11 de abril de 2007

Mi sueño

Cuando era joven tuve un sueño. Estaba perdida en un lugar y tú me encontrabas. Había atravesado un camino tortuoso y difícil que no parecía tener fin, y cuando estaba próxima al desespero, apareciste tú invitándome a cruzar y devolviéndome la tranquilidad de mi sueño. Cuando desperté, la imagen de tu rostro tranquilo y apacible se mantuvo durante horas en mi mente. Después te olvidé, pero en el fondo te seguí soñando. Nunca imaginé que un día mi sueño se convertiría en realidad. Y hoy, por fin, estás conmigo.
He tenido una vida llena de experiencias. He sido esposa, madre, abuela y he conocido el dolor de una separación. Pero hoy no quiero revivir nada de lo pasado. Solo pienso en el presente. Ni siquiera en el futuro que, a fin de cuentas, nadie sabe cómo será. Solo el presente. El presente, y contigo.
Me dicen que estoy en edad de cuidarme y me repiten que lo que tenía que vivir, ya lo he vivido. Pero yo creo que hoy empiezo. A vivir y a disfrutar.
Cuando me casé, lo hice ilusionada pero sin convicción. Era muy joven y para mí supuso una liberación de unos padres exigentes y poco dados a demostrar su cariño. Tropecé con un marido que me quería, al que no supe corresponder en su justa medida.
Cuando quedé embarazada, mi ignorancia y mis miedos se confabularon para que ni siquiera disfrutara del momento. Vivía siempre pensando en lo que podía pasar, no en lo que sucedía en ese instante, así que los años transcurrieron sin darme cuenta que mi hijo había crecido y que pronto me convertiría en abuela.
He vivido sola durante muchos años y, aunque no te buscaba, desde el momento en que te vi, supe que eras el hombre de mi vida, de mi vida y de mi sueño. Me ofreciste galante tu mano cuando intentaba bajar del barco que me había llevado a visitar a mi hijo y a mis nietos, y la imagen de mi sueño, que había guardado durante tantos años, volvió convertida en realidad. Parecía que me estabas esperando, deseoso de que cruzara aquella pasarela para tenerme contigo.
Nuestras miradas se iluminaron presintiendo nuestra dicha, y desde ese día, y a pesar de los años que sumamos, vivimos con la ilusión de dos jóvenes enamorados y la ternura y la complicidad de dos viejos apasionados. Las horas del día son pocas para vivir intensamente nuestro amor y el mundo nos parece pequeño para disfrutar tanta felicidad.
Hoy quiero decirte, en este día tan especial de nuestro enlace oficial ante los ojos de los demás, que nuestra unión empezó aquella noche lejana en que tuve un sueño, y que mi sueño ha dejado de serlo para convertirse en realidad.

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