3 de abril de 2008

El árbol rojo

Julia fue marcando de forma pausada aquel número de teléfono que había guardado en su memoria cuando se fue del pueblo, hacía ya varios años.
Ahora era una joven escritora que se iniciaba en el mundo de los libros ganando un premio literario de gran prestigio. Supuso que David no había tenido noticias de ella durante ese tiempo y pensó que se alegraría al recibir su llamada, o al menos eso esperaba.
Mientras el teléfono sonaba, intentó traer a la mente su imagen. Le recordaba como un hombre alto, serio, un poco canoso y con una mirada profunda y distante que le llegó al alma el día que le conoció. Era su profesor de literatura en el instituto.
Julia se había propuesto entonces hacerle cambiar aquella mirada. No quería que la viera como a una niña de quince años, así que se enfundó en su papel de mujer y todos los días le abría su corazón y le pedía consejo como una alumna más, aunque con la pícara intención de llevar a cabo su primera conquista en el mundo masculino.
David fue rompiendo poco a poco esa barrera que le imponía su condición de profesor, hasta que al final se convirtió en un sumiso enamorado. Con él tuvo su primera experiencia en cuestiones de amor, o más bien de sexo, porque reconocía que para ella nunca tuvo demasiada importancia aquella relación.
Un día él la invitó a su casa, una casa pequeña con un jardín donde habitaban los colores, la alegría y los sentimientos nerviosos de un primer amor. Allí estuvo retozando un buen rato hasta que se recostó bajo un árbol, mientras él la acariciaba y ella se dejaba querer. Durante un tiempo, se convirtió en costumbre pasar unas horas cada tarde en aquel jardín. Se sentaban bajo el árbol rojo que los protegía del sol, y ella escuchaba durante un rato su profunda voz leyendo un fragmento de cualquier libro. Recordó que algunas veces se quedaba dormida en su regazo, y cuando despertaba, sentía que David mantenía su mirada sobre ella vigilando su tierno sueño.
Finalizó el curso y también acabó su historia. Ella se fue del pueblo para iniciar sus estudios en la Universidad y ni siquiera recordaba haberse despedido de él.
Sumergida en sus recuerdos, apenas se dio cuenta de que al fin una voz le contestó al teléfono. Enseguida le reconoció, aunque le pareció una voz cansada y triste. Julia le contó que se había acordado mucho de él durante esos años, porque le había sabido inculcar su verdadera vocación. En diez minutos le relató su experiencia personal y profesional, y entre palabras atropelladas intentó buscar una excusa a su alejamiento.
Le contó que quiso buscar su camino, traspasar las murallas que sentía a su alrededor, y que permanecer en el pueblo hubiera significado para ella una lenta y dolorosa muerte. Se despidió de él no sin antes acordarse de las horas felices que pasó en su jardín, bajo su árbol rojo.
“¿Rojo? Nunca pensé que ese árbol pudiera ser rojo. Debe ser cosa de mis recuerdos. Estaba tan frondoso entonces… Su sombra nos cobijaba y sus brazos estaban cubiertos de un verde tul que apenas dejaba pasar los rayos del sol.
Todos los atardeceres eran nuestros y no existía vida más allá de los muros del jardín. Tu cuerpo y mi cuerpo eran uno. Tu risa era mi dicha y mi verso colmaba tu sed.
¿Por qué has vuelto hoy a mi vida, Julia? Hoy, que estoy entrando en mi cuenta atrás particular en esto de vivir, debo hacer acopio de valor para arrancarte definitivamente de mi mente. Pensé que ya estabas lejos, en mi olvido, y que nunca te permitiría regresar. Pero no es tan fácil como yo quisiera, y hoy, cuando me aprietan las paredes de mi cuarto y todas las toallas no bastan para enjugar mi sudor, tus palabras me trajeron a la memoria aquel árbol. Tu voz alegre fue como un martillo golpeando mis sienes. No tuve fuerzas para silenciarte.
Empezaste a contarme tu retahíla de vivencias durante el tiempo que llevas alejada de mí, y cada palabra tuya es un dardo en mi alma. No puedo fingir que el paso del tiempo ha borrado mi dolor. No puedo escucharte sin imaginarte mía.
Hablaste y hablaste, y yo te respondí que sí, que también te he echado de menos, cuando la verdad es que para mí no te has ido, sino que permaneces cual bella durmiente bajo aquel árbol del jardín.
Después de tu inesperada llamada de hoy, regresé al lugar de nuestros encuentros. Y sí, tienes razón. El árbol es rojo. Sus ramas secas me hablaron de ti. Me contaron que la savia que recorría su interior se alimentaba cada día con nuestro amor, que crecían viéndote crecer, que mientras tu inocencia despertaba, sus hojas se llenaban de un verde intenso. Me recordaron que tu marcha rompió el hechizo de aquel verdor, y el color que le aportabas se fue contigo. Nuestros caminos dejaron de abrazarse, y he vivido cada día sin vivir.”
David se sentó bajo el árbol rojo mientras escribía estas letras a Julia, y una película de lágrimas empañó sus ojos. El sol traspasaba con facilidad cada rama.

