17 de enero de 2016

CARNAVAL, CORBATAS Y RASTAS


Pasaron las fiestas navideñas y tenemos encima los Carnavales. Ya empezaron en Santa Cruz los Concursos de Murgas Infantiles y el Sr. Alcalde recibió a las candidatas a Reina del Carnaval Santacrucero 2016.



Hasta el próximo día 3 de febrero se guardarán con el máximo secreto los maravillosos trajes que cada una de ellas presentará para conseguir el máximo galardón representando a las distintas empresas y entidades que las patrocinan.
El tema central de los actos de este año serán "los años 80" que, como quien dice, fue antes de ayer...
Y precisamente en el año 81 nació uno de los nuevos diputados que tendremos en el Congreso, si no se repiten las elecciones...
Se llama Alberto Rodríguez y se ha hecho popular (lamentablemente) por sus rastas en el pelo.



Cuando le preguntan por las polémicas declaraciones de la señora Villalobos en relación a sus rastas, dice que "Hay mucha gente en este país que lo está pasando muy mal, que necesita medidas urgentes, y en eso nos queremos centrar", y ese otro debate sobre el pelo no le interesa.
Y yo digo que es lo mejor que puede hacer, él y todos los elegidos por el pueblo, sean del partido político que sean. Hasta los leones del Congreso ya se han modernizado...



Porque no podemos juzgar a las personas porque lleven rastas, el pelo largo, vayan con corbata o no la lleven. Siempre se ha dicho que "el hábito no hace al monje" y que "las apariencias engañan", y precisamente la de Alberto Rodríguez es una de las que pueden engañar sobre su verdadera identidad.
Y como siempre, recurro al humor del dibujante MORGAN para expresar con ironía la opinión de muchas personas como yo.




Aunque en definitiva "nunca pasa nada", seguiremos esperando acontecimientos... Ah, y el carnaval...

25 de diciembre de 2015

LLEGAR... Y PASAR



Hace un mes justo que decía NO a la violencia, y sigo diciéndolo hoy, porque el número de mujeres que han perdido la vida de forma trágica este año, sigue subiendo.
Pasó el día de las elecciones generales en España, y todavía sigo alucinando con los resultados, sobre todo con los resultados del Partido Popular.
No me gusta hablar de política porque sinceramente entiendo poco, pero ¿cómo es posible que tantos millones de personas sigan creyendo en ellos y dándoles su voto?
No sabemos si va a cambiar algo de aquí en adelante, pero me temo que, como diría Julio Iglesias "La vida sigue igual"...



La Lotería pasó de largo... Pasó la Nochebuena y llegó la Navidad. Aquí parece imposible que estemos en diciembre, con 25º de temperatura, y hoy concretamente con una calima y polvo en suspensión bastante desagradable. Pero sí, estamos en Navidad...
Aquí les dejo unas imágenes de la colección de Belenes que tiene mi hermano Melquiades y que cada año va incrementando con aportaciones de amigos o que compra en los viajes de verano que hacemos.
Aquí el último valenciano



y el que yo le hice este año con óvalos de porexpam y patchwork sin aguja



Este es uno con los trajes típicos canarios

y aquí varios belenes muy pequeños que son verdaderas obras de arte, aunque en las fotos no se aprecie bien.





Y aquí les dejo una frase que encontré el domingo pasado en una pizarra del Mercado, y que llamó mi atención



Por ahora, a seguir soñando, pero bien despierta...
FELIZ AÑO NUEVO PARA TODOS!!

25 de noviembre de 2015

A LA VIOLENCIA, NO Y NO...


Hoy, 25 de noviembre, se celebra el Día Internacional contra la Violencia de Género.
Aunque ya saben que mis musas están de vacaciones temporalmente, no quiero dejar pasar esta fecha tan significativa para mí.
Aquí les dejo un texto que escribí hace ocho años ya, como homenaje a todas las mujeres que han perdido la vida de forma trágica y que han pasado a engrosar los números estadísticos sin que el desGobierno haga nada por evitarlo.
Para todas, y en especial para una, mi recuerdo...

"8 de noviembre de 2007.
Esta es una historia que escribí hace tiempo, y con ella participé en un concurso de relatos escritos por mujeres. No gané (siento decirlo), y la publico ahora en el blog para que, todo el que guste, pueda hacer su comentario.




