31 de diciembre de 2008

¡Feliz Fin de Año!


En estos momentos estoy ocupada con la preparación de la cena de Fin de Año, pero me he escapado un ratito al ordenador para hacerles esta entrada antes de que termine el 2008.
Quiero desearles a todos los que por aquí pasan un Próspero y Venturoso Año 2009, y que haya salud, amor y trabajo a raudales.
Brindo con todos ustedes y les agradezco la amistad virtual que siempre me han demostrado.
Un abrazo muy fuerte.

19 de diciembre de 2008

¡¡Prosperidad!!


En los días de Navidad de mi niñez, me asomaba a la ventana con mi hermana y demostrábamos nuestra felicidad a los sorprendidos caminantes al grito de "¡Prosperidad!". Al principio nos avergonzábamos y nos escondíamos rapidamente, pero luego esperábamos para ver el cambio de semblante que se producía en la gente. Al final recibíamos alborozadas un "¡Gracias, mi niña!" que nos llegaba al alma y ya nos sentíamos contentas para todo el día.
Ahora ya ni me asomo a la ventana, salgo y entro a mi casa en coche y los vecinos prácticamente no sé ni cómo se llaman. Eso no quiere decir que no tenga los mismos sentimientos infantiles de desearles a todos lo mejor. Por eso, desde esta ventana que espero tenga más alcance que la de la habitación de mi niñez, quiero gritar a los cuatro vientos: ¡¡PROSPERIDAD!!
Salud, trabajo, amor, justicia, alegría, y en definitiva, prosperidad para todos. Y un abrazo muy fuerte en la distancia para todos los que leen este humilde blog.

16 de diciembre de 2008

HÉCTOR ALTERIO


Todavía resuena en mis oídos la inconfundible voz de Héctor Alterio. Todavía siento un nudo en la garganta cuando recuerdo el último poema de los muchos que recitó. Todavía me quedan ganas de seguir escuchando su interpretación particular de la poesía de León Felipe.
El viernes pasado tuve la oportunidad y la suerte de disfrutar durante un tiempo que se me hizo corto, de la presencia, la voz, el sentimiento y la emoción del actor argentino Héctor Alterio acompañado por el guitarrista y compositor José Luis Merlín, en el Teatro Leal de La Laguna.
Diez euros, un poquito de frío lagunero a la entrada y salida del espectáculo, y unas lágrimas de emoción resbalando por mis mejillas, fue el tributo que pagué por tan buena ocasión.
Realmente no sabía lo que me iba a encontrar cuando compré la entrada, pues hacía referencia a un “Monólogo teatral”, pero tratándose de este actor (Premio Goya Honorífico 2004 y premio Max al mejor protagonista 2005), no lo dudé un momento.
En el programa de mano del Teatro se lee lo siguiente:
“Este proyecto es la culminación de un deseo personal de Alterio por interpretar una selección de poemas con los que se identifica plenamente. La propuesta para este recital es sumamente original, ya que no recita de forma clásica, sino que interpreta los poemas. La presencia de los textos de León Felipe se debe a la vieja admiración de Alterio por este poeta maldito. El acompañamiento de José Luis Merlín, guitarrista, profesor y compositor de alcance internacional, se sostiene, inevitablemente, por la improvisación a partir de los temas que tratan los poemas y la inflexión y modulación del intérprete”.
Como no dejaban sacar fotos durante el espectáculo, les dejo un video que encontré en Youtube donde Alterio interpreta el poema ¡Qué lástima!, que fue precisamente el que terminó de arrancar mis lágrimas, no de tristeza, sino de emoción y agradecimiento por haber podido disfrutar de tan bellos momentos.



11 de diciembre de 2008

LA PALMA - ISLA BONITA

Ya he contado mis sentimientos contradictorios cada vez que tengo que viajar. Por un lado, me encanta hacerlo, conocer lugares nuevos… pero, cuando estoy a punto de salir de la isla, me entra un cosquilleo en el estómago que no sé cómo llamarlo. No hay muchas posibilidades a la hora de elegir: el barco o el avión.
Con la Biodramina tengo medianamente solucionado el posible mareo en barco. Sin embargo, el avión y yo no terminamos de reconciliarnos…
Dicen que “viajar es vivir más veces”. Y yo reconozco que últimamente voy ganando mucha vida, porque estoy de lo más viajera. Hace un par de semanas estuve pasando unos días en la isla de Gran Canaria, que es donde vive mi hija, y para esas idas y venidas generalmente utilizo el ferry de la compañía naviera Fred Olsen, que tarda una hora y no se mueve mucho (esto es un decir…). Y acabo de llegar de la Isla de La Palma después de disfrutar allí los días de este Puente de la Constitución.
Parece mentira que para un “trámite” que dura apenas veinticinco minutos tenga que hacer acopio de fuerza mental y buenos propósitos. Pero ya el solo hecho de preparar la maleta para unos días o esperar que no salte el sonido del pase de control del aeropuerto, son acciones que rebasan mi estado de ánimo.

Cuando llego al avión, continúa la odisea. Ya antes de despegar, la azafata comienza a dar las oportunas explicaciones sobre el cinturón de seguridad y el chaleco salvavidas. Nadie le hace el menor caso, y como a mi me da cierta pena de la pobre chica, la miro muy interesada para que no se deprima. Nos enseña la forma correcta de ponerse el chaleco en caso de emergencia y mi imaginación se dispara cuando veo el tubito por el que hay que soplar para que se infle si no funciona de forma automática… Ja, ja, no sé si tendré la suficiente tranquilidad para hacerlo cuando me vea dentro del agua… Encima nos hace la aclaración de que el chaleco dispone de una lucecita que se enciende automáticamente en contacto con el agua. Entonces me imagino la ilusión que nos haría a todos ese momento, y las burlas si fallara: “Rabia, rabia, a ti no se te encendióóó…”
Otro momento curioso del viaje es cuando nos reparten el periódico. Tengo que decir que la Compañía BinterCanarias no sólo reparte periódicos sino también una chocolatina, un vaso de agua y un caramelito. Yo creo que es más que suficiente, en comparación con los viajes de Iberia a la península, que no te dan ni la hora.
El avión es bastante estrecho y por tanto, los asientos también. Me pongo de acuerdo con mi Alejandro para no elegir el mismo periódico: “Tú coges El Día y yo el Diario de Avisos”. Luego resulta que si lo lee uno, no lo puede hacer el otro, simplemente porque no hay espacio. Así que como el vuelo apenas dura veinticinco minutos, no te da tiempo a tragarte la chocolatina cuando ya estamos aterrizando, entonces decidimos guardar los periódicos para leerlos más tarde.
Afortunadamente, llegamos a la isla sin novedad, lo mismo que a la vuelta. No sé si saben que a La Palma se la conoce, con toda la razón del mundo, como la Isla Bonita. Y el que la ha visitado, lo sabe. A pesar de las nuevas construcciones que hay, con los consiguientes cambios paisajísticos, no ha perdido su belleza, su verdor, su tranquilidad, su silencio… ni su frío.
Aunque yo estoy acostumbrada al “frío lagunero”, no me he quitado de encima la chaqueta ni la bufanda, porque realmente hizo un frío de solemnidad… pero a pesar de ello, disfruté una vez más de la paz que transmite la isla, de sus paisajes, de la naturaleza en estado puro, gracias al cariño con que te acoge la gente, y en mi caso mi “familia política”, porque, no sé si lo he contado alguna vez, mi Alejandro es palmero de nacimiento y allí tenemos a sus hermanos, sobrinos, tíos, etc. Una gran familia, a la que quiero mucho, aunque no vaya a verlos con tanta frecuencia como lo hacía cuando mis hijos eran niños.

