12 de julio de 2007

Lita y Héctor

(Relato inspirado en la película "Como agua para chocolate", que me impactó desde que la ví, mucho antes de leer el libro de Laura Esquivel)


Se había puesto muy contenta ese día porque Héctor había venido a pedir su mano. En realidad había venido a pedir la mano de su hermana Lita, pero primero se tenía que casar ella, que para algo era la mayor. Y además, la tradición imponía que la hermana más pequeña se tenía que quedar en la casa cuidando de la madre, así que no entendía el dolor de Lita.
La veía cada día refugiarse en la cocina con la Yaya, contándole sus penas y llorando por su amor. La cocina era su guarida y el llanto su señal. De hecho siempre había oído que desde que estaba en el vientre de su madre lloraba, y cuando nació, por supuesto en la cocina tras unos dolores de parto apresurados, lo hizo empujada por un torrente de lágrimas acumuladas durante el embarazo.
Ella, sin embargo, no lloraba nunca, ni le gustaba la cocina. Prefería mantenerse alejada, entretenida en otros menesteres de la granja. Sabía que no era tan agraciada como Lita, así que cuando supo que no se iba a quedar para vestir santos, se le alegró el semblante y el corazón.
No se daba cuenta que su alegría era la tristeza de su hermana, y que le había abierto un hueco en el pecho, por donde se le colaba el frío del dolor. Una tristeza que no podía controlar y que la tenía en vela todas las noches soñando con Héctor.
Lita empezó a tejer para ocupar esas noches vacías, y ya no paró. Una colcha interminable con la que no conseguiría aliviar el frío de su corazón.
Se acercaba el día de la boda. Día de la desesperación y día de la felicidad. Lita se refugió como siempre en la cocina. Lloraba mientras preparaba el pastel, y a pesar de que la Yaya le advirtió que tuviera cuidado, sus lágrimas cayeron en la masa. Esto provocó una extraña intoxicación cuando los invitados a la boda probaron el pastel, y ante el asombro general todos terminaron llorando, añorando al amor de sus vidas.
Ese día Lita supo del “sacrificio” de Héctor: se había casado con su hermana para estar al lado de ella. Tan fuerte era su amor que no estaba dispuesto a permanecer lejos. Quería hacerla palidecer bajo su ardiente mirada cada vez que se cruzaran por la casa. Estaba dispuesto a metamorfosear su castidad en voluptuosidad sin necesidad de tocarla, sólo con mirarla. Quería transformar su pecho virgen en alimento para su hija cuando su esposa, cada vez más enferma y desgraciada, no pudiera amamantarla.
Pero hay amores que no se pueden silenciar. Amores que hacen saltar chispas en el granero. Amores que transforman las sencillas recetas de cocina en exquisiteces de los dioses. Amores que son tan evidentes que se perciben a cientos de kilómetros. Kilómetros de colcha que cubrieron las espaldas de Lita al marcharse de su casa. Kilómetros tejidos en sus noches de soledad.
Lita llora y sufre. Su sangre se disuelve en la salsa de rosas, las rosas que le regala Héctor en su partida. Su amor frustrado no se cura con un buen caldo, como decía la Yaya, pero alivia el dolor.
Cualquier receta es buena, si se hace con mucho amor. Recetas y recetas que se van sucediendo a lo largo de los años. Platos exquisitos que le recuerdan a Héctor. Y Héctor, que espera impaciente su vuelta porque ya está solo. Solo con su hija, la hija amamantada por Lita.
Cuando se reencuentran, muchos años después, vuelven a saltar chispas en el granero. Presos de la intensa emoción encienden de un solo golpe todas las cerillas que llevan en su interior acumuladas durante tanto tiempo. Las chispas provocan una luz que ilumina el túnel por el que Héctor y Lita se adentran. Un túnel que les muestra el camino que un día, feliz y a la vez desgraciado, se vieron obligados a vivir por separado.

2 despertares:

Trini dijo...

Recuerdo que vi esta pelicula y aunque realmente triste, me gustó. Luego fui incapaz de leer el libro, me suele pasar eso. Si veo la pelicula no leo el libro y si leo el libro no veo la pelicula. No sé, manías mías.
Aquí parece que la histoía, aunque pasado los ´ñs de separación, acaba bien y eso para una romántica como yo, es primordial:):):)

Un abrazo

Trini dijo...

(Ahora bien) lo siento...
Aquí parece que la historia, aunque pasado los años de separación, acaba bien y eso, para una romántica como yo, es primordial:):):)

Más besos

 
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