19 de julio de 2007

Amor: Siete nombres de mujer

Penélope

Penélope no reconoció al amor cuando regresó, muchos años después, a su vida. Tenía en su mente la imagen de aquel joven, aquellos ojos, aquella piel, aquella sonrisa, que no es la que estaba viendo ahora.
-¿Quién eres?
-Soy yo, Penélope. He vuelto a buscarte, tal como te prometí.
Penélope no le hizo caso y siguió su camino.
El amor continuó el suyo.
Y es que hasta por el amor pasan los años, dejando huella.


Maitechu

Maitechu quedó llorando cuando su amor se fue. Tenía que cruzar el mar para labrarse un porvenir. Un porvenir que planeaban juntos. Quería hacerse rico para ella, para darle lo mejor cuando volviera, para ofrecerle su fortuna, para amarla hasta la eternidad.
Ella tenía miedo de lo que le pudiera suceder durante la travesía, de las penas que pudiera pasar en su emigración a otras tierras, de lo que sufriría para conseguir lo que ambos querían. También tenía miedo porque presentía su próximo fin.
-No llores, Maitechu. Te prometo que volveré.
Pasó mucho tiempo, y volvió. Pero era demasiado tarde. Maitechu murió suspirando por su amor. Y es que hasta en el amor la enfermedad se hace valer.


Lucía

Lucía era el amor, era la bondad, era la ternura. Era la varita mágica que lo hacía bueno y sabio. Era el puerto que lo acogió sin pedirle nada a cambio. Era el fuerte donde él pudo anidar. Era el lugar donde nunca entraba el olvido ni las sombras, donde no había oscuridad ni soledad.
Lucía era el amor amado y perdido. Lucía se fue sin hacer ruido, acompañada del viento y el mar.
Y es que hasta en el amor deja huella la muerte.


María

María pensaba que no podía salir herida. Se entregaba a él sin reservas porque la necesitaba y ella nunca le negaba su amor.
Las llagas en su piel la delataban, pero era su esclava y siempre lo perdonaba. Él le juraba que lo hacía sin querer y María seguía soñando. Para ella sólo existía el mundo de su casa, su cocina y sus hijos, también prisioneros del miedo a su padre.
Cuando un día se miró al espejo y recordó el “no matarás” que le habían enseñado, se hizo fuerte y decidió liberarse. Enjugó su llanto, limpió sus heridas y escapó sin decir nada. Escapó para enfrentarse a lo nuevo y desconocido, pero ya no tenía miedo.
Y es que hasta en el amor, el dolor se hace fuerte.


Soledad

Soledad es la felicidad personificada. Es la sencillez, la sinceridad, la ingenuidad. Es tan natural como el agua que corre alegre desde el riachuelo. Soledad es una hermosa criatura que desconoce su belleza y la ternura que despierta a su paso.
No sabe de dónde viene ni a dónde va. Vive tan feliz en su aldea, cosiendo, lavando, riendo, alegre por el sol que la alumbra día a día y por la luna que la guía en sus noches de soledad.
Soledad es la pureza y la virginidad.
Y es que hasta el amor puede permanecer intacto e inmaculado.


Amanda

Amanda caminaba hacia la fábrica donde todos los días a la misma hora se encontraba con su amor. Quería alegrarle la vida después de cada jornada gris como obrero.
A su paso, se iluminaban las farolas apagadas, se secaban las calles mojadas y florecían las amapolas libres en los trigales.
Amanda corría al encuentro de su amado y se paralizaba su corazón cuando oía la sirena que anunciaba la libertad. No le importaba nada más que el momento del encuentro.
La sonrisa se heló en su rostro cuando supo que su amor no volvería más a la fábrica. Cuando supo que en la sierra quedó su cuerpo destrozado.
Y es que hasta el amor necesita abanderar su libertad.

Yolanda

Yolanda es una declaración de amor. Una soledad acompañada. Un credo y una verdad.
Yolanda es una renuncia a ver el sol cada mañana para superar las derrotas. Es una mano amiga eternamente entrelazada. Es un amor eternamente amado. Es tener el pecho colmado de querencias. Culto y veneración a raudales, sin forma ni freno.
Yolanda es la muerte del amor si le dejas, si te vas. Yolanda, eternamente Yolanda.
Y es que a veces, algunas veces, el amor es eterno.

(Supongo que no hará falta decirlo, pero escribo sobre siete mujeres, con siete nombres, que dieron lugar a siete canciones interpretadas por cantantes tan conocidos como Pasión Vega (mi favorita), Pablo Milanés, Serrat,Víctor Jara, Emilio José o Mocedades)


7 despertares:

algaire dijo...

Casi se podría decir que el amor toma tantas formas como personas que lo sienten y no hay duda de que tú supiste interpretarlo a través de estos siete nombres de mujer.
Un saludo

Verónica Carmona dijo...

interesante el análisis. estoy ahora mas convensida de que todos los dias una aprende algo nuevo!.

personalmente creo y siento que los sentimientos y la melancolía toman en este caso nombre de mujer, el sentir, el vivir, el decir te quiero con la garganta apretada por un suspiro, son la escencia de nuestra existencia.

cariños desde una parte del mundo que llegó a tu blog por pura casualidad (estaba buscando imagenes con la palabra mar y llegué a tu blog por una linda imagen de una pintura)

Verito!

PD: espero tu visita a mi humilde sitio

Trini dijo...

Siente historias de mujeres que nos hablan de las facetas del amor. Y si siguiesémos, habría tantas facetas como nombres de mujer...

Pasiçon vega también es de mis favoritas, ella, su voz, su manera de cantar y su gusto para elegir la letra de sus canciones que son poemas todas.

Me ha gustado mucho tu texto.

Besitos

Javier dijo...

Me gusta mucho el texto de Maitechu

Livaex dijo...

Algaire: Muchas gracias por tu comentario. Un saludo
Verónica: Ya estuve en tu sitio y seguiré visitándolo.Gracias.
Trini:Yo siento pasión por Pasión. Hace poco estuvo aquí en Tenerife y fui a verla emocionada. Un abrazo.
Javier: Ya visité tu blog interesantísimo. Gracias por tu comentario y un saludo.
Ligia

Livaex dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
osset dijo...

Seguramente Lucia seria la que a todos nos gustaria tener.
Pero Yolanda...........

 
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