2 de abril de 2007

La búsqueda


Esperaba paciente que llegara el amor a su vida. Desde que era joven se fijaba en los chicos con los que se tropezaba. Había decidido cómo sería su amor, y en su mente iba formando cada día un rostro que nunca encontraba.

Tendría un par de años más que ella, sería moreno, con las facciones marcadamente masculinas. No le gustaba un hombre barbilampiño, pero agradecía que estuviera bien afeitado. Prefería que tuviera el pelo liso, aunque temía que su propio pelo rizado iba a influir más en la posible herencia genética que le dejara a sus hijos, si los tenía algún día. Deseaba que tuviera los ojos claros, y los labios bien delimitados. No soportaba un hombre que no tuviera labios, aunque tampoco le gustaba un hombre “bembón”. Todo debía tener su justa medida. También quisiera que fuera inteligente y estudioso, pero sin ser la típica “rata de biblioteca”. Que tuviera una amplia cultura y un deseo perenne de saber. Que tuviera un sentido del humor innato, sabiendo en qué momento hacer reír pero sin querer hacerse el gracioso. No conocía nada más odioso que un hombre diciendo tonterías para caer bien a los que están a su alrededor.

Encontraba algún defecto a los que estudiaron con ella, y no se planteaba salir con ninguno. No había término medio en sus compañeros. O estaba “el repelente niño Vicente”, con gafas, sabihondo y tremendamente acomplejado, o estaba el vanidoso que creía que tenía que gustar a la fuerza a los demás, y en realidad era un ignorante que no pensaba sino en su físico.

Alguna vez se planteó bajar un poco el listón. Quizá si empezara a buscar uno rubio, o uno que fuera menos inteligente. Podía buscarse incluso uno gordito, o tal vez uno casado. Pero no, ella seguía día tras día su inacabable búsqueda sin dar su brazo a torcer.

A medida que transcurrían los años, seguía analizando los hombres que pasaban por su vida. En el Instituto, en la Universidad, en la cola del paro, en el gimnasio, en los distintos trabajos por los que pasó, y hasta el día que le hicieron un homenaje por su jubilación.

No encontraba el apropiado: a sus ojos todos eran “imperfectos”. Nunca se dio cuenta que la “imperfecta” era ella.

0 despertares:

 
Copyright (c) 2010 DESPERTARES. Design by WPThemes Expert

Blogger Templates and RegistryBooster.