30 de mayo de 2008

Archipiélago...

Según la RAE, Archipiélago es un conjunto de islas agrupadas en una zona más o menos extensa de mar.
Hoy celebramos por estas tierras el "Día de Canarias". Aunque sea una vez al año dejamos aparcadas las diferencias entre los propios isleños para cantar juntos el "Vivo...".
El Gobierno de Canarias emitió este corto video que acompaño. Yo aprovecharé este fin de semana largo, precisamente para descansar en la isla hermana, donde vive mi hija, no sin antes felicitar a Alimontero por su cumpleaños:Que lo pases muy bien, Ali y recibe un abrazo desde esta otra parte del mundo.

25 de mayo de 2008

El paseo

Se sentó en un banco del parque al que llegaban los alegres rayos de sol, inapropiados para la estación en que se encontraba. Llevaba puestas las cómodas zapatillas que su hija le había comprado, la gorra que le cubría su anciana calva y una bufanda de lana que le protegía la garganta del frío invernal.
No soltaba el bastón de su mano, el bastón que le hacía sentirse seguro en sus diarios paseos. De vez en cuando miraba el reloj, cuyos punteros veía todavía sin necesidad de gafas, para controlar la hora a la que debía regresar a casa. No quería ver a su yerno molesto por la espera si llegaba tarde a almorzar.
Los que pasaban por allí habitualmente ya lo conocían, y le saludaban con afecto, con palmadas en la espalda y deteniéndose breves momentos para intercambiar unas palabras.
Toda su vida la había vivido en aquel barrio, y cuando se quedó viudo, su hija y su yerno, con sus cuatro nietos, fueron a vivir a su casa con el pretexto de hacerle compañía, aunque la realidad era que no tenían otro sitio a donde ir. Con el paso del tiempo, se cambiaron las tornas, y parecía que era él quien estaba viviendo de prestado en su propia casa.
Al poco tiempo de estar sentado en el banco llegó su hija, que tenía por costumbre ir al supermercado cercano. Se detuvo apenas un momento y en un tono recriminatorio, le dijo:
-No tardes en volver a casa, papá, que ya voy a preparar la comida.
La miró a los ojos y adivinó un nerviosismo al que no se terminaba de acostumbrar, y que él achacaba a la inseguridad que día tras día vivía su hija al lado de un marido alcohólico.
El asintió, y siguiéndola con la mirada, recordó otros tiempos más felices cuando de niña también venía al mismo banco del parque donde él charlaba con unos amigos todas las tardes, para decirle en tono cariñoso:
-Mamá dice que ya vamos a cenar…
Esperó unos minutos más sumido en sus recuerdos, recibiendo los rayos de sol en la cara, antes de decidirse a emprender el camino de vuelta a la que cada día sentía menos como su hogar y más como una prisión sin barrotes.
Lo hacía con dificultad, ayudado por su bastón y sin prisas, pues aunque le gustaba almorzar temprano, era consciente de la norma que se había impuesto tácitamente en la casa, de no empezar el almuerzo sin el cabeza de familia, que en este caso no era él sino su yerno.
Nunca es tarde para disfrutar…
Había oído esa frase recientemente y llevaba un par de días dándole vueltas. Quería hablar con su hija y darle consejos pero hacía mucho tiempo que no se escuchaba su opinión en la casa.
Caminaba despacio cuando de pronto decidió tomar el sentido opuesto a donde tenía que ir, en un acto de rebeldía pura. Llegó a una parada de la guagua justo en el momento en que pasaba una con el número 014 en su frontal. De forma inconsciente, levantó su bastón como señal para que el chófer parase.
-¿A dónde va esta guagua?
- A La Laguna, maestro…
- Pues vamos pa’ La Laguna… A disfrutar un rato…
- Pa’ eso nunca es tarde…

