9 de marzo de 2007

Carta no enviada


Te escribo esta carta en un momento de desesperación. Ya sé que habíamos quedado en no dejar ninguna prueba escrita de nuestra relación, pero no sé cómo ponerme en contacto contigo. No coges el teléfono, no atiendes mis mensajes, así que he decidido escribirte y enviártela por correo, como se hacía antes, con sello en el sobre y acuse de recibo, para tener la seguridad de que al menos la vas a tener en tus manos. No sé lo que harás con ella después. Quizás ni la abras, sino que directamente la rompas en pedazos y la tires a la basura. Espero que no, que cuando tu secretaria te la dé junto a la correspondencia oficial, discretamente la guardes en el bolsillo y la leas en un momento de tranquilidad dentro de tu ajetreada vida de político importante. Por eso he puesto en el sobre: “Personal”. Espero que ella no la abra. Estaría bueno.

Me extraña que no hayas tenido la valentía de llamarme y hablar conmigo si tu intención era romper esta relación. Relación que, por otro lado, la iniciaste tú. Yo te dije que no quería problemas, que mi vida estaba muy tranquila antes de conocerte. Te devolví libros, discos, y algún regalo más que pusiste en la gaveta de mi mesa, aunque tú me asegurabas que eran para agradecerme de algún modo mi trabajo. Yo era una más en la oficina, y no me importaba quedarme hasta muy tarde en la época de elecciones. Me gustaba lo que hacía. Hasta que te fijaste en mí. Alguna compañera ya me había avisado de tu osadía, de tu atrevimiento, pero yo le dije que no tenía ningún interés en liarme con el jefe.

Fuiste poco a poco ganando interés para mí, contándome tus historias personales, haciéndome creer por un tiempo que no querías llegar más allá de una relación puramente profesional. La verdad es que no sé cómo lo hiciste, pero me supiste llevar a tu terreno y me volví loca de amor por ti.

Luego decidiste que yo dejara el trabajo para evitar comentarios, dada tu situación, porque según decías, se me estaba empezando a notar “la felicidad que me dabas”. Me prometiste una recomendación para trabajar en otra oficina más cercana a mi casa, donde nos podríamos seguir viendo con facilidad. Y yo, todo lo creía. Me dijiste que esperara un tiempo, hasta que estuvieras afianzado en tu nuevo puesto. Que volverías a verme en cuanto pudieras y te dejaran un hueco tus nuevas obligaciones. Y yo te creía.

Ya han pasado algunos meses, y casi no tengo para pagar el alquiler. No puedo seguir esperando. Acabo de encontrarme con una antigua compañera y me ha dicho que estás liado con otra. Así que se me está ocurriendo una idea mejor. Voy a hacer un sobre nuevo, dirigido al periódico o a la televisión, y enviarles esta carta. Seguro que les interesa, dada la importancia de tu persona. O mejor, dirigido a tu mujer, que también estará interesada en nuestra historia. Ya está bien.

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