9 de marzo de 2007

Y, de repente...

Y, de repente... oyeron el timbre de la puerta. Estaban medio desnudos, fundidos en un abrazo apasionado, y la primera reacción fue separarse bruscamente. Él le hizo una seña con la mano para que se mantuviera en silencio. Esperaron unos interminables minutos antes de reaccionar. Lo mismo podía ser la vecina curiosa que un vendedor desconocido. Cuando oyeron alejarse los pasos, se calmaron los corazones. A ella entonces le entró la risa, pero una risa contenida. Después de todo, estaban en el "lugar de sus pecados".

1 despertares:

María Teresa dijo...

¡Qué bueno!¿Y a quién no le ha pasado algo así?

 
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