14 de mayo de 2007

Emocionada


Voy a iniciar un viaje. Con un grupo de "viejitos" como yo. Me cuesta mil euros, pero no importa. Lo disfrutaré porque quizá sea el último que haga. El último y el único.

Voy con mi amiga Leo, que es un poco más joven que yo, pero que ha viajado mucho y tiene mucha experiencia. Ya me hizo una lista con las cosas imprescindibles. Tengo que comprarme un sombrerito para soportar el sol y una mochila pequeñita para llevarla a diario. ¡Quién me verá a mí paseando con una mochila a la espalda! Le digo que me va a dar vergüenza, pero ella me contesta que en esos países extranjeros nadie me va a conocer, y que tengo que llevar bien agarraditas mis cositas: la cámara de fotos que me regaló mi hijo, la crema para el sol que me recomendó mi hija, el abanico y la botellita de agua para los sofocos, los papeles y el dinero. Yo le dije que mi dinerito lo llevaba en una carterita de tela que me la metía en el refajo para más seguridad. Le pondré un imperdible también por si acaso.

Me compré unas cholitas cómodas porque dice que tendremos que andar mucho, aunque ella sabe que yo he caminado demasiado en esta vida. Cuando era niña me recorría los montes buscando leña para luego venderla, las piernas maltratadas de cruzar zarzales y veredas para rodear los caminos, esquivando a la guardia civil para que no me pillara. Alguna vez me quitaron el haz de leña que llevaba y tuve que regresar a casa con las manos vacías ante la furibunda mirada de mi madre, que en paz descanse. Pero esos eran otros tiempos. Tiempos de penurias y hambre.

Desde que me hice mujer, me mandaron a un taller de costura para que aprendiera el oficio, cosa que tengo que agradecer, porque el poco dinero que he conseguido en tantos años de trabajo, ha sido gracias a la ropa que he hecho. Empecé haciendo pantalones y chaquetas de hombre (americanas les decíamos nosotros), para luego venderlas a las tiendas. Hoy día eso ya ni se ve. Supongo que habrá máquinas que hagan la ropa, porque las costureras sólo estamos para subir vueltos y hacer pequeños arreglos cobrando una minucia. Que quede claro que yo hablo de mi pueblo que es lo que conozco.
También aprendí a hacer punto y cuando llegaba fin de mes y mi marido venía sin el sueldo porque se lo había gastado en el bar, me vi obligada muchas veces a quedarme noches y noches en vela tejiendo rebecas para poder ganarme cuatro duros, de los duros de antes, me refiero.
En los días de fiestas señaladas, como el Jueves Santo, el Día del Cristo o el Día de Corpus, en mi pueblo es costumbre que la gente estrene ropa nueva, así que muchas vecinas me hacían encargos de última hora para los que tenía que dedicar día y noche. Yo contenta por el dinero que ganaba pero agobiada por el trabajo que tenía. Aparte de eso, les hacía los trajes a mis hijos para que estrenaran también, los quería ver arregladitos, acompañando a su padre a las procesiones. Porque eso sí, él bebía y me daba palizas de vez en cuando, pero a las procesiones no faltaba nunca. Al principio yo le acompañaba, pero cuando los niños fueron un poco mayorcitos, me quedaba en casa para que la gente no me viera los moratones, y mientras yo preparaba la comida, él los llevaba y se mostraba orgulloso ante sus amigos, todos de la misma calaña.
Bueno, de esa historia no me quiero acordar, que el pobre ya murió de una hepatitis, y bastante que sufrió, así que sólo voy a pensar en mi próximo viaje, ahora que ya los niños no son tan niños. Menos mal que han crecido fuertes y sanos y sobre todo queriéndose entre ellos y amando y respetando a sus parejas, porque siempre tuve el miedo en el cuerpo de que viendo las peleas diarias con mi marido, se fueran a comportar igual.

Gracias a Dios los tiempos han cambiado y ellos son los que me han aconsejado que viva con alegría los años que me quedan y que aproveche la experiencia de mi amiga, que ha tenido una vida totalmente distinta de la mía.
A Italia nos vamos. Ya mi hijo me sacó por la Internet toda la información necesaria, aunque Leo dice que no hace falta, que nos van explicando todo por el camino. Estoy nerviosa, pero ya les contaré.

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