Les dejo algunas fotos que hice, aunque en ellas no se aprecia toda la belleza que ha hecho a La Palma merecedora del sobrenombre de Isla Bonita.

2 de diciembre de 2008

No me hace falta…


No me hace falta ver las estrellas en el cielo, para saber que se acerca la noche.
No me hace falta derramar lágrimas, para que tú consueles mi tristeza.
No me hace falta oír tus palabras de ánimo para sentirme arropada.
No me hace falta ver las huellas en la arena, para saber que me esperas en el mar.
No me hace falta escuchar tus risas para saber que te alegras con mi gozo.
No me hace falta protegerme del frío porque tu piel siempre es mi abrigo.
No me hace falta alcanzar la cima para saber que tú me esperarás allí.
No, no me hace falta…
Nada me hace falta… sé que estás tú.

25 de noviembre de 2008

Carta de desamor

Hoy, 25 de noviembre, se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Cualquier iniciativa que se haga en favor de esta causa, me parece buena, y desde aquí, recuerdo a una mujer, la que me dio la vida, que soportó malos tratos en una época donde se la silenciaba, pero que supo reponerse... y vivir.
Hoy quiero reeditar esta "Carta de desamor" que publiqué en marzo del año pasado, como agradecimiento a esa mujer, a mi madre.



Quizá esta carta te parezca inoportuna y sin sentido. Para ti, que siempre has tenido el don de la oportunidad, mucho sentido común y eras muy correcto en todas tus expresiones.
Pero claro está, yo no soy tú, y a mi me gusta decir las cosas claramente y con palabras que denoten su verdadero significado. Sabes que nunca me gustaron las medias tintas.
En cuanto al momento, pues, sí, he de reconocer que tal vez no sea el adecuado, pero también debes saber (tú que presumías de que me conocías muy bien) que siempre reaccionaba un poco tarde ante determinadas situaciones.
Muchas veces intento encontrar el motivo a las cosas, pero no me doy cuenta de que me están haciendo daño, hasta que pasa el tiempo y se me enciende una bombilla en el cerebro y otra en el corazón. No te rías, que estoy diciendo la verdad.
Cuando decidimos dejar nuestra vida en común, mejor dicho, cuando lo decidiste tú, porque ahora me doy cuenta de que, aunque fui yo la que abandonó el hogar, tú me indujiste a ello, con tu actitud artera, tus palabras engañosas (muy educadas, eso sí) y tu estudiada postura de víctima, lo que realmente pretendías era que yo me sintiera culpable. Pero en ese momento no me di cuenta. Ahora es cuando echo la vista atrás, y lo veo todo claro.
Yo era feliz, todo lo feliz que puede ser una mujer de su casa, porque no me negarás que yo no era “una mujer de mi casa”. Te tenía la ropita lavada y planchada, la casita recogida y limpia, la comidita hecha para cuando tú llegaras… (Es que si lo escribo en diminutivo parece que no trabajaba tanto, que te conozco, que estás ya preguntándote para qué digo ropita, casita y comidita).
Fui feliz durante algunos años, los años en que no era consciente de que yo también tenía mis derechos, no solo mis obligaciones. La verdad es que no sé cómo me di cuenta, pero al final lo hice.
Cuando empecé a quejarme de tus caricias, digo, de tus palizas; de tu personalidad, digo, de tu brutalidad, entonces tú me preguntabas constantemente qué me pasaba. Cuando empecé a pintarme un poco y a vestirme mejor, tú te diste cuenta de mi cambio. Recuerdo nuestra última pelea, hablábamos los dos (en comparación con la primera, en que sólo hablabas tú y yo te escuchaba).
Cuando quisiste cambiar fue demasiado tarde, demasiado tarde para ti y el momento justo para mí. Ya me pertenecía a mi misma. Deberías estar contento, no pertenecía a otra persona, como tú imaginaste. Era yo. Yo y mis circunstancias. Te dije lo que sentía y tú, tan correcto como siempre, me contestaste que te había fallado, que no te había respetado, y por tanto, era yo la que tenía que abandonar el hogar. Al principio no lo entendí, y por eso salí de tu vida.
Pero ahora me doy cuenta de que la víctima era yo. Por eso te escribo, para que lo sepas. Para que sepas que ya me he dado cuenta.
Sí, ya sé que un poco tarde, pero más vale tarde que nunca. Al fin y al cabo, soy una víctima libre y afortunada.

19 de noviembre de 2008

ESCENAS DE ¿MATRIMONIO?

Todos los días Tele5 emite una serie de televisión titulada “Escenas de matrimonio”. No acostumbro verla y cuando por casualidad llego a ella, automáticamente cambio de canal. Hoy he tenido más paciencia y en diez minutos he podido ver con perplejidad una triste muestra de las relaciones matrimoniales de varias parejas. Por mucha ficción que se pretenda, me niego a creer que las conversaciones que he oído muestran la realidad de los matrimonios con algunos años de convivencia.
Todo gira en torno al sexo o la falta de él, los maridos exigiéndolo y las mujeres negándose.
Cuando Avelino, uno de los personajes de mayor edad, le dice a su mujer que “necesita vida sexual”, ésta le responde en tono de desprecio una y otra vez lindezas como éstas: “A mi me gustan las porras y tú tienes un churro”, “a ti lo único que te crece son las orejas” o “sólo me apetece pillártela con el cajón de la mesilla”. Entre tanta amena conversación, sólo se escuchan frases de desconsideración, tales como “eres un asqueroso”, “verte me produce alergia” o “ojalá te pique un mosquito y te mate”.
Otra pareja, Roberto y Marina, no se queda a la zaga en su mala educación, siempre en relación con la necesidad del “machista asqueroso”, tal como le califica ella: Como ejemplo, se intercambiaron frases como éstas: “me busco otra mujer para hacer el amor”, “gilipollas, cabrón, me extraña que ninguna quiera hacerlo contigo”, “los hombres hacen pis de pie”, “y los gatillazos tumbados” “no te contesto para no crearte más complejos de los que tienes”.
La pareja formada por Natalio y Paca, se centran más en el hecho de desear el fin del otro: “tengo todo preparado, incluido el número de la funeraria”, “te he elegido un tanatorio monísimo”, y en conversaciones plagadas de insultos y groserías como “pigmeo cabezón” o “mi mujer se ‘desparrama’ en la cama”.

