25 de mayo de 2008

El paseo

Se sentó en un banco del parque al que llegaban los alegres rayos de sol, inapropiados para la estación en que se encontraba. Llevaba puestas las cómodas zapatillas que su hija le había comprado, la gorra que le cubría su anciana calva y una bufanda de lana que le protegía la garganta del frío invernal.
No soltaba el bastón de su mano, el bastón que le hacía sentirse seguro en sus diarios paseos. De vez en cuando miraba el reloj, cuyos punteros veía todavía sin necesidad de gafas, para controlar la hora a la que debía regresar a casa. No quería ver a su yerno molesto por la espera si llegaba tarde a almorzar.
Los que pasaban por allí habitualmente ya lo conocían, y le saludaban con afecto, con palmadas en la espalda y deteniéndose breves momentos para intercambiar unas palabras.
Toda su vida la había vivido en aquel barrio, y cuando se quedó viudo, su hija y su yerno, con sus cuatro nietos, fueron a vivir a su casa con el pretexto de hacerle compañía, aunque la realidad era que no tenían otro sitio a donde ir. Con el paso del tiempo, se cambiaron las tornas, y parecía que era él quien estaba viviendo de prestado en su propia casa.
Al poco tiempo de estar sentado en el banco llegó su hija, que tenía por costumbre ir al supermercado cercano. Se detuvo apenas un momento y en un tono recriminatorio, le dijo:
-No tardes en volver a casa, papá, que ya voy a preparar la comida.
La miró a los ojos y adivinó un nerviosismo al que no se terminaba de acostumbrar, y que él achacaba a la inseguridad que día tras día vivía su hija al lado de un marido alcohólico.
El asintió, y siguiéndola con la mirada, recordó otros tiempos más felices cuando de niña también venía al mismo banco del parque donde él charlaba con unos amigos todas las tardes, para decirle en tono cariñoso:
-Mamá dice que ya vamos a cenar…
Esperó unos minutos más sumido en sus recuerdos, recibiendo los rayos de sol en la cara, antes de decidirse a emprender el camino de vuelta a la que cada día sentía menos como su hogar y más como una prisión sin barrotes.
Lo hacía con dificultad, ayudado por su bastón y sin prisas, pues aunque le gustaba almorzar temprano, era consciente de la norma que se había impuesto tácitamente en la casa, de no empezar el almuerzo sin el cabeza de familia, que en este caso no era él sino su yerno.
Nunca es tarde para disfrutar…
Había oído esa frase recientemente y llevaba un par de días dándole vueltas. Quería hablar con su hija y darle consejos pero hacía mucho tiempo que no se escuchaba su opinión en la casa.
Caminaba despacio cuando de pronto decidió tomar el sentido opuesto a donde tenía que ir, en un acto de rebeldía pura. Llegó a una parada de la guagua justo en el momento en que pasaba una con el número 014 en su frontal. De forma inconsciente, levantó su bastón como señal para que el chófer parase.
-¿A dónde va esta guagua?
- A La Laguna, maestro…
- Pues vamos pa’ La Laguna… A disfrutar un rato…
- Pa’ eso nunca es tarde…

18 despertares:

Isabel dijo...

Qué bonita y emotiva historia, que seguramente pasa en más de un hogar. No sé por qué nos empeñamos en despreciar a los mayores, como si ninguno de nosotros tuviera que serlo nunca.
Qué pena que haya hijos que no puedan tener con sus padres una relación de niños.
Qué pena que existan las familias rotas por el alcohol, la droga o el silencio.
Besos, Ligia.

Doncel dijo...

El respeto por nuestros mayores, muestra el grado de educación de nuestra sociedad.
Un beso.
Antonio

Abril Lech dijo...

Comienzo de una nueva historia... La ternura hecha relato! un beso Ligia!

Yemanjá dijo...

Me quedo con esa frase "nunca es tarde para disfrutar"...Y esa lección que nos da el protagonista de la historia al tomar la dirección contraria a la que debería...Hay que seguir disfrutando de cada cosita, de cada día hasta que ya no nos quede vida...No se sabe si habrá otra, así que hay que exprimir esta que nos han dado...Y hacerlo de la mejor manera posible, tanto con nosotros mismos como con los que nos rodean...
Por otro lado la historia deja caer diferentes cuestiones...El respeto a nuestros mayores. Pq siempre he considerado que siempre hay que tratar a los demás, como uno quiere que se nos trate a nosotros mismos. A fin de cuentas, por todos pasará el tiempo, eso nunca hay que olvidarlo...
Y por otro, está la cuestión de cómo van cambiando las personas y las circunstancias a medida que crecemos...
Bonita historia, Ligia...

Un besito!!!

Algaire dijo...

Me encantó este relato que describe muy bien la situación de muchas personas mayores que terminan por ser prisioneros en su propia casa.
Pero al menos el protagonista decidió luchar por seguir libre, otros muchos terminan por ir hundiéndose en la pasividad y van muriendo por dentro poco a poco.
Un abrazo

alkerme dijo...

