7 de mayo de 2007

Publicidad

No soy entendida en publicidad, y quizás mi opinión no sea muy válida, pero aún así, y porque soy consumidora de los productos que diariamente nos ofrecen, me voy a permitir hacer unos apuntes sobre algunos anuncios publicitarios que observo a menudo en televisión.
Supongo que la intención y el objetivo que pretenden alcanzar las empresas con los mensajes publicitarios es incrementar las ventas de sus productos. Quizás quieran mejorar la imagen del mismo o simplemente darse a conocer, aunque mi opinión es que el fin último de la publicidad siempre es el económico. Por tanto, deben cuidarla mucho para que los consumidores nos sintamos atraídos por el producto. En mi caso, algunas empresas lo tienen bastante difícil, si no cambian sus mensajes.
Hay un anuncio de un “snack” que asemeja la boca de un león cuando se parte en dos, y cada vez que voy a comer uno, me acuerdo de esa imagen y me entra un repelús, porque me parece que soy yo la que me voy a meter en la boca del león. Algo parecido me sucede con un anuncio de helado. Una chica saca de su boca una lengua de víbora que llega directamente al helado, sin necesidad de cuchara. Es una imagen tan desagradable que se me quitan las ganas de comer.
Hay otros anuncios que me hacen gracia aunque no los entiendo, porque no se corresponden con la realidad. He visto uno muy curioso donde unas jóvenes abren una nevera que está completamente llena de botellas de yogur líquido. No puedo entender dónde colocan en esa casa los demás alimentos. Supongo que tendrán que hacer como Lydia Bosch, en otro mensaje publicitario, que saca un yogur de su bolso y después de ofrecérselo a una amiga, lo vuelve a guardar donde mismo. ¿?
Más imaginación tuvieron los publicistas de un champú, que cuando una mujer que entra en la ducha, se lo aplica en sus cabellos, inexplicablemente le produce un orgasmo. Aunque ahora que lo pienso, será que no se lo pone en la cabeza, porque el champú que yo uso sólo produce jabón…
También son originales por el equívoco que producen, unos anuncios publicitarios sobre una marca de chocolate que al parecer produce un “placer adulto”. En uno de ellos interviene una pareja de adultos, y la chica le pregunta al chico, antes de llevarse a la boca el chocolate, si tomó “precauciones” (¿para qué?), mientras que en otro hay unas niñas que se esconden en su habitación para no ser descubiertas por su madre ante el “pecado” que van a cometer comiéndose el chocolate.
Los niños, lo mismo que los personajes famosos, son un recurso extraordinario en la publicidad. Igual anuncian una marca de colonia que un coche. Y lo mismo sale un niño superinteligente que sabe que el 70% de las defensas del organismo están en el estómago (ante la ignorancia de su madre y otros adultos), que un pobre niño que vende periódicos en la calle con noticias extras de ofertas en un supermercado, que lamentablemente me recuerdan la explotación infantil.
Y no hablemos de los tonos, politonos y sonitonos en los móviles, donde solo hay que enviar un mensajito de nada para que cuando te llamen por teléfono, aparezca un cateto que grita tu nombre y luego te diga “bájame de aquí, cojones”, que puede que a algunas personas les haga gracia, pero a mí me parece de lo más absurdo.
Los anuncios del turrón que “vuelve a casa por Navidad” y los mensajes de la Lotería de Navidad que “reparte ilusión” son los únicos que no me importa ver año tras año sin que pierdan la frescura, la ternura y el verdadero espíritu de lo que yo entiendo como publicidad.

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