Nunca había oído tanto improperio junto en diez minutos de televisión. Como ya dije, me niego a creer que los matrimonios, por más que lleven muchos años de unión, se comporten con tanta falta de respeto y consideración entre ellos. Me niego a creer que tan poca educación permita a una pareja convivir tantos años sin una pizca de tolerancia ni afecto. Creo es la perfecta imagen del desamor, la desconsideración, la desconfianza y la repulsión entre una pareja que se supone apostó en su día por la admiración, el amor, la ternura y la convivencia.
Sólo espero que no lo vean, o que no se lo crean, los jóvenes que pretendan llevar a cabo un proyecto común de cariño, ternura y complicidad en su vida.

12 de noviembre de 2008

CARTA DE NOSTALGIA (2)

Hoy he conocido a Laura. Estaba llorosa, vestida de negro, como todas las viudas. La contemplé a través de mis gafas oscuras y por una milésima de segundo, me pareció que nuestras miradas se cruzaron. El dolor no se puede medir, lo sé, pero déjame que dude del suyo. Así me sentiré menos culpable.
Culpable por el amor que le he robado, por la dicha que viví junto a ti, por los momentos de felicidad que me entregabas, por el cariño que me dedicabas…
Te has ido. Yo lo presentía, pero tú lo sabías. Has dejado de luchar, no has querido continuar el camino, ese camino que un día se bifurcó cuando aparecí en tu vida. Me repetías incesante que la diferencia de edad marcaba nuestra relación, cuando yo sólo tenía ojos para tu alma, no para los surcos de tu piel. Cuando sólo veía tus dulces sentimientos, tu infinito amor.
Desde una esquina del recinto, contemplé la escena. Ella estaba en el centro, en actitud de falsa resignación, saludando a todo el que se le acercaba con un roce imperceptible de sus mejillas, sintiéndose protagonista del triste momento que se respiraba, intentando dar lástima por última vez…
Perdóname, sé que no soy objetiva, mi dolor me lo impide. El zarpazo de la vida me está llevando a despertar el odio aletargado que he guardado durante tanto tiempo. Sé que no tengo derecho, lo sé, lo sé, pero no puedo evitarlo.
Me dijiste muchas veces que ya no la querías, pero que no podías abandonarla, que las circunstancias de la vida te obligaban al sacrificio. Me repetías continuamente que era yo quien te invitaba a seguir luchando, que el hilo de cordura que abrazabas estaba sujeto por mis alegrías. Me prometías ternura y lo cumpliste, me suplicabas comprensión y te la ofrecí a manos llenas. Pero al final te has rendido. Sí, te has rendido. Y mi silencio no tendrá reproches. Ya no sirven de nada.
Perdóname si alguna vez los tuve. Sobre todo el de aquel maravilloso día que preparamos con tanto esmero. No se borrará jamás de mi memoria. Las primeras indecisiones sobre nuestro plan para ir a la costa, a ver el mar, a sentirnos perdidos en un lugar donde nadie nos conociera, a cogernos de la mano sin temor.
Nunca me dijiste qué excusa le pusiste ese día a Laura… Lo que para mí fueron horas de felicidad, para ella quizás lo fueran de alivio, de librarse de ti un día completo… ¡Déjame pensar que fue así!
Salimos temprano. El solo hecho de ir en tu coche ya me ponía nerviosa, tú parecías más tranquilo que yo. Por el camino iba pensando en la posibilidad de un simple choque. ¿Cómo ibas a justificar mi presencia contigo? No dije nada, y a medida que añadíamos kilómetros a nuestra escapada, el temor se disipaba, la suave música me envolvía y me transportaba a otro mundo en el que sólo estábamos tú y yo.
Sentí un vuelco en el corazón cuando el camarero del restaurante me tomó por tu esposa. Hablamos, reímos, disfrutamos cada momento como nunca lo habíamos hecho. Paseamos como dos enamorados por aquella avenida y hasta nos atrevimos a sentarnos en la arena de la playa para contemplar el ocaso. Sólo deseaba que ese momento se grabara en nuestros corazones, que nada ni nadie pudiera deshacerlo, que fuera eterno. Sin poder evitarlo, llegó el eco de mis palabras: ¿Qué haremos? Tal vez mi pregunta inoportuna fue lo que estropeó la magia del momento.
Tu respuesta me devolvió a la realidad. “Es hora de volver”, me dijiste. Y entonces pensé que habías tomado partido, que Laura me había ganado la batalla. Pero no, no era esa tu decisión. Ahora lo comprendo. Has preferido rendirte para no tener que escoger. ¿Estoy diciendo disparates? Tal vez, pero no puedo pensar de otra manera. En estos momentos estoy dolida contigo, por haberme abandonado, por llenar de sufrimiento mi corazón, por dejarme sola en el camino, ese camino de felicidad que me enseñaste y que apenas pudimos disfrutar.
Mi pregunta se quedó, ahora más que nunca, sin respuesta.

6 de noviembre de 2008

Carta de nostalgia

(Como últimamente tengo "otras preocupaciones", me faltan ideas para postear, así que me perdonarán por reeditar este texto que ya publiqué cuando abrí el blog)




Le he dado a tu vida unos años de la mía. Nos conocimos a través de tu amigo, que resultó ser el marido de mi amiga. No sé si ellos se llegaron a enterar de nuestra situación, pero tampoco me interesa mucho.
Me decías que alegraba tu vejez, que tu declive lo augurabas muy próximo. Aunque yo me reía de esos comentarios fatalistas, sabía que tenías razón. Aún así, te mostrabas con una vitalidad inusual, no sé si para alejar cualquier atisbo de debilidad que asomara a tu rostro cansado, o porque realmente era yo quien te infundaba el ánimo para seguir disfrutando los momentos que vivíamos cada día.
Todavía siento tu cuerpo dándome calor. Los dos bajo una fina sábana que nos servía de sutil abrigo en aquellas tardes otoñales, encima de una colchoneta con la que evitábamos el frío contacto con el suelo. El reloj marcaba nuestros encuentros, que tú preparabas siempre con esmero.
Buscabas cualquier excusa para ofrecerme lo mejor. Raro era el día que no tenías unas pequeñas rosas en el anticuado jarrón, o una velita encendida que hacía más acogedora la estancia. De vez en cuando me preparabas sencillos platos de comida, que yo disfrutaba como si estuviéramos en un gran restaurante. Luego relajaba mi espíritu escuchando tu corazón latiendo en mi oído, mientras mi cabeza reposaba en tu pecho.
Muchas tardes nos sentábamos en el sillón, las manos entrelazadas, una conversación interesante, a veces interrumpida por los besos que te daba, y se nos pasaban las horas sin darnos cuenta, hasta que notaba cómo se estaba disipando la claridad que entraba por la ventana, anunciando que entraba la noche y con ello, mi estancia en ese lugar seguro.
Tan sólo una vez nos atrevimos a pasear en público cogidos de la mano, en un lugar lejano, entre gente desconocida que nos observaba indiferentes.
Tú mirabas fijamente el horizonte, cuando te pregunté un “¿Qué haremos?” sin convicción, sin ganas de resolver la situación, o cuando menos, esperando que fueras tú quien tomara la decisión. Tal vez así me sentiría menos culpable.
Sabía que sólo te pertenecía a ratos, y de vez en cuando me cansaba de compartir, y de disimular. Y entonces no podía evitar esa clase de preguntas, aunque de sobra conocía la respuesta.
Me parece que todavía oigo el rumor de las olas, y percibo el olor a mar. Tú soñabas con dejarlo todo y llevarme contigo allende el mar. Yo, te miraba. Nos cogimos de la mano y me dijiste: “Es hora de volver”.