Sin importarle lo que dejaba atrás, encaminó sus pasos hacia otra vida. Estaba decidida a olvidar que tenía una familia que dependía de ella. No quería ser consciente de que era el centro, el eje alrededor del cual giraba su entorno.
Se vistió apresuradamente sin escoger la ropa que tapaba sus heridas. Ella, que tiempo atrás elegía con precisión cada prenda que iba colocando con gusto exquisito sobre su cuerpo. Ella, que decidía íntegramente todos los detalles que componían su elegante estilo, su reconocida distinción.
Unos pantalones, una camiseta y poco más. Total, a donde iba no precisaría nada de valor. Pero ¿A dónde iba?
Las joyas que había recibido, y que simbolizaban cada una de las marcas de su cuerpo, no le hacían falta en esos momentos. Las rosas rojas que todavía adornaban el jarrón de la entrada, ya se deshojaban, y sus frágiles pétalos caían en el mueble asemejando un charco de sangre.
Sangre como la que iba cayendo de los desgarros de su piel. Sangre coagulada en los golpes recibidos en su rostro. Sangre que bullía por sus venas y que hasta ese momento no había despertado de su letargo.
No entendía cómo había soportado hasta ahora los desprecios recibidos de aquel hombre que antaño había sido su gran amor, que la había impresionado con su pasión, y al que en otro tiempo se había entregado sin recibir nada a cambio. Bueno, sí, había recibido joyas y flores. Joyas que la deslumbraban y que no podía rechazar sin ser víctima de nuevas iras. Y flores para callar las ofensas y la conciencia.
Había resistido durante muchos años los embates más o menos intensos de aquella cólera que le sobrevenía, cada vez con más frecuencia y cada vez con menos motivos. Pero esta vez tuvo el valor de levantarse y decir ¡Basta!
Ni enajenación mental, ni premeditación y alevosía. No iba a ser titular de los periódicos en la edición matutina que, como todos los días, se encargaba de llevarle bien temprano a su amado. No sería ella la protagonista de la nota necrológica que engrosaba día a día el número de mujeres asesinadas.
Se miró al espejo que estaba en la entrada del vestíbulo como un acto reflejo. Como una costumbre que antes de salir cada mañana llevaba a cabo, no sabía a ciencia cierta si era para encontrar los ánimos precisos de aquella imagen ya conocida que le devolvía su aprobación o desaprobación, o simplemente por pura fantasía, esperando hallar otra imagen distinta, otra imagen más acorde con sus recuerdos de joven enamorada y mirada feliz.
No distinguía cuál de las dos imágenes era la que estaba viendo en aquel momento. Tenía los ojos amoratados y la nariz dolorida. Cogió unas gafas de sol extremadamente grandes y se las puso en un vano intento por cubrir parte de su rostro.
Echó una última mirada al salón. Había vivido allí los mejores momentos de su vida, y los más trágicos también. Durante unos minutos pasaron por su mente a toda velocidad mil imágenes, mil rostros, mil situaciones, y por un instante dudó.
Pero rápidamente borró sus pensamientos y se dirigió decidida a la salida.
Cerró la puerta de la casa con vehemencia, dejando atrás toda su vida. No había tiempo para el desánimo. Había que olvidar los agravios recibidos. ¿Olvidar? Qué fácil era pensarlo. Pero ¿cómo vivirlo? ¿Cómo soportarlo? Sabía que en cuanto pasaban los primeros momentos de furia, de rencor y de venganza, volvería a perdonar.
Siempre le ocurría lo mismo. Lloraba y lloraba. Se lamentaba de su situación, y una furia acalorada le recorría su magullado cuerpo. A medida que iban pasando las horas, se llenaba de odio hacia aquel ser despreciable y el resentimiento daba paso a las ganas de venganza. Pero nunca una venganza dio satisfacción al agravio recibido.
Así que, en cuanto él le pedía perdón una y mil veces, con flores en una mano y joyas en la otra, el miedo era más fuerte que el deseo de venganza, y volvían a empezar.
Pero no. Esta vez, no. Esta vez no dejaría que las lágrimas asomaran a sus bellos ojos. Por eso quería salir corriendo. Huir, huir, huir. Correr y correr lejos. Donde él no pudiera encontrarla. Donde nunca más pudiera ni recibir agasajos ni dar perdones. Donde hubiera vida después de la muerte. Donde en un salto con los ojos cerrados entrara en otra dimensión. Donde el puente que enlaza el principio y el fin, el cuerpo y el alma, la violencia y la pasión, se diluyera entre las tinieblas de sus sentimientos.
Por eso encaminó sus pasos hacia aquel recodo del camino, por donde tantas tardes había paseado en soledad, pidiendo al cielo un cambio en su vida, donde tantas veces había tenido miedo de caer, de precipitarse al vacío.
Y caminó y caminó. Cuando llegó a “su rincón”, se detuvo apoyándose en la barandilla, y miró hacia abajo. Allí estaba el mar, el inmenso mar. Aunque casi estaba oscureciendo, todavía quedaban unos niños bañándose divertidos en la playa. Pensó en sus hijos y se sintió reconfortada. Allí estuvo un buen rato escuchando el incansable vaivén de las olas. El olor a sal inundaba su espíritu. En el horizonte se fundían el cielo y el mar.
De pronto le entró un escalofrío. Nunca se había caracterizado por su coraje y tenía miedo a equivocarse. Pero no. Esta vez, no. Inspiró profundamente y supo que había tomado la decisión correcta."