Bonito relato, efectivamente, nunca es tarde para disfrutar...
ésta y otras muchas historias terribles hacen que lo poco de vida que nos va quedando se convierta es tácita o expresa infelicidad.
No me canso de repetirte: ¡qué bonita plantilla nueva!
Un beso.

El Secretario dijo...

Hola Ligia.

No había visto el cambio de aspecto de tu blog: ha quedado chulísimo, podéis estar orgullosos tú y tu hijo...

Y esta historia.
Muy real. Muy real, todo menos, quizás, lo último.

Esa posibilidad de ruptura con la durísima realidad se ve muy difícil, sobre todo en personas de esa edad.

Es así.

Pero sería mucho mejor como tú lo relatas. Y si se relata, quizás empiece a ocurrir de verdad...

: )


Abrazos.

ROSA dijo...

¿Quién dijo miedo?
Se llenó mi rostro con una sonrisa y mi corazón de dulzura.
Un beso

Trini dijo...

Me ha emocionado este relato Ligia. Ningún mayor debería llegar a esta situación, pero creo que a esto estamos todos abocados y antes, el abuelo, siempre era el cabeza de familia, respetado y querido y cuidado, pero ahora...
Conociendo a mi padre y queriéndolo como lo quiero, me lo imagino en esta situación y me pongo mala.

Besos

Ligia dijo...

Muchas gracias a todos por los comentarios. Cuando escribo una historia así, me cuestiono mucho ponerle un final triste (a no ser la de "El Chupete"), aunque, Secretario, sé que no es la realidad, pero intento añadirle un toque de ironía, porque me parece (tonta de mí) que a base de sueños, algo puede cambiar. Gracias

JESUS y ENCARNA dijo...

Ojal� nuestros mayores nunca se tuvieran que encontrar en ese estado de soledad y tristeza, no nos olvidemos que la vida no es mas que el camino hacia la vejez y que somos lo que somos gracias a ellos. Menos mal que al final nos sali� un abuelo rebelde.
Me ha entristecido y me ha encantado.
Besicos
Encarna

Anónimo dijo...

Ha sido estupendo encontrarme, a mi vuelta, con estos dos magníficos relatos, el releído "autobús 014" siempre me pareció genial.........y me transmitió, de nuevo, el mundo estresante en el que, unos más que otros, estamos metidos.
"El paseo": genial, humano, tierno, no triste.......no, porque tuvo corage. No todos dan el paso, pero sí algunos......¿bastantes?...........
en esa o en cualquier etapa de la vida.
Ánimo, y como dices ......."nunca es tarde"
Besotes, y ya sabes lo mucho que quiero a todos los "valladares".

Isabel dijo...

Qué bonito y entrañable todo lo que he leido por aquí,Ligia; he supuesto que debes haberme leido con anterioridad al ver mi enlace; me alegro de haber llegado y,si me lo permites, poder volver.Te enlazo también,para seguirte de cerca.Un beso y encantada de descubrirte.

unjubilado dijo...

Precioso relato, me ha hecho reflexionar.
Me voy haciendo viejo y mas adelante, no se si seré capaz de coger esa guagua, que me lleve cuando menos a dar una vuelta por la ciudad.
Saludos

TEA CUP CLUB dijo...

Lidia gracias por venir a tomar tecito aca a nuestra casita, tu casita.

Muy conmovedora esta historia, sabes cuando yo miro a veces como los hijos tratan a sus padres ahora que ya estan grandes, sin paciencia, con reproche, exigentes, me da tristeza, se les olvida que muchos de nuestros padres se desvelaron al pie de nuestra cama, cuantas veces le hicimos rabietas porque queriamos un dulce o un juguete, cuantos angustias les hicimos pasar y siempre tuvieron a parte de un par de nalgadas o cinchazos, una gran sonrisa y ese amor tan bello que ellos tenian en sus corazones por nosotros los hijos.

Nuestros 'PADRES" son sagrados, nos dieron la vida y ser de ser.

Besos

Veronica
teacupclub@gmail.com

Sofi dijo...

un relato real como la vida misma, nunca es tarde para ser un valiente y un luchador. Un saludo

Alimontero dijo...

Querida amiga, nadas mas te honra que saludar y recordar a aquéllos que "llegaron antes que tú", eso trae una energía especial en tu entorno...
Bella historia... te felicito...un lindo homenaje...
Un beso desde mi Chile invernal!

Ali
p.d. TE recuerdo pasar por mi blog este viernes 30, si?

josé dijo...

Este cuento, supongo que lo es, tiene una ternura que es palpable a cada paso, en muchas conversaciones donde los mayores pasan de un pedestal a merodear anticipadamente una lápida que sus propios le preparan con urgencia. Muy de las tripas el final que me gustaría saber a donde conduce.

 
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