3 de septiembre de 2007

Besos de chocolate

(A Melquiades y Nieves, excelentes y divertidos acompañantes de viaje)



“Sucedió una noche, cuando apenas tenía 20 años. Besé sus labios rojos, su cabello dorado. La noche azul y alegre, el Neckar plateado. En ese momento lo supe, lo supe sin más: En Heidelberg perdí mi corazón”

Este fragmento pertenece a un poema escrito por Friedrich Vasely en 1925 y sirve de reclamo a la Universidad para animar a los jóvenes que quieran estudiar alemán en Heidelberg, avisándoles que pueden perder su corazón en esta ciudad, considerada como encarnación del romanticismo.
El magnífico castillo en ruinas, la célebre escultura del "Padre Rhin", la iglesia gótica del Espíritu Santo, las tabernas estudiantiles, los preciosos escaparates, la plaza de la Universidad. Lo vimos casi todo, tal como nos habían prometido en el folleto descriptivo del viaje y realmente me sentí inmersa en el ambiente romántico y estudiantil de la ciudad.
Aunque en verano es más el hormigueo de turistas que de estudiantes, todo gira en torno a ellos, y la vida de la ciudad está marcada por el calendario académico. Por tener, tienen hasta una antigua “cárcel de estudiantes”, en la que hasta 1914 se castigaba a los alumnos que no cumplían debidamente con la ciudad, casi siempre borracheras o alborotos nocturnos; hoy sólo es uno de los puntos de visita turística, junto con el edificio de la antigua universidad.
Y por seguir hablando de cosas buenas, tienen unos bombones con historia:
“La historia del beso de estudiante de Heidelberg”.
En el corazón de la ciudad vieja se encuentra el café más antiguo, fundado en 1863, que empezó a ser punto de reunión frecuentado por ciudadanos respetables, profesores y, por supuesto, muchos estudiantes.
Las señoritas de las pensiones con la mejor reputación de la ciudad visitaron también este café, acompañadas de sus institutrices siempre alertas a las miradas de los alegres estudiantes y controlando hasta la más mínima coquetería de sus protegidas.
Fridolin Knöser, el dueño del café, se dio cuenta de los deseos secretos de las señoritas a las que tenía mucho cariño. Lleno de ideas renovadoras, un día las sorprendió con unos confites de chocolate muy finos a los que llamó “besos de estudiante”.
Hasta las institutrices aceptaron estos bombones sin poder evitar que se siguieran deseando los verdaderos besos, que seguramente se darían más tarde.
Mucho tiempo ha pasado y muchas cosas han cambiado. Pero los “besos de estudiante”, un dulce recuerdo de aquellos tiempos románticos, todavía existen.
Estos bombones, según dice la propaganda de la tienda donde compramos las “cajitas rojas” para traerlas de regalo, se fabrican en una pastelería propia y consisten en un relleno de chocolate, turrón y confite sobre una base de barquillo y con una capa amargosa suave.
Durante el viaje, voy apuntando en una pequeña libreta todos los detalles del mismo: el número de la habitación del hotel, los gastos que tenemos, los lugares donde hacemos las fotos, y también me gusta anotar las anécdotas que siempre surgen, para luego recordarlas con humor.
En este caso, fue mi hermano Melquiades el protagonista. Como hacía bastante calor, puso las cajas de bombones que compró, en la neverita del hotel donde nos quedamos, para que no se derritieran. Cuando nos fuimos al día siguiente… ¿se imaginan? Pues sí, se le quedaron olvidadas allí mismo.
Lo siento, hermanito, nos quedamos con las ganas de los “besos de estudiante”…
¡Que le aproveche a quien se los comió! Y tú, confórmate con los besos de Nieves.

12 despertares:

Anónimo dijo...

Para que quieres nuevas fotos, si la que has puesto está perfecta. Muy completa la narración.
Besitos de estudiante.**************

Anónimo dijo...

Haz llegar a Melquiades, a quien no conozco, mi profundo pesar por tan irreparable pérdida......pero imagino a los hermanitos Valladares "gozando" de ese maravilloso viaje que ya estamos viviendo a través de tus mágnificos relatos.

osset dijo...

Chocolate,agg, como dira homer,que bien los descrives se me hace la boca agua

Trini dijo...

Pero Ligia, dirá melquiades que, los besos de Nieves, los tiene siempre así como los de "estudiantes" tendrá que dejarlos, para probar, hasta otro viaje.
A mi, con lo que me gusta el chocolate, me pasa eso y me da un ataque:):):)

En fin, bonita historia la que nos has narrado.

Besitos

El beso del estudiante dijo...

Pues si, créeme que no pasa un día que no me acuerde de los dichosos bombones. Ojalá pueda volver un día a Nüremberg, me resultó fascinante por completo. Gracias por tus deseos. Un beso.

•°¤*(¯`° (Bett) °´¯)*¤°• dijo...

Ainsss pero que buena historia!
Besos de chocolate! que rico!

Te dejo un abrazo!

Livaex dijo...

Muchas gracias por los comentarios.La verdad es que lo pasamos bien. Un abrazo

Algaire dijo...

Tienes razón en decir que la ciudad de Heidelberg es preciosa, me encantó tu relato pues me recordó un viaje que hice hace ya muchos años.
El chocolate en Alemania, como en Suiza o en Austria es exquisito, ¿habrá alguien a quien no le guste el chocolate?.
Un saludo chocolatero.

Algaire dijo...

Perdona, se me olvidó decirte que si me puedes enviar un correo al mío del blog, me gustaría hacerte una pregunta.
Gracias.

Verónica Carmona dijo...

hace tiempo que no leia una buena historia...se rescata el verdadero sentir de los blogs (en lo que también hay una importante labor de educar a mi parecer)..te felicito

cariños


verito!

cristina dijo...

Tengo muy buenos recuerdos de Heidelberg, me ha gustado revivirlos al leer tu comentario.
Saludos.
Cristina

Livaex dijo...

Gracias por tu comentario, Vero.
Y a ti, Cristina, un saludo y gracias por tu visita. Espero verte de nuevo.

 
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