29 despertares:

La Pluma Anónima dijo...

Acabo de mirar a la fina capa de vello corporal que cubre mis antebrazos y he notado como algunos se erizaban al acabar de leer esta preciosa (y triste) historia...

ME ENCANTÓ.

Mil besitos mamá.

Trini dijo...

Que relato tan bello Ligia me ha llegado muy dentro.

Lástima que ahora ya sea tarde para él y, qué casualidad la llamada en ese momento. Pienso que, aunque fuese tarde, esa llamada le dio algo de luz a su día...

Besos

luz de gas dijo...

Triste; lo que pudo ser y en lo que ni siquiera hubo despedida . Y ahora, qué?. En fin. Igual aún puede haber algo de savia en ese árbol,que vuelva a ser rojo. Un abrazo Ligia; buena historia.

Anónimo dijo...

Ligia, un precioso, como ya te dije, relato.........buenísimo.
Por una parte me parece tierno, dulce, por otra me sume en una tristeza enorme.
Besitos,

alkerme dijo...

Sí, me sumo a todos los anteriores, muy bonito, algo triste y real, se queda un como un poquito pof, pero bien, uno debe escribir tal y como el sentimiento fluye. Gracias.

Leodegundia dijo...

Me gustó el relato y como cada uno lo interpreta a su manera, yo veo que ella jugó al amor, sin sentir amor y él amó creyendo ser correspondido, el resultado es que ella siguió viviendo y él día a día murió por dentro.
Triste situación en una pareja, pero desgraciadamente bastante corriente en la vida real.
Un abrazo.

nickjoel dijo...

me ha gustado la forma de la narracion, el como se han ,ezclado los sentimientos, ese arbol rojo nos ha llenaod de emociones encontradas, de sensacion para mi a veces olvidadas...

dios te bendiga
esta maravilloso
un abrazo....

Livaex dijo...

Pluma anónima: Mil besitos a ti también y gracias.
Trini:Aunque a veces se ahonde en los recuerdos, puede que sirva para dar luz. Besos
Luz de gas: ¿Quién sabe? Siempre hay esperanza.
Anónima: Es un poco triste, pero me alegra que te guste. Besitos
Alkerme: Así es. Este es producto del "famoso curso". Un beso

Livaex dijo...

Leo: Tu interpretación es justa la que yo pretendía cuando lo escribí. Gracias. Un beso
Nickjoel: Me encanta que te haya emocionado. Muchas gracias. Un abrazo

Moony dijo...

Jo, Ligia, qué preciosidad de historia... y qué maravillosamente la relatas.
Cuánto dolor... cuánto amor... bufffffffff
Me cuesta alejarme de tus palabras.

Un beso enorme.

MARISA dijo...