18 de mayo de 2008

El autobús 014

Llega a la parada del autobús con veinte minutos de adelanto. Viene jadeante y cansada por la rápida caminata que ha hecho desde la oficina donde trabaja, pensando que no llegaría a tiempo de coger el autobús 014, pero cuando mira su reloj, comprueba que ha invertido menos tiempo del que ella creía.
Es la primera vez que va a coger el autobús allí, así que lee un cartel explicativo para comprobar que es la parada correcta, pero se hace un lío entre tantas indicaciones y le pregunta a una señora que está sentada en el banco de la parada. Después de intercambiar unas palabras con ella sobre la posibilidad de que se retrase, decide sentarse también para quedar protegida por el toldo acristalado que cubre el banco de espera. Presiente que va a empezar a llover.
Mira continuamente a la izquierda, esperando distinguir el 014 en el frontal de los autobuses que se mezclan entre los vehículos que van y vienen por la avenida. De pronto, se da cuenta que es observada por una niña que posiblemente sea la hija de la señora con la que habló y se revuelve incómoda en el asiento.
Intenta olvidarse de ella y centra su atención en las personas que entran y salen de una panadería que está situada justo enfrente, al otro lado de la avenida. Tal como temía, empieza a llover y se abren algunos paraguas de la gente más previsora.
Mira el reloj. Sólo han pasado cinco minutos desde que llegó, y a ella le parece una eternidad. Todavía no es la hora de “su” autobús, pero ella insiste en mirar a la izquierda esperando que por arte de magia aparezca el 014 entre la barahúnda de vehículos que pasan por delante de sus ojos expectantes.
-No llegaré a tiempo –piensa-. Con este tráfico, seguro que se retrasa.
Se acerca otro autobús. El 015. Una incipiente sonrisa dibuja su boca. Por un número. Pero no le hace gracia su propio “chiste”. Aunque está lloviendo y una ligera brisa invade la atmósfera, ella tiene calor y se nota sudorosa. Despega los brazos continuamente de su cuerpo en un vano intento de que las axilas puedan transpirar.
Vuelve a mirar el reloj. Pestañea de prisa y la mirada de sus ojos va de un lado a otro sin fijar su atención en nada concreto. Se muerde las uñas hasta que siente de nuevo la mirada de la niña sobre ella. Introduce las manos en los bolsillos de la chaqueta. Se nota la garganta seca e intenta producir algo de saliva mordiéndose la punta de la lengua.
- ¿Cómo te llamas? –le pregunta atrevida la niña.
Solo le faltaba la curiosidad de aquella pequeña y las mil preguntas que supuestamente vendrían detrás para terminar de ponerla nerviosa.
- Esperanza –Se puso en pie-. Me llamo Esperanza.
Sin darle tiempo a la niña a reaccionar, levantó la mano decidida y paró un oportuno taxi que en ese momento por allí pasaba.

15 de mayo de 2008

Mañana será otro día

Como ya han comprobado los que me han visitado, he cambiado el aspecto del blog. Con la ayuda de mi hijo, claro, porque yo para estas lides reconozco mis limitaciones. Me ha costado decidirme como cada vez que hago algún cambio en mi vida cotidiana, pero dicen que los cambios siempre son para bien, y espero que así sea.
Hoy no he tenido buen día. No hay una razón concreta, la verdad, pero me hubiera venido mejor quedarme en casita y no tener que enfrentarme a los demás, al trabajo, a los compañeros, a nada que enturbiara mi tranquilidad. Ya por la tarde, parece que mi ánimo se ha ido enderezando, y aquí estoy, escribiendo estas letras para agradecer la compañía de todos los que vienen por este rincón a leer mis "despertares", y dejarme sus comentarios.
Mañana será otro día, mejor que el de hoy, sin duda, porque es el Día de mi Cumpleaños. Un brindis, un trocito de tarta para cada uno y gracias a todos.

12 de mayo de 2008

Y tú ¿quién eres?

He visto la película ¿Y tú quién eres? Hermoso film de Antonio Mercero en torno a la enfermedad de Alzheimer, cuyo actor principal es Manuel Aleixandre. Y me quedé pensando…



-Y tú… ¿quién eres?
La miraba intentando adivinar quién era aquella joven que le abrazaba y por qué le sonreía con tanto amor. No podía ser su hija, pues Blanca apenas estaba dando sus primeros pasos. No era ninguna de sus hermanas, porque nunca le abrazaban con tanto cariño.
-Y tú ¿quién eres? –le volvió a preguntar.
-Abuelo, soy yo, Blanqui.
- Blanca, hija, estás muy crecida. ¿Por qué lloras? – le acarició el rostro, mientras intentaba coger aquella lágrima que le resbalaba por la mejilla.
Sabía que los primeros pasos la hacían caer continuamente, y él siempre estaba allí para ponerla en pie de nuevo.
-¿Te volviste a caer? ¿Te hiciste pupa? Sana, sana, culito de rana, si no se cura hoy, se curará mañana. La acariciaba porque sabía que esa oración era milagrosa, y le producía a la niña una risa que hacía que se olvidara de cualquier dolor que tuviera.
- Vamos, te llevo de paseo por el parque para mecerte en el columpio. Ya verás lo que te vas a reir.
- Sí, vamos, abuelo…


9 de mayo de 2008

La tregua

“Es evidente que Dios me concedió un destino oscuro. Ni siquiera cruel. Simplemente oscuro. Es evidente que Dios me concedió una tregua. Al principio, me resistí a creer que eso pudiera ser la felicidad. Me resistí con todas mis fuerzas. Después, me di por vencido y lo creí. Pero no era la felicidad. Era solo una tregua. Ahora estoy otra vez metido en mi destino. Y es más oscuro que antes. Mucho más.”


