28 de abril de 2007

El cisne

Su primer hijo nació en el mes de mayo, coincidiendo con la celebración del Día de la Madre. Una avispada enfermera del hospital donde dio a luz, que a la vez era “representante de Avon”, le vendió al emocionado padre un perfume que serviría de regalo a la joven y feliz mamá.
El perfume estaba dentro de una pequeña botella que tenía la forma de un cisne blanco, y la tapa de la misma se asemejaba a una corona sujeta a la cabeza del animal. Cuando la joven lo vio, se quedó prendada, y aunque utilizó el perfume varias veces, comprendió enseguida que el envase le llamaba la atención más que el contenido.
Poco a poco, el pequeño cisne se fue quedando en un rincón del tocador, como un objeto de decoración, más que como un perfumador.
Los años transcurrían, y sus gustos iban cambiando a la hora de perfumarse diariamente. Las distintas fragancias que utilizaba siempre llegaban en pequeñas botellas con formas llamativas, dándose paso unas a otras a medida que se iban terminando.
El pequeño cisne con su corona seguía en una esquina del tocador, temiendo que algún día le pusieran en el mismo camino que a aquellos otros vidrios que llegaron con posterioridad, pero a la mujer nunca se le pasó por la cabeza aquella idea.
Algunas veces intentó abrir la tapa de la botella desenroscando la corona con intención de volver a oler aquel olvidado perfume, pero estaba atascada por el paso del tiempo y el poco uso, así que era toda una incógnita el aroma que podía tener. Esperaba poder destaparla algún día y quizá por eso no se había desprendido de aquella pequeña botella, y seguía prendada de ella como el primer día.
Cuando llegaba la noche se sentaba frente al espejo del tocador, y a veces se sentía como un “patito feo”. El paso del tiempo y las circunstancias adversas que le había tocado vivir se reflejaban claramente en su rostro.
Pensaba que la felicidad ya no reinaba en su vida. Sin embargo, miraba la botella y su expresión cambiaba. Estaba convencida de que si lograba abrirla y se ponía unas gotas del perfume que contenía, se convertiría en un bello cisne y regresaría a su juventud, a aquel día en que se sintió la mujer más feliz del mundo cuando vio por primera vez a su hijo.
Se acercaba el primer domingo de mayo, y se celebraba el Día de la Madre. Ese día se levantó decidida a buscar lo que ella pensaba que le daría la felicidad: un utensilio que le sirviera para quitarle la corona al cisne. Por fin comprobaría si el contenido era tan mágico como ella soñaba.
En ese momento, tocaron a la puerta. Su hijo venía a felicitarla y a pasar el día con ella. Se llenó de alegría y se olvidó de sus propósitos.
En la esquina del tocador, el cisne respiró tranquilo.

0 despertares:

 
Copyright (c) 2010 DESPERTARES. Design by WPThemes Expert

Blogger Templates and RegistryBooster.