15 de octubre de 2007

La cita

Entró silbando y con paso decidido al bar donde se había citado con ella. Saboreó un café durante los minutos de espera, y repasó mentalmente las palabras que iba a decirle.
Durante los meses que llevaban trabajando juntos se había ido enamorando de ella, pero hasta ahora no se había decidido a manifestarle sus sentimientos. Notaba día a día cómo crecía entre ellos la complicidad, cómo vibraban sus corazones al unísono, cómo sus risas se entrelazaban formando un coro de alegría que inundaba su corazón.
Jamás había sentido por otra mujer ese impulso y una voz en su interior le decía que había llegado el momento de compartir su vida, de compartirla con ella.
Le abriría su corazón y dejaría que se fuera convenciendo de su amor a través de sus palabras, de su mirada, de su ternura. Lo pondría todo a sus pies. Sería su amigo, su amante, su fuerza, su calor.
Miró el reloj y comprobó que ya pasaban unos minutos de la hora convenida. Pidió otro café y siguió pensando en ella.
Ella, en su casa, se había despojado de su abrigo por tercera vez, indecisa a la hora de salir. Tendría que haberle puesto una excusa para no ir a la cita cuando él se lo pidió, pero no se atrevió. Ahora se temía lo peor, y lo peor era que él le manifestara sus sentimientos. No sabría qué decirle. No quería complicaciones en su vida, ya había sufrido mucho por un hombre y no pensaba repetir la experiencia.
Pensó en él. En sus ojos. Últimamente despedían un brillo especial cuando la miraban, y ella disimulaba su sonrojo. Reían juntos por cualquier cosa y trabajaban en perfecta sintonía. Cogió de nuevo el abrigo. Todavía llegaría a tiempo. Pero no, no se iba a dejar convencer. Su corazón todavía estaba herido, y no quería saber de nuevos amores.
Volvió a pensar en él. En su mirada limpia. En su sonrisa abierta. En su alegría. Quizás… no, decidió finalmente que no iría a la cita. Tenía toda la tarde del domingo para buscar la excusa perfecta que darle cuando, a la mañana siguiente, lo encontrara en la oficina.
En el fondo, deseaba y esperaba que intentara de nuevo pedirle una cita.

7 despertares:

Nosotras mismas dijo...

Gracias por ser una de las personas que hacen sonar sus tacones.

Besos.

Leodegundia dijo...

¡Bien complicados somos sobre todo en cuestiones de amor!. Es curioso, ella no acude a la cita porque sabe lo que él le va a decir y ella no quiere oirlo, pero en realidad quiere que él vuelva a intentarlo.
Muy bueno tu relato.
Un abrazo

Livaex dijo...

Nosotras mismas: Y que sigan sonando fuerte...
Leodegundia: Es verdad.¡Qué complicados somos! Gracias

•°¤*(¯`° (Bett) °´¯)*¤°• dijo...

Leo y leo el escrito y me acuerdo de "él".

Gracias por compartirlo Ligia, siempre es un placer leerte guapa!

Abrazos enormes!

Trini dijo...

Eso se llama un "Sin querer queriendo"...
Sí que somos complicados. Ojalá él no se canse y vuelva a pedirselo de nuevo.

Besos

Livaex dijo...

Bett: Gracias. Besos
Trini: Ojalá... o no, quién sabe. Un beso.

Anónimo dijo...

Muy bueno, pero me dejas con un regusto tan amargo.....................y son las 2.35 m.
Besotes,

 
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