10 de marzo de 2007

Los hombres de mi vida


Salgo de mi casa todos los días a la misma hora, más o menos. Prácticamente no ha amanecido, pero prefiero evitar las colas que se forman.En el primer cruce hay una parada, donde casi siempre está un chico esperando el autobús. Es joven y ya lo identifico a fuerza de verlo todos los días. Supongo que irá a trabajar, por su indumentaria principalmente y porque es muy temprano para ir a la universidad. Pienso cómo será su vida. Todos los días levantándose temprano. Su madre le preparará el desayuno y él apenas le hablará. Irá lamentándose de la rutina diaria durante todo el trayecto hasta su destino. Cuando llegue, saludará a sus compañeros y hablarán de fútbol o de mujeres, con voces fuertes y risotadas altas. Aprovechará de vez en cuando a alguno que tenga coche para que lo traiga de vuelta a su casa. Aunque cansado, se vestirá de limpio y saldrá por la noche a dar una vuelta a algún bar cercano o alguna discoteca a ver si encuentra a la mujer de su vida. Volverá cada noche desencantado a su casa, sin saber que su madre ha estado pendiente de su llegada, sin poderse dormir hasta la madrugada, dando gracias a Dios por su vuelta. Él caerá rendido en su cama hasta que suene el despertador que le llevará, como cada mañana, a la misma parada de autobús.
Llego a mi trabajo, donde atiendo a mucho público, de distinta condición social y de distintos caracteres.Entra un hombre, entre tantos. Pero éste destaca. Va pisando fuerte. Todas las miradas fijas en él. Bien vestido, con chaqueta y corbata. Se dirige a mí en tono amable pero intentando poner distancias. No me atiende ni me entiende. No le parece suficiente mi respuesta, así que pide hablar con algún superior. Le digo que la jefa soy yo, y entonces cambia el tono. Se fija en mí y yo crezco un poco. Le vuelvo a explicar su situación con palabras más técnicas y profesionales, a las que yo estoy acostumbrada y lo voy desbancando poquito a poco. Se va haciendo cada vez más pequeño. Ya no sé de qué color tiene la corbata. Hasta que me dice que hablará con la persona que le lleva sus papeles porque él no entiende. Se da media vuelta y se va. Ya nadie se fija en él.
Por la tarde tengo que recoger un paquete en correos. Cuando llego, hay varias personas esperando. Me fijo en el que tengo delante. No le veo la cara pero intento adivinar. Lleva ropa de deporte pero su cuerpo le delata. Todos los días se hará la firme promesa de caminar o correr un poco, y todos los días encontrará la excusa perfecta para invertir su tiempo en otra cosa. Hoy le habrá prometido a su mujer que le iría a recoger la carta certificada a Correos. El colesterol seguirá subiendo. O lo controlará con una pastilla. Total, ya está tomando pastillas para la tensión, para dormir, para... Cuando le atienden y se despide amablemente del funcionario, se da la vuelta y veo su cara. Nada hace pensar que es un firme candidato para un infarto.
Tengo que poner gasolina al coche. Hoy me atiende el joven con ojos azules. Demasiado joven para estar ya trabajando. Todavía está en edad de estudiar. La tristeza que lleva reflejada en su cara delata una vida muy dura. Quizás se quedó huérfano muy pronto y nadie le ayuda. Quizás sea lo contrario. Sus padres insistían en que siguiera estudiando, pero a él no le importaba lo más mínimo. Así que sólo le sirvió ponerse a trabajar si quería seguir pagándose sus vicios. Ahora que lo miro mejor, sus ojos no reflejan tristeza, sino falta de descanso por las noches alocadas que vive.
Llego a casa. Saludo a mi marido que ya está preparando la cena. Hablamos del tiempo, de los hijos. Me da un beso fugaz antes de dormirse. Mañana será otro día, y otros hombres se cruzarán en mi vida.

0 despertares:

 
Copyright (c) 2010 DESPERTARES. Design by WPThemes Expert

Blogger Templates and RegistryBooster.