Un relato muy bello, y lleno de amor, amor no correspondido pero al fin y al cabo amor. Que dificil es amar, y que doloroso resulta a veces.
Enhorabuena por tu forma de escribir.
Sigue haciendolo, eres estupenda.
Yo estoy vacia de ideas ultimamente.
Un besito,
Marisa

Livaex dijo...

Moony: Muchas gracias por tus palabras. Un abrazo
Marisa: El amor a veces resulta doloroso, pero es así. Me alegra que te guste. Besos

Javier dijo...

Afortunadamente o desgraciadamente todo muda, todo cambia, lo que hoy es maravilloso mañana puede ser odioso, lo que era imprescindible, ahora ya ni lo recuerdas, y hablando del amor, ni te cuento, lo que para uno es eterno para el otro, tan puntual que llegando un momento se acordo de...

Un bonito relato.

Un abrazo

Javier dijo...

Te acabo de conceder un premio en mi fotoblog sobre Pontevedra

http://pontevedraolvidada.blogspot.com/2008/04/ya-nos-han-otorgado-un-premio.html

Un saludo

El Secretario dijo...

Hola Ligia-Livaex.

Vuelvo a comentar en los blogs amigos. He estado semanas sin hacerlo, apenas 3 ó 4...

Encuentro aquí un relato muy bien trenzado, una historia dolorosa pero vívida.

Estos enamoramientos con diferencias generacionales son enternecedores: a veces crueles, a veces llenos de pureza platónica. Son tristes historias cuyo final raramente es feliz.
Pero son.


Abrazos.

Verónica dijo...

Es tan fácil con tus letras meterse en la piel del personaje...me he llegado a sentir triste. Triste, además, porque esto pasa realmente. Amores que se dejan atrás sin saber por qué. Y vuelven cuando la vida no tiene ya razón de ser.

un abrazo.

Livaex dijo...

Javier: Es verdad. En el amor nunca se sabe cómo cambian los sentimientos. Un abrazo
Javier: Mil gracias por tu premio.Un abrazo
Secretario: Me alegro que vayas saliendo "a la luz". Un fuerte abrazo
Verónica:Muchas gracias por tus palabras sobre el texto. Un beso

LUCERO dijo...

ligia q bonita historia, mientras sea ficcion no es triste, pero cuando pienso q puede ser un relato verdadero me pone triste
besos

Livaex dijo...

lucero: No lo creerás pero a veces lo que escribo yo misma también me sume en la tristeza, pero tal como me sale, lo dejo escrito. Gracias y besitos

Doncel dijo...

este relato refleja,una verdadera historia de amor.
Me gustó mucho.
Que tengas una buena semana.
Antonio

Livaex dijo...

Gracias doncel por tus deseos. Un abrazo

Yemanjá dijo...

Qué relato más estupendo!!!...
Has conseguido emocionarme y a la vez me he visto reflejada...
Qué bonito escribes, en serio!.

Muchos besos!!!

mi despertar dijo...

Llego a vos a traves de alimontero. me gusta tu escrito me dejo pensando y quiero mas
besos

nickjoel dijo...

hola coraozn... dios te bendiga, paso a saludarte... besos

Livaex dijo...

Isa: Gracias por tus palabras y muchos besos
Mi despertar: Eres bienvenida y muchas gracias
Nickjoel: Gracias Nick estoy haciendo un curso que me lleva "todo el tiempo" y a ver si el fin de semana pongo manos a la obra. Besos

•°¤*(¯`° (Bett) °´¯)*¤°• dijo...

Que lindo relato! triste pero precioso!
Gracias por siempre compartir tus letras!

Abrazos guapa!

Ana dijo...

Mis ojos vidriosos escriben por mi.

Un inmenso abrazo.

Livaex dijo...

Bett: Gracias por tus palabras, un beso.
Ana: Me alegro mucho que hayas vuelto. Besitos

Montse dijo...

Muy bonito. Reconforta leer tus escritos.

 
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