12 de julio de 2007

La romería

Llevábamos cerca de una hora de pie, esperando la llegada de la romería.
Nos sentamos en un pequeño muro porque los pies y la espalda ya no respondían.

Enfrente dos señoras previsoras, que a pesar de estar sentadas porque habían traído unas sillas plegables, también se estaban impacientando. Al principio eran observadas extrañamente por las personas que subían y bajaban la calle, pero a medida que las aceras se iban llenando de gente, pasaron a formar parte del cuadro festivo que presentaba el paseo.

Se empezaron a oír tambores y chácaras que anunciaban la cercanía de los grupos folclóricos y los cencerros de los animales que venían en manada luciendo lazos de colores en sus cornamentas. Un hombre que estaba al lado de nosotros alucinaba con el largo pelaje de las cabras. A mí me asombraba la inteligencia del perro que las conducía.

La imagen del Santo Patrón de los labradores viene alegre, porque al menos una vez al año lo sacan en volandas por las calles del pueblo. La señora alcaldesa llega detrás saludando feliz a diestro y siniestro.Un grupo folclórico representativo de cada isla con sus trajes típicos pasa cantando, tocando y bailando. A alguno ya se le nota el cansancio por el esfuerzo, durante el recorrido que ya ha hecho, pero siguen bailando y la gente les aplaude entusiasmada.

Las carretas engalanadas con productos de la tierra lleva a familias completas que van asando carne, comiendo, bebiendo o simplemente hablando y cantando. Los que estamos mirando, las vemos pasar con la esperanza de encontrar algún conocido que nos haga una invitación que nos permita saciar en lo posible el hambre incipiente que ya hace rugir el estómago.

Los más atrevidos se acercan al pie de las carretas y piden comida dando voces. Otros ya van con el vaso preparado esperando que el vino de la tierra fluya de los garrafones y hay quien bebe directamente de la bota. A los más afortunados les llega a las manos algún huevo duro o un trozo de pan con chorizo, que devoran con presteza.

Siguen pasando las carretas en desfile guiadas por los bueyes. Ya algunos grupos pasan caminando, agotados bajo el sol abrasador, y el público les pide a gritos que sigan moviéndose. A veces dejan un espacio interminable entre una y otra carreta, lo que hace que algunas personas crean que la romería se acaba y se marchan hambrientos a su casa. Los que conocemos estos intermedios, seguimos esperando entre el calor, el cansancio y la algarabía. Menos mal que con la botellita de agua hemos saciado la sed.

Los barrenderos limpiando los residuos de los animales y de los no tan animales, anuncian el final de la romería.

Para el próximo año, si vuelvo, me traeré mi gofio amasado y mis papas arrugadas, aunque tenga que cargar con las sillas, como las señoras previsoras. Y si hace falta una mesa, también la traigo. Lo prometo.

3 despertares:

algaire dijo...

Es bueno que a pesar de los tiempos modernos todavía las romerías estén en alza. :-)) Está bien eso de que el próximo año seas mas previsora para que el hambre no apriete.
Saludos

Livaex dijo...

Gracias, Algaire, por tu comentario y por leerme. Un saludo.

Anónimo dijo...

Como tantas otras veces, tú, los artículos costumbristas los bordas. Enhorabuena.

 
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