He leído el libro “La tregua”, de Mario Benedetti, en un abrir y cerrar de ojos, préstamo cortesía de mi amiga del alma, y cuya lectura recomiendo.
Cuenta la relación amorosa entre un hombre a punto de jubilarse, viudo y con tres hijos ya mayores, y una joven veinteañera que trabaja con él.
Es un relato agridulce narrado en forma de diario, donde se entremezclan los pequeños momentos de felicidad e ilusión con una existencia gris y rutinaria.
Con este amor, el protagonista vive una especie de tregua en su vida, durante la cual la felicidad hace acto de presencia, una presencia tan efímera como el tiempo que se tarda en leer el libro.
El diario se inicia con frases como:
“Hoy fue un día feliz: solo rutina”
Cuando el hombre decide declararse a la joven, después de darle muchas vueltas a su situación personal, lo hace de forma simple y directa:
“¿Sabe que usted es culpable de una de las crisis más importantes de mi vida?”
“No quiero andar con rodeos: creo que estoy enamorado de usted…”

Uno de los momentos más tiernos del relato describe el encuentro entre la joven y la hija de él, prácticamente de la misma edad, con lo que se crea una corriente de simpatía entre las dos mujeres, al mismo tiempo que hace que él se sienta orgulloso de su paternidad, por otro lado difícil con sus otros dos hijos.
Justo cuando iba a jubilarse sufre un choque emocional, y se derrumba la vida ante él.
Escribe en su diario frases como:
“El mundo ha perdido su interés”
“Me siento insoportablemente vacío”
“Hasta el día de mi muerte, el tiempo estará a mis órdenes”


Frases tristes y llenas de contenido que me hacen reflexionar cuánto tiempo durará la tregua de felicidad que disfrutamos cada día…

7 de mayo de 2008

Perdida

Camina sin tino. No sabe a dónde la llevarán sus pasos indecisos. Va buscando entre la gente un rostro amigo, una sonrisa tal vez, una palabra amable que le devuelva la confianza en sí misma.
Nadie la mira, ninguno se da cuenta de su presencia. Hace un amago de tropiezo y tan sólo consigue la risa de unos jóvenes que cruzan por su lado. Ella también sonríe avergonzada de la fragilidad de sus pasos, y medio aturdida, se atusa sus cabellos y su ropa. Sigue caminando con la sensación de pedir permiso a los viandantes para continuar sus pasos. Indudablemente, está perdida.

Tan perdida como yo. Al levantar la mirada después de mi estúpido tropiezo, me encontré con la suya, arrogante y presuntuosa. Sus pasos decididos disimulan muy bien su incierto destino. Su sonrisa forzada trata de aparentar una seguridad en sí misma que dista mucho de la realidad. Se aparta insolente de mi camino como si intentara reprocharme haberme interpuesto en el suyo. Va pisando tan fuerte que parece pretenda dejar la huella de sus altos tacones en el asfalto. Envuelta en un abrigo de alta costura, el viento mueve su cabellera despertando la admiración de todo el que se cruza con ella. Pero, indudablemente, está tan perdida como yo.

4 de mayo de 2008

Madre

Ser Madre es considerar que es mucho más noble sonar narices y lavar pañales, que triunfar en una carrera o mantenerse delgada...
Es ejercer la vocación sin descanso, siempre con la cantaleta de que se laven los dientes, se acuesten temprano, saquen buenas notas, no fumen…
Es preocuparse de las vacunas, la limpieza de las orejas, los estudios, las palabrotas, los novios y las novias, sin ofenderse cuando le tiran la puerta en las narices…
Es llorar cuando ve a los niños contentos y apretar los dientes y sonreír cuando los ve sufriendo…
Es servir de niñera, maestra, chófer, cocinera, lavandera, médico, policía, confesor y mecánico, sin cobrar sueldo alguno…
Madre es alguien que nos quiere y nos cuida todos los días de su vida y que llora de emoción porque uno se acuerda de ella una vez al año: el Día de la Madre…
Es quedarse desvelada esperando que vuelvan los hijos de la fiesta y, cuando llegan, hacerse la dormida para no fastidiar…
Es entregar su amor y su tiempo sin esperar que se lo agradezcan…
Por suerte hay una sola Madre. Porque nadie aguantaría el dolor de perderla dos veces.

Autor: Isabel Allende


Comparto todas y cada una de las palabras del texto, sobre todo la última frase, y aunque hace algunos años que mi madre no está con nosotros, su recuerdo siempre nos acompaña.
Un abrazo para todas las Madres del mundo, y en especial para las que leen este blog.
 
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