28 de octubre de 2008

¡AQUELLAS COMPRAS!


Entre los blogs que leo habitualmente, hay uno que se llama Sinkuenta, donde Alicia, paisana mía, me lleva en cada uno de sus escritos a recordar viejos tiempos.
Muchos de los que por aquí pasean, ya conocerán algunos detalles de ni niñez, porque de vez en cuando mi memoria alcanza a mis palabras, que se desparraman felices en los escritos.
Esta mañana he recordado los años en que mi madre nos mandaba todos los días a comprar a una venta cerquita de casa donde se podía encontrar de todo. En ese entonces no las llamábamos tiendas ni supermercados ni nada por el estilo, mi madre decía “Vete a casa de don Alfredo a comprar algo para hacer el potaje…” Yo cogía la bolsita de tela con aplique y unas cintas que te cortaban las manos, y p’allá que me iba…
Don Alfredo era un hombre barrigón y pachorronudo, que escribía en un papel gris las cuentas de la compra, y a la vez que sumaba con los dedos cada columna, decía “… veintisiete… y llevaríamos dos…”, “… treinta y cuatro… y llevaríamos tres…”, y llamaba a su hijo pequeño con una voz que de seguro al pobre niño le inspiraba temor: “Nestitoooo, venir acáááá”, y allá que iba el pobre Ernesto a ver qué se le ofrecía a su querido padre.
Pues bien, Nestito tenía varios hermanos, pero uno de ellos (el más feo, por cierto) era ya un joven que vivía su época de adolescente pendiente de las chicas que iban a comprar las papas y demás viandas a la venta de su padre.
Se respetaba el turno de llegada sin necesidad de coger un número como ahora, y te atendían cuando te tocaba. Claro está, toda regla tiene su excepción, y a mí siempre me tocaba la excepción, cuando tenía la mala suerte de coincidir en la venta con Carmen Rosa. Yo por aquel entonces tendría unos once o doce años “sin desarrollar”, mientras que Carmen Rosa era una chica algo mayor (“ya desarrollada”, por tanto), que estaba de buen ver, así que el hermano de Nestito no tenía ojos para mí, y aunque yo hubiera llegado antes a la venta, el muy borrego la atendía siempre a ella primero. Yo no era tan espabilada como ahora (es un decir…), y esperaba calladita a que me preguntaran lo que iba a comprar, aunque con un cabreo por dentro que para qué.
Más vergüenza sentía cuando mi madre me mandaba a devolver la carne que había comprado, porque sólo me habían metido “hueso”, o cuando le tenía que decir a don Paco “el tarta” (es que era tartamudo…), otro ventero de allí cerca, que iba a comprar “fiado” hasta fin de mes en que mi padre le pagaría cuando cobrase (también vivíamos tiempos de crisis).
A veces nos reíamos también con esto de las compras que siempre nos tocaba hacer a mi hermana o a mí, porque mi hermano mayor ya se consideraba “mayor” para esas cosas, y los demás eran muy pequeños.
Por ejemplo, el día que sacamos de quicio a mi madre mientras repetíamos constantemente: “Granu, granu ¿qué será granu?”, “Lado, lado ¿qué será lado?” sin parar de reírnos. Cuando eran muchas cosas las que debíamos comprar, apuntábamos en un papel la lista para que no se nos olvidara. Y ese día, aparte de lo demás, había que comprar millo (maíz) y granulado (otro compuesto) para las gallinas que teníamos en casa.
La lista no se hacía en forma de columna, sino en horizontal, una palabra tras otra. Por ejemplo:
Papas que te las ponga chinegua (King Edward) y que no tengan bichos aceite una lata dos kilos de azúcar café caracol manzanas que no estén podridas millo granulado garbanzas judías, etc., etc. … Como no cabía la palabra entera en la misma línea, se partió en dos el “granulado”, pero al leerlo a la hora de comprar, mi hermana y yo no supimos interpretarlo y nos pasamos todo el día con la cantinela del “granu” y el “lado”.

En fin, experiencias que vivimos, y que de seguro no tienen los niños de hoy día, porque se pide la compra a través de Internet y te la llevan a tu casa directamente…
Y ustedes, ¿cómo vivieron su “niñez compradora…”?

22 de octubre de 2008

Bailar bajo la lluvia


(Recibido por correo de mi Anónima preferida. Gracias)

Una mujer muy sabia se despertó una mañana,
se miró al espejo,
Y notó que tenía solamente tres cabellos
en su cabeza.
"Humm" -pensó, "Creo que hoy me voy a
hacer una trenza".
Así lo hizo y paso un día maravilloso.

El siguiente día se despertó,
se miró al espejo .Y vio que tenía solamente
dos cabellos en su cabeza.

"Humm" -dijo,
"Creo que hoy me peinaré de raya en medio"
Así lo hizo y paso un día grandioso.

El siguiente día cuando despertó,
se miró al espejo y notó que solamente le
quedaba un cabello en su cabeza.

"Bueno" -dijo: "ahora me
voy a hacer una cola de caballo".
Así lo hizo y tuvo un día muy, muy divertido.

A la mañana siguiente cuando despertó,
corrió al espejo y enseguida notó que no
le quedaba un sólo cabello en la cabeza.

"¡Qué bien!" -exclamó-
"¡Hoy no voy a tener que peinarme!"

La actitud lo es todo.

La vida no es esperar a que la tormenta pase...

Es aprender a bailar bajo la lluvia


15 de octubre de 2008

D E S A T I N O

Abre con desespero las gavetas de su alma y busca incansable el pasaporte al olvido. Quiere sellarlo una y otra vez de recuerdos, quiere que permanezcan los momentos felices, quiere retornar a la alegría del amor…
Pasan los días planos, sin contenido, sin esencia, pasa la vida sin vida. Cuando llega al límite de sus quebrantos, quiere gritar, mas su garganta no habla. Un último esfuerzo le brinda el poder del llanto, pero no lo escucha quien debe hacerlo. El espejo le devuelve su triste imagen, sus palabras cansadas, su desatino, su falta de cordura.
El fantasma vaga etéreo a su alrededor, intentando reencarnarse en las sábanas que la envuelven, proyectando su perfume en la almohada donde lánguida reposa su atolondrada cabeza, pretendiendo ser la dulce compañía de aquella que un día lejano compartió su vida. Habla y habla lo que no le habló en su aventura, pero ya es tarde… ya vive en otra dimensión inalcanzable. Ya es una sombra invisible, luciérnaga imposible que sueña con ser luz.
El amor que hace tiempo compartieron dejó de existir por la falta de presencia. Cuando él descubra su verdadero camino en la eternidad, ella estará vagando en el desierto de la incomprensión y la desdicha, sin darse cuenta de que, unos pasos más adelante, podría encontrar el oasis de su dolorosa y perdida pasión.

14 de octubre de 2008

El Teatro Leal ya es Real...

