20 de noviembre de 2007

El chupete

Hoy, 20 de noviembre, se celebra el Día Universal de la Infancia. Desgraciadamente, cada día se violan los derechos de millones de niños y niñas en todos los países del mundo. Tenemos que seguir luchando para que se conviertan en realidad los Derechos de los Niños y Niñas.

(Este relato lo escribí hace unos cuantos meses, y hoy lo vuelvo a editar con el deseo de que nunca sucedan situaciones como la que describo)


Buscaba su chupete por toda la cuna, entre sus pequeñas sábanas y hasta dentro del forro de su diminuta almohada. No lo encontró.
Lloraba inconsolable cuando llegó su madre, que por arte de magia, lo puso en su boca. La pequeña, agradecida, esbozó una sonrisa que iluminó la habitación. Pero la madre ni reparó en la carita de la niña, cubierta de lágrimas. ¡Que te calles, te digo! Dio media vuelta y la volvió a dejar sola en su cuna.
Allí se quedó de pie, setenta centímetros escasos, sus manitas agarradas a la barandilla, pidiendo con sus ojos que aquella mujer le devolviera una sonrisa para recuperar su tranquilidad.
Siguió oyendo los gritos que provenían de la habitación contigua y que la tenían asustada desde hacía rato. Eran las voces de su madre y de aquel hombre que de vez en cuando se asomaba a la puerta y la miraba de forma extraña. Una vez la había besado, pero la barba le había raspado su fina piel. No le había gustado.
La pequeña siguió llorando, reclamando atención. No quería estar sola y tenía miedo de aquellos gritos. Se le cayó la chupa, pero aunque esta vez estaba al alcance de sus llorosos ojos, no lo estaba a la de sus deditos. Intentó cogerla sin éxito, y volvió a llorar.
El chupete le daba cierta seguridad. Cuando tenía hambre y su mamá no le daba la comida, se calmaba chupando ávidamente aquella goma que parecía soltar los jugos más deliciosos. Cuando su madre la dejaba largos ratos en soledad, la chupa la acompañaba. En esos momentos, la tenía colgada al cuello, y había descubierto que se la podía quitar y poner de su boca con cierta facilidad. Pero ahora, no. Su madre se había olvidado de sujetarle la cadena, así que se le caía continuamente.
Intentó llorar más y más fuerte. Le pareció que su madre también gritaba de dolor. El hombre le decía algo relacionado con la niña. De forma apresurada, la madre entró otra vez en la habitación diciendo que dejara a su hija tranquila, que la niña no tenía culpa de nada. La cogió en sus brazos bruscamente, le puso el chupete en la boca y a la niña le pareció que llegaba su salvación.
Pero sucedió lo contrario. A trompicones, la mujer intentó huir hacia la puerta de la calle. El hombre se interpuso y no la dejó salir. Empezó a zarandearla y a golpearla ante los atónitos ojos de la chiquilla, que no paraban de llorar. La madre le gritaba al hombre, pidiendo que la dejara salir, que no le pegara más, intentando esquivar los golpes como podía. Y a la niña le exigía que se callara de una vez, que también la tenía harta.
Al hombre ya no le importaba si estaba pegando a la madre o a la niña, y la madre tampoco tenía en cuenta que aquella muñeca estaba tremendamente asustada y presa de dolor. Llegó un momento en que los dos pugnaban por controlar aquel cuerpecito que, en el furor de la pelea, se deslizó al suelo irremediablemente.
El fuerte golpe sirvió para dejar paso al silencio de aquellos dos seres. Los pequeños rizos de su cabeza quedaron cubiertos de sangre de forma rápida. Y en la manita, fuertemente agarrado, el chupete.

10 despertares:

Miguel dijo...

Una historia demasiado triste para leerla tan temprano, sobre todo por que es demasiado real, demasiado cercana a las columnas de sucesos de los periódicos.

"pidiendo con sus ojos que aquella mujer le devolviera una sonrisa para recuperar su tranquilidad."

Supongo que ahora son otros los que necesitan que les devuelvan una sonrisa para recuperar la tranquilidad, una tranquilidad que no llegará nunca.

Livaex dijo...

Migue: La verdad es que salió un poco triste. Ojalá nunca fuera realidad. Saludos

Trini dijo...

Me he quedado con el corazón en un puño...
En efecto, una historía triste porque sabemos lo real que es y lo, desgraciadamente, al día que está.
No hay sonido que duela más que el llanto de un niño...

Besos

Leodegundia dijo...

Puede que este relato sea imaginario, pero desgraciadamente cuanto de esto sucede en la vida real y cuantos niños pagan incluso con su vida las desavenencias de sus padres.
Creo que mejor que celebrar el Día Universal de la Infancia, sería hacer unas leyes que protegieran a esa infancia y se hicieran cumplir a rajatabla. Celebrar un día no sirve para nada.
Te felicito, el relato es muy bueno.
Un abrazo

Batsi dijo...

Conozco eso. Tambien escribi un post semejante pero en lugar del chupete, con una muneca de trapo...

Livaex dijo...

Trini:La vida es muy injusta para algunos inocentes. Besos
Leo: Así es. Debemos celebrar la felicidad de los hijos cada día, si tuvimos el coraje de traerlos a este mundo. Gracias por tus palabras. Besitos.
Batsi: Ya leí tu post "Gotitas" y también es muy triste, sobre todo cuando uno lo vive en persona. Un abrazo.

alnitak dijo...

Irremediablemente, no he podido contener las lágrimas...
Parece mentira que esto suceda tan a menudo...
El corazón se me encoje y llora de dolor...
Un relato muy triste pero que refleja, también tristemente, la realidad...
Besos

Livaex dijo...

Alnitak: ¡Y que nos cuesta mucho derramar lágrimas...! Gracias y besitos

Alimontero dijo...

Uff amiga... me he quedado plop!..
me ha llegado al corazón... que nos está pasando??... para que esto esté ocurriendo es porque algo pasó en la vida de esos "padres"... como fue su infancia? que imagen de padre/madre aprendimos??... ahi.. ahi está todo ..
Un abrazo desde Chile
Ali

Livaex dijo...

Ali: La verdad es que hay muchos casos como éste, y todo depende de la educación que se nos da. Gracias. y un beso

 
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