20 de abril de 2007

Soledad

Iba caminando sin rumbo fijo, aunque sabía que era un trayecto de ida y vuelta. No le importaba. Se puso la sonrisa en los labios por si alguien la miraba. Una vez, hace muchos años, le habían dicho que tenía una bonita sonrisa. Ahora no tenía a nadie que se lo repitiera. Miraba a la gente con la que se cruzaba, directamente a los ojos, pero nadie reparaba en ella. Nadie reparaba en nadie. Evidentemente, cada uno conocía su camino, porque llevaban un paso apresurado, como si alguien los estuviera esperando en su destino. Tan sólo encontró unos pocos que iban disfrutando realmente del paisaje que ofrecía la ciudad. Supuso que eran extranjeros por la indumentaria que llevaban. Siguió caminando y cruzó el pequeño mercado. En los puestos de frutas y verduras, la gente se agolpaba con mucho alboroto. Las señoras mayores con los carritos de la compra, y las señoras más jóvenes con los carritos de los bebés. Algunas parejas se reunían en uno de los bares que disponía de mesas y sillas al aire libre. Pensó detenerse en uno de ellos para desayunar, pero pronto desechó la idea y siguió caminando. Llegó a un puente que siempre estaba muy concurrido. La gente se paraba en la barandilla para ver correr el pequeño río que por allí transcurría, pero ella estaba harta de verlo todos los días. Anduvo y anduvo, aunque presintió que no había pasado mucho tiempo. Caminaba muy deprisa sin saber por qué. Quizás pretendía aparentar que a ella también la esperaban. Decidió ir más despacio, deteniéndose en los escaparates de las tiendas que encontraba a su paso. No había nada en ese momento que le hiciera falta comprar, así que ni por un momento se le pasó por la mente entrar en ellas. Llegó a un parque solitario y se sentó en uno de los bancos. La cabeza le daba vueltas y no paraba de pensar. Siempre se había preocupado por los demás. No entendía qué fallaba en su vida. Sintió una angustia en su alma y las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos. Se puso las gafas de sol para disimular su estado. Llegaron unos niños al parque y empezaron a jugar sin reparar en ella. Miró su reloj y comprobó que había pasado el tiempo establecido. Tenía que volver, así que se puso nuevamente la sonrisa en los labios iniciando su camino de vuelta con las mismas ganas que había empezado el de ida.

3 despertares:

Anónimo dijo...

Una más de tantas locas que andan por este mundo. Sigue adelante, los leeré todos.

MARISA dijo...

por casualidad encuentro tu blog, y al leer Despertares: Soledad. me he visto reflejada a mi misma hace un tiempo, tiempo ya pasado pero no muy lejano. Comienzo una nueva vida y espero que sea por siempre tan feliz como lo es ahora. Sigue escribiendo. Yo tambien lo hago. Tengo un blog, por si lo quieres visitar. elrinconderayodeluz.blogspot.com

Livaex dijo...

Gracias Marisa por tu visita y comentario. Por supuesto que pasaré por tu blog. Un saludo

 
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