(Publicado en el Periódico Digital "Lo que pasa en Tenerife")

Tras la apertura, tocaba una inauguración. El Teatro Leal de La Laguna, después de reabrir sus puertas el pasado 18 de septiembre, recibió este martes a los Príncipes de Asturias, don Felipe y doña Letizia, que hicieron los honores. Allí descubrieron una placa conmemorativa, visitaron todas las estancias y, saliéndose del protocolo establecido, saludaron a buena parte de los ciudadanos que se congregaron en el exterior del teatro para recibirlos.

Bajo un sol que rajaba las piedras, la gente esperó el tiempo que los príncipes permanecieron dentro (alrededor de una hora) para verlos también salir, echando mano de las banderas que el Ayuntamiento de La Laguna repartió al inicio del acto y usándolas como parasoles. La calle Carrera estaba atestada de personas, calculadamente alejadas de la zona de recepción por una larga hilera de vallas. De hecho, las medidas de seguridad, como suele suceder en este tipo de actos, eran extremas: a muchos les hicieron abrir sus bolsos y mochilas desde que se acercaban a la manzana del teatro, mientras que otros con menos suerte fueron expulsados por las fuerzas de seguridad sin motivo aparente.

Como era de esperar, en la inauguración estuvo presente la clase política regional, presidentes del Gobierno y Cabildo incluidos, y un surtido grupo de invitados. Paulino Rivero acudió acompañado por su mujer, Ángeles Mena. También estuvo la alcaldesa lagunera, Ana Oramas, el ex alcalde Elfidio Alonso y algún que otro concejal de la oposición. Doña Letizia vino al Leal vestida con un vestido beige y zapatos marrones de altísimo tacón, mientras que don Felipe se decantó por un discreto traje gris.

Ambos recorrieron la calle, arriba y abajo, para saludar a los curiosos que se agolpaban contra las vallas. Y estos les respondieron con halagos ("¡Qué guapa estás, Letizia!", "¡Vivan los príncipes!", entre otros) y con numerosas muestras de afecto. Eso sí, todos con un móvil o cámara en la mano intentando capturar una instantánea de la visita real. Hasta el personal del Hotel Aguere, situado justo enfrente, se permitió el lujo de descansar por unos minutos para hacer una foto. A noveleros no nos gana nadie.

10 de octubre de 2008

PERIÓDICOS

Leer los titulares de las noticias de los periódicos cada día supone un ejercicio mental que nos puede llevar a la carcajada más sonora, a la tristeza más absoluta o al desconcierto más perplejo.
Ejemplos:

- El SCS acepta mantener los privilegios laborales del HUC
¡Ahh! ¡Se siente!... El que no sabe lo que significan las siglas, que se fastidie.
Sigo…

- El mejor queso del mundo pide auxilio…
¡Por Dios! ¿Qué le pasa al pobre queso? ¡Ah! La Cooperativa que lo produce afronta una crisis económica que pone en duda su viabilidad. ¡Amigo! Crisis económica afrontamos muchos…
Continúo…

- Definitivamente, “miembras” no existe…
El Diario del Congreso suprime intencionadamente esa palabra del Acta oficial de la comparecencia de la Ministra Aido al Congreso. ¡Hombre! Después del jugo que le han sacado a la noticia, me parece correcta la decisión.

- Los presidentes abogan por una fiesta….
¡Hala! El mundo en crisis y los presidentes de fiesta… A ver… Bueno, los presidentes de dos equipos de baloncesto locales que se van a enfrentar en un partido piden tranquilidad para los aficionados. ¡Eso es otra cosa!


- Prohibidos los hombres-anuncio en Madrid…
O sea, es decir, que van a prohibir a Nadal, a Gasol y a Francisco Rivera hacer publicidad… ¡Qué va! Son los hombres que llevan carteles colgados en su cuerpo, y que según el equipo de gobierno de Gallardón, este tipo de publicidad es indigno para la persona…

Me río yo de los peces de colores…

7 de octubre de 2008

TÍO PEPOTE

Reconozco que últimamente estoy un poco nostálgica, o melancólica, o yo qué sé cómo. Y me vienen a la memoria situaciones o vivencias de mi niñez. El otro día leí en el blog de Astrágalo que “nunca hay que abandonar el niño que llevamos dentro”. Y recordé al “Tío Pepote”.
No sé cuántos años tendría, y como todos los niños, supongo, era muy inocente. Mis padres tenían una enorme radio (todavía no había llegado la televisión), y para mí era todo un misterio cómo podían salir voces de aquel aparato. Los jueves por la tarde se emitía un programa dedicado a los niños que se llamaba “Tío Pepote”, así que mis hermanos mayores y yo, antes de que empezara, nos sentábamos en el suelo alrededor de la radio para escucharlo. Nos contaba cuentos, cantaba canciones infantiles y, en un momento dado nos regalaba caramelos. Sí, caramelos. Yo no sé cómo lo hacía, pero cuando nos decía que miráramos detrás de la radio, allí estaban los caramelos.
Mi asombro era mayúsculo al ver colocados los caramelos de colores en la mesita, sobre un pañito de ganchillo que había hecho mi madre para proteger la madera.
Nunca entendí cómo nos enviaban los caramelos a través de las ondas, y nunca supe entender el sospechoso afán de mi madre por limpiar el polvo de la mesita mientras nosotros escuchábamos al “Tío Pepote”.
Y, ahora que lo pienso, voy a mirar detrás del ordenador a ver si alguien me dejó algún caramelito que me endulce el día…

2 de octubre de 2008

ACTORES, AMORES...


Creo que he contado alguna que otra vez mi afición al cine desde que era pequeña. Tenía una colección de carteles de mano, “programas” les llamábamos, de cada película que proyectaban en el Teatro Leal, porque mi padre era el que vendía las entradas y me guardaba siempre uno, aparte de los que fui recogiendo cuando, un poco mayor, empecé a ir a los otros cines que existían en La Laguna, Cine Coliseum, Cine Parque Victoria o Cine Dácil y que hoy día ya desaparecieron incomprensiblemente.
Ahora sólo tenemos la posibilidad de ir a un Cine en el Centro Comercial Alcampo, eso sí, con no sé cuántas salas, o irnos “a la capital” que tiene una oferta mayor.
Lo de los programitas creo que tampoco existen, aunque mi colección dejó de serlo un día en que mi madre decidió o me convenció para que yo lo decidiera (eso no lo tengo muy claro), que aquella cantidad de papelitos sin orden ni concierto no servían para nada. En fin…
Mi hermana y yo nos “adjudicábamos” la personalidad de las actrices, y recuerdo que una de las que “me adueñé” era Romy Schneider, seguramente por el personaje fascinante que interpretaba como la Emperatriz Sissi.
Cuando ya empezamos a “soñar” con actores, fueron muchos los que atraían nuestra atención: Harrison Ford, Robert Redford, Sean Connery, Anthony Hopkins y Clint Eastwood entre otros.
Hace unos años, y visto y comprobado que mis “sueños” (los podía llamar fantasía sexual… amores platónicos…) se iban a quedar sólo como “sueños”, me enamoré de Kevin Costner. Mi hija me regaló una postal que guardo en una gaveta de mi dormitorio, y su amiga Tere me decoró un portalápices con varias fotos suyas. Tanto me gustaba…
Más recientemente, me he vuelto a enamorar, esta vez de Richard Gere y George Clooney. No lo puedo evitar ¿qué voy a hacer?
El tiempo pasa y ahora me conformo con mirar sus fotos. Cada día, al llegar a casa y bajarme del coche, en una pared del garaje los tengo colocados a los tres. Me miran con una dulzura y una sonrisa socarrona que me alegran la tarde.
Y para que mi Alejandro no se ponga celoso, le coloqué a la Julia Roberts al lado. No se podrá quejar.
Amores… Actores…

