12 de marzo de 2007

Mujer trabajadora




8 de marzo: Día de la Mujer Trabajadora. ¡Qué ironía! Realmente no sé por qué se estableció esta conmemoración (si lo sabe alguien, por favor, me lo indique). En mi almanaque de mesa dice que se celebra el día de San Juan de Dios. No sé qué tendrá que ver. Pero, bueno, ¿el día de la “mujer trabajadora” quiere decir que es el único en que trabajamos las mujeres o que este día no tenemos que trabajar? (Si lo sabe alguien, también me lo indique, porfa).

Mujer Trabajadora. Dos palabras con mucho significado. Para mí, con sólo decir “Mujer” me acuerdo de “Trabajo”. Y con sólo decir “Trabajo” me acuerdo de “Mujer”.

Desde que tengo conciencia, recuerdo a mi madre trabajando. Y cuando digo trabajando, no me refiero yendo a trabajar fuera de casa, sino todo el día haciendo algo. Por la mañana, tender las camas, barrer, limpiar el polvo, ir a comprar la comida para el almuerzo, prepararla. Por la tarde, lavar la loza, planchar, coser, fregar el piso. La recuerdo también ayudándonos en las tareas de clase. La recuerdo hasta altas horas de la noche intentando terminar algún traje que íbamos a estrenar en los días de fiesta señalados. La recuerdo pendiente de lavar los uniformes que teníamos que llevar al colegio y planchando las tablas de la falda con un paño húmedo encima para que quedaran bien marcadas. A mí me gustaba ver el vapor que salía cuando ponía encima la plancha caliente y no entendía muy bien por qué (todavía hoy no me lo explico).En fin, que puedo decir sin temor a equivocarme que mi madre era el símbolo de la Mujer Trabajadora, pero que yo sepa nunca la felicitaron por ello.

Seguro que todas o casi todas las madres lo son. Porque desde que una mujer se queda embarazada, ya empieza a “trabajar” para sus hijos. Que se lo digan a mi sobrina, que acaba de tener gemelos. Ya todo se hace pensando en ellos. No abuso de esto porque es mejor para el bebé. Tengo que hacer lo otro para que nazcan mejor. Y siempre te queda cargo de conciencia de no haber hecho lo suficiente para su beneficio.

Desde que nacen ya empiezan las preocupaciones y el trabajo. Los primeros meses son como un apéndice del que no te puedes despegar. Primero dándoles el pecho cada tres horas, después los biberones, las compotas y demás. Bañarlos, vestirlos, dormirlos, hacer que su estancia en este mundo les empiece a gustar, porque no saben lo que les espera.

Cuando ya tienen cuatro o cinco años, tienes que trabajar el doble, porque requieren todo tu tiempo. Tienes que contestar todas sus preguntas, jugar con ellos todo el rato y tu trabajo consiste en saber llevarlos a tu terreno. Yo distraigo a mi sobrino Adrián con tareas nuevas para él, como secar y guardar los cubiertos (él me dice que los cuchillos no, porque su madre no lo deja) o alcanzarme las trabas de la ropa recién lavada, aunque él se empeña en querer ver los dibujos animados.

Cuando ya se empiezan a independizar con doce o catorce años, la cosa se pone peor. Tienes que trabajar física y mentalmente para ellos. Tienes que explicarles muchas cosas y al mismo tiempo adivinar muchas otras de su propia vida, para que sigan el camino correcto.

El camino de los dieciocho a los veinticinco es muy trabajoso tanto para ellos, como para nosotras. Recuerdo cuando me decían “Tú no tienes problemas, porque ya los tienes grandes”. Ja, ja. Ahora son “otros” problemas. No puedes dormir porque no sabes a qué hora llegarán. Estudian o no. Intentas aconsejarles en cuanto al trabajo que buscan o a las parejas con las que salen. Unas te gustan y otras no, pero te tienes que aguantar, y esperar sus decisiones, porque ya son independientes, aunque vivan contigo.

Después de los treinta vuelves a tener amigos en tus hijos, y como buenos amigos tienes que seguir ayudándolos. Te alegras de sus triunfos y te apenan sus problemas, porque sientes que cada vez puedes hacer menos por ellos, Aunque en el fondo ellos siempre esperan más de ti.

Yo trabajo fuera de casa, y con el paso de los años cada vez trabajo menos, lo reconozco. Tengo lavadora, aspiradora, lavavajillas, horno, microondas, y un marido que sabe ponerlo todo a funcionar. Y cuando hablo con alguien digo: “Haciendo que trabajo”. Es verdad, porque si echo la vista atrás, esto ni es trabajar ni es nada. Así que no sé si celebrar o no el Día de la Mujer Trabajadora. Me da un poco de vergüenza.

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