12 de junio de 2008

Acordeón

Repetía cada día el mismo movimiento al pasar por aquella esquina, colocando una moneda en el paño rojo donde el músico previamente había puesto otras piezas, con la esperanza de que sirvieran como anzuelo y se incrementaran las ganancias al llegar la tarde.
Como de costumbre, ella pasaba por su lado camino del trabajo situado dos calles más arriba. Antes de llegar a la esquina ya resonaban en sus oídos los dulces acordes que desprendía el acordeón. Aquel hombre pulsaba con ágiles dedos sus teclas, produciéndole un efecto de alegría para el resto del día.
Con disimulo lo miraba intentando conseguir una respuesta a las miles de preguntas que se formulaba diariamente.
¿De dónde será? Era evidente por sus rasgos físicos, su tez morena, sus ojos pequeños, que provenía de otro país, Perú, México, tal vez Argentina…
¿Estará casado? Lo mismo podía tener cuarenta que cincuenta años. Nada le indicaba su edad ni su estado civil, incluso podría tener nietos…
Se imaginaba una historia diferente cada día en la que aquel hombre era el protagonista. Historias de sufrimiento, donde se veía obligado a dejar atrás a los seres queridos, o historias relacionadas exclusivamente con la música, en las que unos acordes mágicos dedicados a ella la envolvían en sus frágiles sueños.
A veces se detenía un poco más delante de él con la excusa de buscar la moneda en el bolso, y con la esperanza de que reparara en ella, pero él sólo le devolvía una mirada agradecida y continuaba ensimismado en sus pensamientos y ajeno a todo lo que sucedía a su alrededor.
Ella continuaba su camino sin volver la vista atrás, tropezando con otras personas que emulaban su gesto y colocaban alguna moneda más para agradecer la música que alegraba su paseo.
A él se le quebraban los ojos y mil preguntas también bullían en su cabeza. ¿podré sobrevivir hoy? ¿podré regresar algún día a mi hogar?
Alzaba la vista al cielo y dibujaba las imágenes que pretendían borrarse en la distancia y que cada día se le hacía más difícil mantener, imágenes de su lejano país, imágenes de su amada…
Entonces tocaba el acordeón con inusitado ardor, cada nota era un lamento, cada melodía era pasión.
Y así se sucedían los días…

16 despertares:

ALAS DE MI LIBERTAD dijo...

cuantas historias de,sufrimiento y dolor reflejan estos seres,que en el anonimato de sus vidas gritan ayudame,bonito post me ha emocionado este escrito,te dejo un fuerte abrazo

Isabel dijo...

Un relato encantador y triste. A veces pasamos por al lado de la gente llenos de problemas y de pensamientos negativos, sin darnos cuenta de que detrás de algunas miradas hay historias mucho más tristes y desesperadas que la nuestra.Besos.

•°¤*(¯`° (Bett) °´¯)*¤°• dijo...

Que lindo relato...triste y encantador a la vez.
El acordeon...instrumento que se tocaba en las reuniones familiares cuando era chica.
Abrazos Ligia!

Trini dijo...

Cuanto tienen que contar las personas anónimas. Cuánto callan; cuánto gritan al silencio. Y, cuántas almas curiosas se quedan con la curiosidad intacta. Cuánto podríamos aprender y conocer unos de los otros...Afortunadamente, tenemos la imaginación para al menos, si no conocemos, imaginar vidas...

Precioso texto.

Besos muchos

alkerme dijo...

Muy bonito relato. Detrás de cada uno de nosotros hay siempre grandes historias.
Un beso

Anónimo dijo...

BIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIEN.

Qué alegria leer relatos como este.

Besazos.

JESUS y ENCARNA dijo...

a mi me causan mucha ternura estas personas que fuera de su pais tienen que ganarse la vida así, con la música, alegrándonos el camino a nuestros trabajos mientras sufren de una tremenda melancolia de los suyos, de su pais...
Besicos
Encarna

ALAS DE MI LIBERTAD dijo...

paso a desearte un buen fin de semana y a dejarte mis mimitos

Yemanjá dijo...

Todos tenemos una historia...No todas se pueden contar, pero el reflejo de las mismas se traduce a través de nuestra personalidad, nuestros actos, o nuestras vidas...

Un besito!!!

Leodegundia dijo...

Cada persona tiene su propia historia y la mayor parte de las veces nos cruzamos unos con otros sin llegar a conocerlas. A pesar de vivir en unos tiempos con tantos medios de comunicación, estamos más solos que nunca.
Buen fin de semana.

Javier dijo...

Conozco a algunas personas muy semejantes a tu protagonista, cada una es un mundo, a veces también me gusta jugar al juego de adivinar las identidades de las personas, sobretodo cuando voy en metro y estoy rodeado de mucha gente cada uno con un semblante diferente que lo identifica.

Un abraazo

Javier dijo...

El problema del relato ya está solucionado :)

JESUS y ENCARNA dijo...

Desde luego, Ligia, cuantos millones de historias se podrian contar de saber lo que hay detras de esos gestos.
Anduve algunos años viviendo lo que se dice la vida bohemia, por ahi ganadome unas pesetas en el campo y otros recursos, pero cuando te sientes solo, o pones remedio o te quedas con lo que has elegido o encontrado.
Yo decidi volver a casa, felizmente, pues si no no hubiese conocido a mi compañera ni hubiese tenido esta hija maravillosa.
Gracias por tu visita en nuestra casa.
Besos.
Jesus

Verónica Carmona dijo...

Amiga:

Interesante forma de escribir un relato. Me llamó la atención la bella manera en que le das forma a los sentimientos del personaje que siendo anónimo logra un protagonismo sustancial.

Cariños y gracias por tu fidelidad en mi sitio!

(ahora está renovado)

Verito!

PD: te mandé un correo la otra vez, ¿te llegó?

Ligia dijo...

Gracias a todos por los comentarios. Me gusta leer sus opiniones. Abrazos

Verónica dijo...

HOla Ligia!

Antes de nada, gracias por seguir pasandote por mi blog de vez en cuando. Siento no poder hacer yo lo mismo, porque anda ocupadilla ultimamente.
Me he sentido muy identificada con tu entrada, porque yo, cada vez que monto en el metro de Madrid y encuentro me encuentro al hombre que toca el acordeón, al que canta el Ave María, a la que canta flamenco, al que pinta... me pregunto muchas cosas: cómo habrá llegado hasta aquí, si tendrá familia, si tendrá casa, si en su país de origen era una persona importante en su trabajo...

Tu sabes plasmar como nadie lo que todos pensamos. Gracias por ello.

Un abrazo.

 
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