1 de octubre de 2008

SONIDOS - PALABRAS


En sus oídos resuena el batir de los dados dentro del cubilete. Una mano certera los lanza a la superficie verde de la mesa. Rueda uno tras otro golpeando suavemente los bordes del rectángulo mientras se apagan las gargantas en una plegaria conjunta. Unos segundos de esperanza para que la danza termine con una disposición favorable de premio…
Así derrama al aire las letras que bullen en su cabeza una y otra vez, deseando que se formen las palabras más preciosas que nunca ha sabido expresar, las palabras precisas para romper los silencios y conseguir el despertar del amado, la letanía callada que desde hace años guarda en su mirada…

24 de septiembre de 2008

COMETAS EN EL CIELO



A mí el título de las películas me dice mucho, y si me gusta, pienso que también me va a gustar el contenido. En este caso, no me equivoqué.
“Cometas en el cielo” es la historia de Amir, un escritor que después de 20 años viviendo en Estados Unidos debe volver a su país, Afganistán, a pesar del peligro que supone el implacable gobierno de los talibanes, para enfrentarse con los oscuros secretos de su pasado y para encontrar una segunda oportunidad en su deseo de reparar el daño que hizo entonces.
Amir va rememorando su niñez con su amigo Hassan, hijo de un sirviente de su padre, en un país dividido al borde de la guerra civil.
Me llamó la atención un cuento que Amir lee a Hassan, sobre un hombre que lloraba por su extrema pobreza cuando encontró una copa mágica, donde las lágrimas que caían se convertían en perlas. No les voy a contar de qué forma conseguía llorar para poder enriquecerse, pero les aseguro que no era partiendo cebollas.
Hay algunas imágenes que impactan en la película, pero yo me quedo con la de las cometas que se cruzan en el azul intenso del cielo de Kabul mientras los niños participan en un torneo infantil.
La recomiendo.

19 de septiembre de 2008

EN EL PARQUE

Todos los días hacía el mismo recorrido hasta aquel parque. Llegaba a la plaza, cruzaba el caminito de tierra, se encontraba con la fuente, uno, dos, en el tercer banco se sentaba a la misma hora. Y esperaba… No sabía bien qué, pero esperaba.
Hoy se retrasaban las dos señoras que pasaban cada día con el carrito de la compra hacia el mercado. ¡Ah, no! Ya las veía a lo lejos, charlando animadamente, con paso lento pero seguro, sin atender a otra cosa que su propia conversación.
A los pocos minutos cruzaba el señor que paseaba al perro. O ¿era el perro el que paseaba al señor?
Hacía tiempo que no encontraba a la joven embarazada que también acostumbraba caminar por aquel lugar. Últimamente la veía muchas veces sentada en el segundo banco, con sus pies hinchados y los ojos brillantes, leyendo revistas cuya portada ocupaban lindos rostros de bebés. Tal vez su hijo ya hubiera nacido y le ocupara todo su tiempo.
De vez en cuando pasaba algún grupo “organizado” que, indiferente, seguía su camino sin mirarle. Lo mismo podía estar integrado por jóvenes ruidosos que iban riendo sin aparente motivo, que por extranjeros con la cámara de fotos en mano dispuestos a sacar la preciada instantánea de recuerdo.
Las palomas revoloteaban a sus pies en busca de algo de comida. Si una levantaba el vuelo, las demás la seguían, y si la más afortunada encontraba algunas miguitas de pan en el suelo, allá iban todas a conseguir algún bocado.
El incansable ruido de la fuente se integraba en el paisaje y el canto de algún mirlo destacaba entre el murmullo de las hojas que se movían en los árboles. Como cada día, alzaba su rostro intentando encontrarlo entre las ramas, y aunque sus ojos se movían rápido, nunca acertaba a dar con él.
El ruido ensordecedor de una moto desvió su atención por unos momentos, pero enseguida volvió la calma.
Se olvidó del mirlo, de la embarazada y hasta del señor del perro. Siguió sentado en el tercer banco del parque. Como cada día, esperaba… No sabía bien qué, pero esperaba.

15 de septiembre de 2008

TEATRO LEAL (La Laguna)

El 7 de mayo de 2007, publiqué en este blog un post dedicado al Teatro Leal, donde reflexionaba sobre los sentimientos que me producía este lugar en mi lejana niñez, y los recuerdos que bullían en mi cabeza, porque en aquella fecha se decía que iba a abrir sus puertas, después de mucho tiempo cerrado por “obras”.
Ha tenido que pasar otro año más hasta que, según parece, el próximo día 18 de septiembre, coincidiendo con las fiestas del Cristo, el Teatro Leal de La Laguna por fin inicie su nueva andadura cultural en esta ciudad Patrimonio de la Humanidad. La inauguración oficial se hará en el mes de octubre y asistirán los Príncipes de Asturias.
El Teatro Leal, ubicado en la Calle Carrera (eje principal de la ciudad), se levantó entre 1912 y 1915 por orden de Antonio Leal con diseño del arquitecto Antonio Pintor. El edificio tiene una fachada renacentista ornamentada con elementos vegetales y animales y en su interior, destacan las pinturas del patio de butacas y los lienzos de los anfiteatros. A lo largo de su historia, el Teatro Leal ha desempeñado un papel “crucial” en la vida cultural de la ciudad de La Laguna y de Tenerife.
Fue la sede de las primeras proyecciones cinematográficas realizadas en La Laguna en las primeras décadas del siglo XX, y acogió numerosos espectáculos, tales como juegos florales, conciertos musicales, bailes de carnaval o representaciones teatrales, pasando por su escenario destacados artistas.
Por una serie de problemas en la cubierta del Teatro, cerró sus puertas en el año 1990. No hubo pronta respuesta de la Administración ni tampoco dinero para la rehabilitación, con lo que la ciudad se ha sumido durante casi veinte años en una inactividad cultural a la que los laguneros hemos asistido impotentes y resignados a la vez.La semana pasada se llevaron a cabo unas Jornadas de Puertas Abiertas, para que pudiéramos visitar, sin pagar, el Teatro renovado. Y yo, sin dudarlo, me apunté. Pero claro, muchísima gente se apuntó también, con lo que tuvieron que repartir números (como en el Supermercado) para poder entrar. La visita, guiada por una señorita que trabaja en Patrimonio del Ayuntamiento, duró quince minutos, después de una espera de dos horas.
Las pinturas del techo y del patio de butacas, obra del pintor López Ruiz fueron restauradas por el Instituto de Restauración de la Universidad Politécnica de Valencia, mediante un convenio de colaboración entre el Ayuntamiento de La Laguna y el Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio CICOP.
Pudimos ver la parte nueva que, según nos dijo, debe existir en toda obra de Restauración, con materiales totalmente distintos para que se aprecie la diferencia, y que en este caso es una especie de cúpula en lo más alto del Teatro que servirá como Salón de Actos o Sala de Ensayo.
Llegamos a la cúpula a través de una Escalera Imperial, y desde allí pudimos apreciar los tejados antiguos del Casco Histórico de La Laguna.
No pudimos ver “las bambalinas” del escenario, que me hubiera gustado mucho, ni la nueva zona de camerinos ubicada en la Casa Porlier, un edificio del siglo XVII anexo al Teatro, adquirido por el Ayuntamiento, al que se puede acceder desde la Cúpula.
Tengo que decir que el Teatro está precioso y más luminoso de lo que lo recordaba, pero la sorpresa que me llevé es que no hay Taquilla. La taquilla de venta de entradas donde mi padre tantos años trabajó, no existe. Cuando le pregunté a la señorita-guía acerca de su ubicación, realmente lo desconocía y en todo caso, me dijo señalando una mesa y una silla, sea ahí donde probablemente se vendan las entradas, aparte de las Ventas por Internet, tan en boga.
No sé explicar la sensación que tuve en esa visita. Al mismo tiempo que se me venían a la mente las imágenes de cuando era niña, esas que detallé en el post del que les hablé al principio, sentía que ya el Teatro “no era mío”.
No podré ir contando las butacas y corriendo por ellas como si fuera un laberinto, no estaré acompañando a mi padre en aquel cuartito con dos ventanitas por donde llegaban miles de caras a comprar las entradas para el cine, no iré a comprar chucherías a la cantina de Manolo, ni don Antonio Melgarejo o don Pancho nos dejará pasar por su bien guardada Portería.
Y no me encontraré los domingos por la mañana, a la salida de la misa de las once, con aquel chico que tocaba un piano que estaba colocado al pie del escenario, y que a mi hermana y a mí nos parecía que tocaba como los ángeles.
En fin, que volveré al Teatro Leal a ver cualquier función como puedo ir al Auditorio o al Teatro Guimerá en Santa Cruz, pero ya no será lo mismo.

