18 de mayo de 2008

El autobús 014

Llega a la parada del autobús con veinte minutos de adelanto. Viene jadeante y cansada por la rápida caminata que ha hecho desde la oficina donde trabaja, pensando que no llegaría a tiempo de coger el autobús 014, pero cuando mira su reloj, comprueba que ha invertido menos tiempo del que ella creía.
Es la primera vez que va a coger el autobús allí, así que lee un cartel explicativo para comprobar que es la parada correcta, pero se hace un lío entre tantas indicaciones y le pregunta a una señora que está sentada en el banco de la parada. Después de intercambiar unas palabras con ella sobre la posibilidad de que se retrase, decide sentarse también para quedar protegida por el toldo acristalado que cubre el banco de espera. Presiente que va a empezar a llover.
Mira continuamente a la izquierda, esperando distinguir el 014 en el frontal de los autobuses que se mezclan entre los vehículos que van y vienen por la avenida. De pronto, se da cuenta que es observada por una niña que posiblemente sea la hija de la señora con la que habló y se revuelve incómoda en el asiento.
Intenta olvidarse de ella y centra su atención en las personas que entran y salen de una panadería que está situada justo enfrente, al otro lado de la avenida. Tal como temía, empieza a llover y se abren algunos paraguas de la gente más previsora.
Mira el reloj. Sólo han pasado cinco minutos desde que llegó, y a ella le parece una eternidad. Todavía no es la hora de “su” autobús, pero ella insiste en mirar a la izquierda esperando que por arte de magia aparezca el 014 entre la barahúnda de vehículos que pasan por delante de sus ojos expectantes.
-No llegaré a tiempo –piensa-. Con este tráfico, seguro que se retrasa.
Se acerca otro autobús. El 015. Una incipiente sonrisa dibuja su boca. Por un número. Pero no le hace gracia su propio “chiste”. Aunque está lloviendo y una ligera brisa invade la atmósfera, ella tiene calor y se nota sudorosa. Despega los brazos continuamente de su cuerpo en un vano intento de que las axilas puedan transpirar.
Vuelve a mirar el reloj. Pestañea de prisa y la mirada de sus ojos va de un lado a otro sin fijar su atención en nada concreto. Se muerde las uñas hasta que siente de nuevo la mirada de la niña sobre ella. Introduce las manos en los bolsillos de la chaqueta. Se nota la garganta seca e intenta producir algo de saliva mordiéndose la punta de la lengua.
- ¿Cómo te llamas? –le pregunta atrevida la niña.
Solo le faltaba la curiosidad de aquella pequeña y las mil preguntas que supuestamente vendrían detrás para terminar de ponerla nerviosa.
- Esperanza –Se puso en pie-. Me llamo Esperanza.
Sin darle tiempo a la niña a reaccionar, levantó la mano decidida y paró un oportuno taxi que en ese momento por allí pasaba.

22 despertares:

Javier dijo...

Curioso relato, los que trabajamos diariamente con niños parece que estaqmos condenados a aguantarlos hasta fuera de la escuela, coges el metro y te topas con un grupo que va al teatro, vas al restaurante y en la mesa de al lado dos traviesos niños que no paran de dar la murga...

Un abrazo

alkerme dijo...

Me gustó mucho tu relato. Sí, esa clase de crios que no reparan en hacer todo tipo de preguntas son una incomodidad. Uno se queda sin saber qué contestar, sobre todo porque casi siempre los progenitores están demasiado cerca como para uno darles un corte directo, con el que aprendan de una vez que a los desconocidos no hay que abordarlos a preguntas.
Pero que bonito blog... te lo dicho varias veces pero es que ha quedado lindo...

Moony dijo...

Esperanza... :) una esperanza con mucha prisa por llegar a... sólo ella lo sabe y, yo, me lo imagino:)
Y una niña inquisidora, no ayuda mucho jajaja.

Un beso grande.

unjubilado dijo...

Los niños tan ingenuos y en ocasiones tan crueles, que sería de nosotros sin ellos?
Por cierto para que llegue el autobús esperado, solamente hay que hacer una cosa, encender un cigarrillo, seguro que antes de que guardes el mechero ya lo tienes delante.
Un abrazo.

icue dijo...

creo que tenemos que usar más el don de la paciencia, a veces un niño nos puede ayudar a distraernos, en cambio otras....
saludos

Abril Lech dijo...

Disfruto mucho de estos relatos urbanos. Niños o ángeles, nos rodean por doquier, hasta el hartazgo.

Yemanjá dijo...

Lo has calcado!!!...Qué agonia eso de esperar al autobus y que no llegue y después ser abordada a preguntas por una niña atrevida...Yo creo que hubiese hecho igual, coger un taxi a la de ya!!!...
Me encantan los niños, pero hay que reconocer que hay que tener mucha paciencia con ellos y no siempre se está de humor, sobre todo cuando las circunstancias no son las idoneas...

