15 de marzo de 2007

El primer baile

Tenía quince años. Se acababa el curso y queríamos reunir dinero para irnos de viaje. Un viaje a la isla vecina que al final no hice, no recuerdo bien por qué.
Vendíamos entradas para un baile a jóvenes de otros colegios, confiando en ganar lo suficiente para que nuestros padres no tuvieran que pagar mucho dinero.
El baile se iba a celebrar en una cancha cerca del Instituto donde estudiaba, a la que los sábados por la tarde nos acercábamos a animar a los chicos de la clase que jugaban al baloncesto. Yo no entendía nada del juego, pero pronto aprendí lo que era un "pivot" o a dar gritos en contra del árbitro y su señora madre.
Yo siempre iba con la sana intención de ver jugar a Alfredo. Me gustaba aquel chico enigmático y serio con el que apenas llegué a cruzar unas palabras. Un día me enteré que era medio hermano de José Luis, un compañero del Instituto, así que mientras estaba sentada en las gradas viéndolo jugar, mi imaginación volaba intentando descubrir el significado de esa relación. Podía ser un huérfano adoptado por los padres de José Luis, o tal vez eran hermanos de padre o de madre. No me atrevía a preguntarlo y ellos tampoco estaban por la labor de hablar sobre sus vidas, así que cada vez que lo veía, seguía practicando mis dotes adivinatorias que nunca fructificaron.
El baile para mí era como un sueño. Me parecía algo inalcanzable y era la primera vez que asistía a uno. Pensaba en los pocos días que faltaban y en todo lo que tenía que decidir aún: qué traje ponerme, qué zapatos llevar o qué peinado lucir. Tenía que impresionar a Alfredo, y esperaba poder bailar con él. Hoy me río de aquellas preocupaciones, pero entonces me parecían de difícil solución.
Lo tenía que llevar todo previsto. No podía dejar nada al azar. Pensaba en las distintas situaciones en las que me podía ver, y en las posibles soluciones que tendría. Por ejemplo, qué haría si me daban ganas de sonarme la nariz, pues tendría que llevar un pañuelito. Y dónde iba a guardarlo, pues en la manga de la rebeca. Y si hacía calor y no llevaba rebeca, pues en un bolsillo del traje. Y si el traje no tenía bolsillos… Se me iban acabando las posibilidades con cada situación.
Qué haría si me sacaba a bailar un chico que no me gustaba, pues le diría que no. Y si el tipo seguía insistiendo, buscaría algo para disimular (qué pena que no existieran en ese entonces los móviles, que hoy día son tan socorridos). A mí el que me interesaba era Alfredo. Mira que si después de todo, me sacaba a bailar y tropezaba… Bueno, bueno, mejor no pensarlo.
Así pasaron los días, hasta que llegó la fecha señalada. El baile era a media tarde, porque éramos muy jóvenes para celebrarlo por la noche, y apenas almorcé de lo nerviosa que estaba. Me puse unos zapatos con un poquito de tacón, con la esperanza de parecer más alta, aunque sabía que mi metro y medio era muy difícil de disimular, y el pelo para atrás con la frente despejada. Del traje ni me acuerdo y del pañuelito menos. Lo que sí recuerdo fue mi entrada en la cancha. La música de los años sesenta sonaba fuerte y ya había algunas parejas bailando. Encontré a algunos compañeros de clase y estuve hablando con ellos un rato, rehusando bailar mientras buscaba con la mirada a Alfredo. Con su altura hubiera destacado entre los demás, pero cuando ya era media tarde y se acercaba la hora de volver a casa, me convencí que no iba a llegar.
Muy pronto me olvidé de él. Después de todo, con la diferencia de alturas, hubiéramos hecho muy mala pareja.

2 despertares:

Mendrugo dijo...

Yo viví esa situación desde el punto de vista de Alfredo. Y lo viví, precisamente con MC. Única hembra que he conocido en el sentido pleno del verbo. Así que mis recuerdos siempre me conducen a ella. Bien es verdad que antes de los dieciséis, cuando jugaba a la olla, estaba loco por dar la mano a la hermana de un amigo. Del nombre de ella ni me acuerdo, él se apellidaba Morata y vivían en la calle Viriato. Ah, y no me río, a pesar de haber perdido la inocencia, jamás he dejado de ser niño, ni de observar con respeto sus problemas. Yo también los tuve y en aquellos momentos eran muy importantes para mí. Pero sí me he sonreído y eso me ocurre pocas veces al leer. Un saludo. Su JC.

Mary Carmen Trigueros dijo...

Yo he estado todo el rato sonriendo con tu puesta en escena.
Que recuerdos!!!
Yo, aunque empecé a salir con Jc a los 14, tengo algún recuerdo anterior, cuando me apostaba con alguna amiga a ver quien se ligaba (ligar, en esa época es conseguir que te mirara, no te vayas a creer...)al guapo del guateque.
O salir a bailar con el primero que te lo pidiese aunque fuese el más feo del grupo.
Después, con Jc, tengo mil anécdotas, pero éstas darían para todo un libro.
Sigo con la sonrisa puesta pensando en aquellos tiempos!!!
Gracias por traerlos a la mente.
Besitos.

 
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