2 de julio de 2007

La gimnasta


Las gradas estaban repletas de gente que empezó a gritar y a ondear las banderas de su país cuando anunciaron el nombre por los altavoces.Eran muestras de apoyo de las compañeras, los familiares y los verdaderos seguidores de aquella modalidad deportiva, combinación de arte y deporte, expresión artística y expresividad corporal, ballet y música, plasticidad y belleza.
La había acompañado en todas las competiciones, desde que era pequeña, y aunque debía estar acostumbrada a lo largo de los años, no podía evitar encontrarse nerviosa cada vez que la contemplaba esperando el aviso de los jueces para entrar a la superficie donde tenía que realizar el ejercicio. La había visto ensayarlo muchas veces, y casi rozaba la perfección, pero sabía que en apenas dos minutos se lo jugaba todo.
Se celebraba la competición oficial y su hija estaba entre las ocho finalistas. Quería que se hiciera el silencio para que no perdiera la concentración.
Estaba guapísima, con el pelo recogido en un moño alto, el rostro pintado lo justo para resaltar su belleza juvenil. No le gustaba que se pintara demasiado y se lo repetía con frecuencia, pero la última palabra en cuanto al vestuario y al maquillaje no la tenía ella.
Llevaba un traje-maillot en color verde y plata con unos dibujos que serpenteaban su cuerpo, los brazos cubiertos por unas mangas ajustadas y semitransparentes, pero lo suficientemente cómodas para ejecutar los ejercicios con flexibilidad y a la vez con elegancia. Las zapatillas de media punta que calzaba, ya gastadas por el continuo uso, eran sus preferidas. En la mano llevaba la cinta plegada. La sonrisa en su boca le confería un perfecto dominio de la situación.
Cuando le dieron el oportuno permiso, entró en la superficie enmoquetada y se mantuvo en el centro durante unos segundos interminables, en una posición que se presumía incómoda para el resto de los mortales, hasta que un clic apenas perceptible avisó del inicio de la música.
El público ahora sí guardó silencio. Ella fue desplegando la cinta con suavidad, mientras sonaban los acordes de “Carmina Burana”. Empezó su ejercicio con un lanzamiento de gran altura, encadenando los movimientos con una técnica depurada y expresividad armónica en su cuerpo.
Combinaba la dificultad de los giros en perfecto equilibrio con la flexibilidad y el dominio de la técnica del aparato. Lo mismo dibujaba círculos, espirales y serpentinas, que ejecutaba asombrados lanzamientos de la cinta, recogiéndola luego sin dificultad después de zancadas y volteretas sin fin.
Iba cumpliendo el programa establecido ocupando todo el tapiz con sus movimientos, bajo la atenta mirada de los que allí estaban. Tal parecía que ninguno quisiera respirar, no fuera a ser que el más mínimo soplo de aire pudiera entorpecer el dibujo de la coloreada cinta.
La música cambió de ritmo, y la gimnasta también. Se intercalaban en el ejercicio partes suaves y partes rápidas. En uno de los dificultosos lanzamientos, tuvo que rectificar su estiramiento para recoger la varilla sin que llegara al suelo. Su experiencia le había enseñado algunos trucos que traía bien aprendidos, y esperaba que los jueces valoraran el máximo de dificultades de que estaba compuesto el ejercicio.
La cinta ondeaba alegre sin tocar el suelo y la joven interpretaba con elegancia y estilo el ritmo que llenaba la estancia. Quedaban pocos segundos para finalizar. La madre seguía atenta porque sabía que el ejercicio acababa con una dificultad extrema.
Su corazón se tranquilizó cuando la vio recoger el aparato con una amplia sonrisa que denotaba su alegría y seguridad. El trabajo estaba hecho. El público se puso en pie, y los aplausos y los gritos inundaron las gradas. Las pancartas de ánimo y las banderas del país se elevaron alborozadas. Ahora, sólo faltaba esperar. Los jueces tenían la última palabra.
Más tarde, cuando le estaban colocando la medalla, la madre sacó su pañuelo y se enjugó las lágrimas.
(Esta historia está dedicada a todas las madres de los deportistas de competición, sea cual sea la disciplina que practiquen)

4 despertares:

Gustavo dijo...

Ay...que recuerdos...

Besitos

Anónimo dijo...

Que nunca se olviden aquellos tiempos.

Muy hermoso, sigue adelante.

•°¤*(¯`° (Bett) °´¯)*¤°• dijo...

Que lindo recuerdos!, guardalos en el lugar mas preciado!

Vengo a darte las gracias por la visita a mi blog! =)
lei cosas muy lindas por aca, prometo visitarte seguido.
Te dejo un fuerte abrazo!

Livaex dijo...

Gracias, Bett, ya sabes que yo estoy enganchada al tuyo. Ya te puse como uno de mis favoritos.

 
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