12 de marzo de 2007

La cena


Hacía muchos años que no se veían. Habían mantenido una relación esporádica mientras estuvieron trabajando juntos, que todavía no sabía por qué había terminado. Después ella se trasladó cruzando el mar, y aunque se dejaron los teléfonos con vistas a mantener aquella amistad, ninguno de los dos hizo el menor esfuerzo y cada uno vivió su vida al margen del otro. Pasados los años ella regresó con intención de disfrutar unos días de vacaciones. Los antiguos compañeros enseguida le organizaron una cena, a la que él también fue invitado.
Aunque no le gustaba mucho salir por la noche, no se lo pensó dos veces. En el fondo le apetecía verla de nuevo, hablar con ella y preguntarle muchas cosas que un día, tiempo atrás, quedaron sin respuesta.
Fue uno de los primeros en llegar al restaurante y buscó un sitio apropiado a su manía de tener una pared “pegada” a su espalda. Se sentía más protegido. Esperó un buen rato siguiendo la conversación de los que allí estaban. Tenía su propia opinión sobre lo que se estaba hablando, pero ya estaba un poco harto del tema, así que no intervino. Fueron llegando a cuenta-gotas, y la última en aparecer fue ella.
Venía de rubio platino, con el pelo muy largo, y llamando la atención, como siempre. Como antaño. Iba saludando uno a uno repartiendo besos y abrazos, y sin perder la sonrisa. Cuando llegó su turno, también lo abrazó y le estampó dos besos en las mejillas. Durante unos segundos recordó viejos tiempos, al percibir su fragancia, la misma de entonces.
Por casualidad quedó sentada justo enfrente de él, lo que hizo más fácil su contemplación. Parecía que los años no habían pasado por ella. La misma piel tersa y brillante, los ojos verdes y alegres, y una risa permanente que dejaba ver una fila perfecta de dientes típicos de anuncio.
Durante toda la comida pensó en cómo hubiera cambiado su vida si hubieran seguido juntos. Por qué lo dejaron. No fue por él, ciertamente. Ella siempre había decidido por los dos. Ahora quería hacerle muchas preguntas. Tenía que hablar a solas con ella, tal vez al final de la cena.
Las voces se mezclaban con las risas, pero él estaba ajeno a lo que sucedía a su alrededor. Sólo la miraba. Ella conversaba animadamente con el que tenía a su lado, y él esperaba impaciente que pasara el tiempo. Llegaron los postres, más voces y más risas. Los oía hablar de aquellos tiempos, de lo bien que lo pasaban cuando trabajaban juntos. Él no intervenía en la conversación. Sólo la miraba.
Se fueron despidiendo también a cuenta-gotas. Él se iba quedando rezagado porque confiaba en quedar a solas los dos. Se repartían besos y abrazos sin ton ni son. Mientras se ponía el abrigo, se fue acercando a ella, que ya caminaba decidida con el que estuvo a su lado durante la cena. La oyó decirle: “Quién es el que estaba sentado justo enfrente de mí?

0 despertares:

 
Copyright (c) 2010 DESPERTARES. Design by WPThemes Expert

Blogger Templates and RegistryBooster.