alejandro un poco de gofio amasado, y con mis dos hermanas me fui a la Romería de San Benito.
Como todos los años, el inicio se hizo esperar, los entrometidos que pasaban continuamente por donde estaba, para cruzar la calle no faltaron, los caraduras que se te ponen delante aunque lleguen a última hora tampoco, y la falta de organización se hizo patente para mi gusto por el largo espacio que iban dejando entre carreta y carreta, por lo que una romería que podría tardar una hora y media, se convirtió en cerca de cuatro horas de cansancio y calor.
De todas formas, y aunque yo estaba tranquila porque tenía “la comida” asegurada, este año tuvimos más suerte y alcanzamos un par de huevos duros, unos plátanos, vasos de vino y hasta un trozo de carne. Todo ello, claro está, gracias a la “insistencia insistente” de una de mis hermanas a la que no le importaba caminar un tramo detrás de la carreta hasta conseguir que le dieran algo. Yo para eso soy más cortada y prefiero pasar del tema.
Pero como la felicidad dicen que nunca es completa, no reparé en el “solajero” que estaba haciendo en pleno mediodía, y a pesar de que iba resguardada bajo una gorrita, se me quedó un “moreno obrero” que más bien es un “quemado obrero” para el que todavía me estoy aplicando el Aftersun correspondiente.
En fin, que para el año que viene, si Dios quiere, tendré que añadir, aparte de la comida, la gorra y el abanico, el protector solar para evitar las quemaduras. ¿O será mejor llevar un paraguas por si llueve…? ¡Quién sabe!

13 de julio de 2008

Empapada de olvido

Tus gritos pasean por el mar de la vida y parten los trenes de la estación sin escuchar tus lamentos. Los caballos desbocados de tu corazón buscan incesantes una razón de ser, una meta delirante.
Caminas sin rumbo, invisible a los ojos ajenos y deseosa de ampararte en una nube de algodón. Sin encontrar un objetivo que te conforte, transcurren los días instigando tu cuerpo a la desolación.
Exhortas ánimos de consuelo, suplicas con ardor fervientes miradas, y sólo hallas un campo de indiferencia y abandono.
Pretendes revivir días afortunados, historias felices que serenaron tu energía. Deseas sentir nuevamente el calor de un abrazo, la voz amiga.
Te perdiste un día en el camino que conduce a la nada. Extraviaste tu destino que augurabas espléndido. Terminó tu radiante y colorida juventud.
Caminas entre seres afligidos que comparten tu llanto, que buscan, como tú, el espíritu risueño de un tiempo lejano que hizo brillar sus días.
Vagas incansable por las calles, empapada de olvido.

7 de julio de 2008

Minifalda

La primera vez que me puse pantalones me eché a temblar con la reacción de mi padre. Ahora que lo pienso me da risa, pero en aquel entonces, cuando mi padre levantaba la vista y nos miraba, lo decía todo. Y ese todo, demostraba disgusto. Pero ya por aquellos años, mi madre había despertado de su doloroso letargo y no permitió ningún comentario. Incluso ella se atrevió, un tiempo después, a enfundarse unos pantalones demostrando lo moderna que era en el fondo.
Con la minifalda también me pasó igual, aunque aquello de minifalda tenía poco, porque apenas subía un par de centímetros por encima de las rodillas. Yo estaba muy orgullosa de enseñarlas y no me importó el comentario malicioso de una compañera de colegio que un día me soltó con desparpajo: “O compras tela o vendes piernas”. Me quedé un rato descifrando aquella frase y no supe qué contestarle. Seguramente su padre, si es que lo tenía, no le dejaba ponerse minifalda…
Yo creía que aquellos tiempos habían pasado, pero me he sorprendido leyendo que algún instituto de Zaragoza recoge en su Reglamento unas normas por las que las faldas minúsculas están vetadas para las chicas y los pantalones por encima de las rodillas para los chicos, y que de no cumplir con dichas normas, los jóvenes son sancionados oportunamente.
Hace unos días también salió una noticia referida al código indumentario para las mujeres que asisten a las célebres carreras de caballos que se celebran anualmente en Ascot (Inglaterra). En nombre de Su Majestad Isabel II, no se permite la entrada a ninguna mujer cuya falda no llegue como mínimo hasta cinco centímetros por encima de la rodilla, más o menos como las minifaldas que yo usaba hace muchísimos años. Lo más gracioso es que se recuerda a las invitadas que deben “llevar” bragas, pero no enseñarlas en público…
En fin, que hay muchas cosas que no cambian aunque pase el tiempo…

2 de julio de 2008

Blogs


Mi vida es anónima...
Con vehemencia transcurre, entre pequeñeces y sentires.
Desde el andén observo rebelde, eterna ilusa, la naturaleza maravillosa que me rodea.
Pienso, luego escribo, y soñando que sueño hago un punto y aparte en mi vida y con las alas de mi libertad busco en mi cajón secreto las mutuas palabras que nos hemos dirigido.
A media luz y con una avalancha de emociones en mi cuerpo, camino por senderos intrincados hasta que consiga llegar a tu bosque del alma.
El brillo del lucero despierta mis sueños basados en hechos reales y al son de unos tacones, comienzo una osada aventura. Temerosa, inicio mis pasos hacia mi colina de sueños.
Las letras dormidas, que saltan como un gato, y la pintura y poesía, formando una tesela rosa, se encuentran en la noche del alma.
Mis creaciones se interrumpen con el espacio de un latido, y unas voces en el viento me llevan al Tea Cup Club. Allí escucho la voz de Jomaji y de un padre de familia, que me dicen ¡Look closer! Me fijo bien donde estoy y observo que es la zona libre del secretario. El Jubilado me señala la línea de flotación, y como un navegante del mar de papel, consigo llegar al rincón de Leo, persiguiendo una música de blues.
No sé si estoy en Soria, casi verde, o en Pontevedra, ciudad olvidada.
De lo que sí estoy segura es que, en mi bello abril, muy dentro de adentro, seguiré aprendiendo a vivir, seguiré buscando mi sitio y, como la vida misma, lograré que mis vivencias me deparen historias escritas con pluma que llenarán con gotitas de mi alma tus dulces despertares.
 
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