12 de septiembre de 2008

DOS CAMINOS



Se prometían una tarde feliz cuando decidieron pasarla juntos. Hicieron los preparativos, cada uno por su lado, y guardaron en sus mochilas unos cuantos recuerdos que comentar, algunas alegrías que compartir y no pocas emociones por vivir.
A la hora convenida se encontraron e iniciaron su caminar. Sin adivinar el detonante, aparecieron en la memoria momentos aciagos y silencios escupidos. El aire se rompió con tijeras de podar y la rabia contenida impedía a los dos pares de ojos vislumbrar el horizonte.
El ansia por hablar dio paso al mutismo desconsolado, y la agria despedida sólo sirvió para aumentar el dolor y la distancia.

7 de septiembre de 2008

Un poco de música

Hoy les invito a disfrutar de un poco de música. Es el Adagio de Albinoni





La verdad es que no sé mucho de este compositor italiano del barroco, pero me gustó hace tantísimos años cuando escuché una canción titulada "Adiós a la tristeza" interpretada por Dyango, sobre la base armónica del Adagio.





Y me llegó totalmente al corazón cuando hace seis años me cautivó Rosa López al escucharla cantando "Ausencia", con distinta letra en la canción y la misma música de Albinoni.







Hay una gran diferencia, pero para gustos se hicieron colores. ¿Qué opinan?



(Espero que se oiga sin dificultad porque es la primera vez que inserto música en el blog, aunque al final tuve que recurrir a la ayuda de mi hijo. Si pinchan en los enlaces, se abre una página nueva con la información ¡cosas de la Internet!)

3 de septiembre de 2008

DOÑA PERFECTA

Eres doña perfecta. Tienes una privilegiada memoria, que sólo te sirve para repetir una y otra vez estúpidos momentos de tu estúpida vida.
Vas a la peluquería todas las semanas, al gimnasio todos los días y te retocas el maquillaje a todas horas, lo que te sirve para tapar tus impurezas, para presumir de apariencia y para ocultar tu edad.
Vas a misa todos los domingos y fiestas de guardar, lo que te sirve para autoconvencerte de tu falsa bondad y de que gozas del falso reconocimiento de los demás.
No escuchas a nadie de los que tienes a tu alrededor, porque sólo reconoces tu propia voz.
Celebras tus éxitos a voz en grito, pero nunca felicitas a los demás por los suyos.
Restas importancia a tus fracasos, mientras dejas al descubierto los de los demás.
Si tengo una herida, la tuya es mayor; si siento nostalgia, tú sientes el doble, y si compro barato, tú llegaste antes a la mejor oferta.
Tu marido te quiere más, tus hijos son más inteligentes, tu trabajo es insuperable y vives en un idílico país.
Eres doña perfecta. O eso te crees.

30 de agosto de 2008

¡V O L V Í! (II)




En nuestro “espectacular” viaje efectuamos dos pequeños cruceros, uno por el llamado Fiordo de los Sueños (Sognefjord) y otro por el Fiordo Geiranger. Fueron travesías de unas dos o tres horas, con unos maravillosos paisajes, muchísimas cascadas de agua y unos pequeños poblados al pie mismo de las escarpadas montañas, como pueden ver en las fotos, con dificultades para proveerse de víveres para el sostenimiento diario, a lo que se suman las nieves durante casi todo el año, por lo que terminan por abandonarse.



En los trayectos en guagua de un lugar a otro, nos da tiempo de hacer muchas cosas. Creo que yo era la única que tomaba notas de todo lo que veíamos, de los nombres de los lugares, de los gastos que llevábamos y de las anécdotas que nos sucedían. Manías…
Algunos cierran los ojos nada más subir y duermen “a pierna suelta” hasta la siguiente parada. Algunas señoras cabecean con las gafas de sol puestas para disimular, pero se recomponen discretamente cuando la cabeza se les cae a un lado. Otra no para de hablar y hablar y terminamos enterándonos de toda su vida, mientras mi hermano dice: ¡Por Dios, que desenchufen a esa mujer!
Mi Alejandro intenta sacar fotos a través de la ventana de la guagua, porque todos los paisajes nos impresionan, pero siempre se interpone el árbol o el poste de turno.En la subida a Flam en tren, mi cuñada consiguió ésta
Cuando estábamos llegando al Glaciar de Briksdal, el guía nos ofrece la posibilidad de realizar un trayecto en helicóptero (no incluído en el importe del viaje), de unos quince minutos de duración, para ver las nieves perpetuas en la cima de las montañas. Como dice el dicho, si no te gustan las lentejas, te comes dos platos, así que después de los tiras y aflojas correspondientes, acepté subirme yo también. No me arrepiento, porque aparte de que fue una experiencia inolvidable, no sentí tanto miedo como pensaba, la subida a las alturas la hace de forma escalonada y no brusca, y las imágenes que disfrutamos no quedan reflejadas en las fotos en toda su belleza.