Un besito!!!!

Leodegundia dijo...

Veo una nueva decoración en tu casa, me gusta.
El relato muy bueno, logras transmitir la impaciencia e incomodidad que uno siente cuando tiene prisa y pocas ganas de charla.
Un abrazo

Ligia dijo...

Javier: A veces los padres tienen algo de culpa en la forma de actuar de los niños.
Alkerme: Anímate a cambiar el tuyo. Todo es decidirse... Gracias
Moony: La niña inquisidora, me parece estarle viendo la mirada que no tiene nada de infantil, ja, ja.
Jubilado: Es la ley de Murphy, que para todo tiene su lado negativo. Saludos

Ligia dijo...

Icue:El don de la paciencia debemos practicarlo más, en según qué casos. Saludos
Abril: Gracias por tu comentario. Un beso
Yemanjá: Y tú qué bien has sabido captar lo que realmente quería expresar... Gracias
Leoooooo: ¡Bienvenida! Espero que las cosas vayan por su cauce. También diste en el clavo con lo que quería transmitir. Un abrazo.

Migue Mora dijo...

Con la 014 hace falta algo más que Esperanza, hace falta un milagro. Que desesperación de guagua, por dios!

Aye dijo...

Bueno Bueno
interesante relato.
...Y las mil preguntas que supuestamente vendrian detras...
Esperanza no le dio la oportunidad, tal vez hasta se entretenia.
Saludos!!!!!!!

Ligia dijo...

Migue: Ultimamente he tenido que coger la guagua muchas veces y es un desespero, pero la de historias que me genera... pa'reirme un rato.
Aye: Gracias por tu comentario. Quién sabe qué hubiera pasado... tal vez haga una segunda parte. Saludos

Trini dijo...

Una esperanza con poca espera...

La paciencia no está en mi diccionario, y mira que ultimamente he cambiado, aún así...

Me encantó el relato.

Besos

JESUS y ENCARNA dijo...

Niños, niños... descarados en su inocencia,
A mi, en el metro se me sentó al lado una niña gitanilla, y se me quedó mirando fijamente, como si no hubiera nada más alrededor y me preguntó. Oye... tú eres gitana? (he de decir que soy muy morena en verano y tengo un poquillo aspecto de gitana) y yo, perpleja le contesté... No, no soy gitana; y la caradura de la niña insistió... Entonces.. ¿tú que eres? y, como ya me habia puesto nerviosa, le contesté torpemente... Pues yo soy "NORMAL".
Me quise morir, miré a mi alrededor y enfrente por si alguien me hubiera oido, sobretodo sus padres que estaban delante, y enrojecí como un pimiento. Menos mal que era mi parada y me bajé corriendo.
Son unos pequeños tiranos, pero en su ingenuidad, son un cielo
Besicos y perdon por el rollo
Encarna

TEA CUP CLUB dijo...

Un relato muy curioso y lindo.

Gracias por venir a tomar una tacita de te a nuestro blog, me encanta que nos visiten.

Tenia rato de no pasar por tu blog, he estado un poco alejada por motivos de trabajo, pero ahora ya estoy de vuelta y prometo visitarte seguido.

Desde mi humilde rincon te envio muchos abrazos y besos y como siempre todos nuestros terroncitos de amor y amistad.

Me voy a seguir leyendote, me encanta como tienes tu blog.

Veronica
teacupclub@gmail.com

Ligia dijo...

Trini:Yo, depende del día que tenga, a veces soy la más paciente del mundo, pero otras trato de esfumarme por no aguantar. Besitos
Encarna: Es que en esos momentos te dan ganas de no sé qué... Grandes tiranos diría yo. Un abrazo
Verónica:Gracias por tus palabras. Aquí tienes tu casa. Un beso.

Sofi dijo...

Te entiendo perfectamente, yo creo que hubiera hecho lo mismo. Un saludo

José María dijo...

Bonito relato. Creo que combinas dos elementos incompatibles: prisas o estrés y niños. ¿Sabes? en casos similares, yo intento no cruzar mi mirada con la de un niño. No sé por qué; quizás porque llevo trabajando con ellos muchos años. Desde su inocencia, a veces se nos antojan impertinentes.
Un abrazo.

Ligia dijo...

Sofi: Gracias y un beso
José María:Es verdad, hay algunos que son muy enterados y parece que me dominan, por muy mayor que me vean. Un abrazo

ALAS DE MI LIBERTAD dijo...

pasate por mi blog tienes un regalito,besitos

Ligia dijo...

Alas: Ni te imaginas la ilusión que me hace recibir un regalo así. Te enlacé a mi blog sin tu permiso. Besos

 
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