Hicimos una caminata al mismo glaciar de Briksdal, cuarenta minutos de subida y otros tantos de bajada, y cuando estábamos sacando fotos, me dio un vuelco el corazón al escuchar un ruido de lo que era un desprendimiento de nieve. Le recomendé a mi cuñada que ella sacara las fotos porque yo salí corriendo cuesta abajo. Un diez para ella que tuvo la tranquilidad de hacerlo, y aquí se puede comprobar la diferencia de la nieve entre un momento y el otro.


Según se comenta y así lo creo, el glaciar disminuye cada año como efecto del calentamiento global.
La última ciudad que visitamos fue Bergen, muchísimo más linda que Oslo, la capital, y con muchas más cosas que ver y disfrutar. Subimos en el funicular al Monte Flöyen, una de las siete colinas en que se asienta la ciudad, desde donde se ve una panorámica preciosa de la misma y el fiordo.
Paseamos por el Mercado del Pescado, verdadera Torre de Babel, donde encontramos muchos hispano hablantes y nos comimos el típico bocadillo de salmón y gambas, caminamos por el Barrio Hanseático, carta de presentación de Bergen y Patrimonio de la Humanidad,
y hasta escuchamos un concierto de órgano en la Johanneskirken (Iglesia de Juan, para que me entiendan).
Como curiosidad nos contaron que hasta hace pocos años, esta ciudad de Bergen tenía máquinas expendedoras de paraguas por la gran cantidad de lluvia que caía, y que fueron retiradas no porque dejara de llover, sino porque rompía la estética del lugar.
A todas estas, mi hija y mi sobrina nos informaban por teléfono de las medallas olímpicas que iba consiguiendo España, y durante los dos últimos días del viaje vivimos pendientes de las noticias sobre el accidente de Barajas. Cuando cogimos el avión en Bergen para ir a Oslo, cerré los ojos e hice respiraciones para tranquilizarme, tardó cerca de una hora y se me pasó rápido porque ahí sí nos sirvieron un desayuno (que no me pude comer, claro). Acto seguido, cogimos otro avión desde Oslo a Tenerife (cinco horas y media), en que ya venía pensando en lo que había disfrutado y en las maravillas que había visto, así que me dije ¡lo hecho, hecho está, y ahora que me quiten lo bailado!
Y el lunes, a trabajar…

25 de agosto de 2008

¡Volví!

Afortunadamente, estoy de vuelta. Atacada de los nervios y con mucha tristeza por el accidente de Barajas, como ya imaginarán, pero pensando que todavía no me toca y que hay que seguir hacia adelante.
He estado una semanita de viaje por los Fiordos Noruegos y he disfrutado unos paisajes maravillosos.
Como ya conté el año pasado, lo de subirme a un avión es algo que llevo malamente, así que unos días antes de comenzar el viaje, los nervios hacen acto de presencia en mi estómago y no me permiten ni tan sólo imaginar cómo será lo que en su folleto nos ofrece la Agencia de Viajes como “espectacular”. Horas antes de salir, ni siquiera me apetece responder cuando me hablan, y mi semblante no refleja que vaya a empezar un viaje de vacaciones.
En el camino en guagua hasta el aeropuerto del sur de la isla donde cogemos un avión de la compañía SAS (la misma que Spanair), empiezo a tranquilizarme con las bromas y palabras del guía que nos acompañará durante toda la semana. Nos recuerda que la única posibilidad que tenemos los isleños de viajar y conocer mundo es a través del avión, así que intento llevar esa idea conmigo.
Mientras espero el embarque, la “pelota” que llevaba en el estómago se va pasando para la garganta y cuando despega el avión, ya no me quedan uñas que morder.
El vuelo nos lleva directamente a Oslo y tarda unas cinco horas y media, tengo tiempo de hacer crucigramas, continuar la lectura de un libro que llevo a la mitad, comer un sandwich, y hasta fijarme en algunos compañeros de viaje que supongo ya van de vuelta a su país, por el “color” rojo que lucen en su piel blanca.
Cuando tomamos tierra, vuelvo a ser yo e intento disfrutar lo que el país nos ofrece. En Oslo nos recoge una guagua española ¡de Lucena-Córdoba! con un conductor andaluz que nos llevará en todo el viaje.
El nivel de vida en Noruega es bastante alto, una cerveza puede costar unos ocho euros y un "café-café" cerca de cuatro euros. Es un país que no está integrado en la Comunidad Económica Europea, así que tienen su propia moneda, las Coronas Noruegas, aunque en casi todas las tiendas aceptan euros.
Lo primero que nos dijeron era que teníamos que ir vestidos “como cebollas” (¡a mis años!), es decir, con capas de ropa para el frío. Pero como los canarios llevamos el sol a todas partes (ja, ja), no hizo falta ni el chubasquero, el tiempo nos acompañó y tanto mi Alejandro como mi hermano Melquiades estuvieron todo el rato con pantalón corto y camisa de manga corta (¡hasta para ir a ver un glaciar!).
Comimos mucho salmón, mucho arenque, el agua buenísima (y gratis) y muchas horas de claridad, tanto que a las cuatro de la mañana se hacía de día y ya no pegabas ojo (yo no tenía problemas).
El turismo no les quita el sueño a los noruegos, así que tampoco te ponen una “alfombra roja”. Te ofrecen lo que tienen, sin más.
Mi práctica del inglés se redujo a pedir “hot milk” en el desayuno, “beer” en el almuerzo y a entender cuando nos decían los precios en inglés.
En Oslo, visitamos el Ayuntamiento (City Hall), que es donde anualmente se entrega el Premio Nobel de la Paz. El resto de Premios Nobel se entregan en Suecia.
El edificio (aquí está la foto) fue construído en el Puerto para subrayar la identidad marítima de la capital, que por otro lado, es la que tiene menos tráfico terrestre de toda Europa.
La Nueva Ópera de Oslo, diseñada por el estudio de arquitectura noruego Snohetta, asemeja un gran témpano de hielo que emerge directamente del agua de la bahía del fiordo de Oslo creando una sensación integrada con el entorno.



Según nos contó el guía, Oslo es la capital más segura de toda Europa, de hecho la policía no porta armas en su uniforme. A los chicos que llevan a cabo infracciones leves, el castigo que les imponen es el cuidado de los jardines públicos y la limpieza de las calles.
En Oslo visitamos también el Parque Vigeland, impresionante en su extensión y con una exposición permanente de esculturas que se inspiran en acontecimientos de la vida cotidiana, desde el nacimiento y la infancia, pasando por la adolescencia y el primer amor, hasta llegar a la vejez y la muerte.
Visitamos el Museo Vikingo y el Museo del Barco Polar Fram, el navío más resistente del mundo que ha realizado travesías tanto al Polo Norte como al Sur del planeta en busca de nuevas tierras. El museo se construyó en el lugar donde previamente se había colocado el barco en tierra, y fue toda una experiencia visitarlo por dentro, hasta las bodegas.
Muchos otros edificios interesantes, como el Palacio Real o las curiosas Iglesias de Madera, vimos en Oslo antes de adentrarnos en los Fiordos propiamente dichos, pero eso lo dejamos para otro día.

 
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