30 de octubre de 2015

ESTAR AL DÍA



Estar al día de lo que pasa en nuestra familia es lo primero, ayudar en lo posible y pedir que "nos dejen como estamos". Después, estar al día en lo que sucede en este nuestro país y en otros que forman parte de este mundo. Aquí hacemos un comentario de asombro, más o menos jocoso o de impotencia. A veces no se puede hacer nada porque no depende de nosotros. Ese es nuestro día a día...
Acabo de leer que "El ministro Morenés compareció ante la opinión pública para dar un comunicado y no responder a preguntas", en relación con la aparición de los cuerpos de los militares que continuaban en la cabina del helicóptero siniestrado cerca de Canarias. Iba a poner una foto de este señor pero creo que no merece tenerlo en mi blog y estarle viendo la cara algún tiempo.



¿Con qué rostro se puede salir a los medios después de habernos contado hace diez días la historia de que estaban rescatados a salvo? Con razón no quiere responder a ninguna pregunta... Ahora se le echa la culpa al otro país, y nosotros seguimos tan campantes...
Otra noticia que despertó mi interés?? fue ésta: "Harrison Ford comienza a quedarse calvo con 73 años"
A ver, señores de los medios informativos ¿realmente creen que me interesan a mí los pelos de Harrison Ford? Con esa edad, es lógico, como todos, seguramente a él le importa tres pepinos verse con poco pelo, porque si hubiera querido, se hubiera puesto una peluca o se hubiera hecho un implante capilar, digo yo...



Vamos a buscar otra noticia más interesante...
Que el niño que fuiste no se avergüence del adulto que eres”. Esta es una frase del autor de El Principito, Antoine de Exupery, y es el lema utilizado por la entidad ecologista Greenpeace para recordar lo importante que es el cuidado del medio ambiente, con la versión infantil de los políticos más representativos de España.



A mí me parece que están bien conseguidos y parece que los políticos se lo han tomado bastante bien, mostrando su compromiso con el medio ambiente. Bueno, casi todos, porque el Sr. Rajoy respondió impasible con el eslogan general de su campaña "Compromiso cumplido".
Se lo creerá él porque muchos tenemos presente todavía la Ley de Costas, la privatización de terrenos en la Ley de Montes, las Prospecciones, el Impuesto al Sol (placas solares)... y tantas cosas más que tienen que ver con este tema... y con otros.
Y no es una amenaza...
Y por último, destaco otra noticia que me llamó la atención:
"Descalificado por pintar señales con un spray en el Parque Nacional del Teide"
Un atleta que estaba inscrito en la próxima edición de la Tenerife Bluetrail, fue interceptado por los agentes del parque mientras realizaba las pintadas.
Pues menos mal que llegaron oportunos y no hubo que decirles aquello de "a buenas horas, mangas verdes".



El corredor ha alegado que realizó estas pintadas para no perderse, ya que se había extraviado en la pasada edición de la carrera. La administración cuantifica ahora los daños para imponerle la sanción pertinente. Y yo, aparte, le pondría un buen estropajo en las manos y que empezara a lavar las pintadas.
Hombre!! un atleta no hace esas cochinadas...

11 de septiembre de 2015

...QUE CIEN AÑOS NO ES NADA



Reconozco que no soy objetiva cuando hablo de mi ciudad, La Laguna, pero supongo que a muchos les pasará lo mismo. Hoy se cumplen cien años de la inauguración del Teatro Leal, situado en pleno centro de La Laguna. Estas fotos las hice ayer mismo paseando por la Calle La Carrera, eje central del casco histórico.



La nostalgia me invade hoy porque viví algunos años de mi niñez entre las butacas y las bambalinas del Teatro Leal, pues ya les he contado varias veces que mi padre era el taquillero del teatro, es decir, el que vendía las entradas.



En su memoria, hoy aireo un post que publiqué aquí el 7 de mayo de 2007, por si les apetece leerlo. Aunque hoy cambiaría muchas cosas, lo he copiado tal como estaba para mantener la frescura y emoción con que lo escribí en su día.

" He oído que van a finalizar las obras de restauración del Teatro Leal, en La Laguna, después de catorce años cerrado. No voy a hacer comentarios acerca del tiempo transcurrido. Sólo me da pena el que no se haya podido aprovechar durante tanto tiempo el Teatro para dinamizar la vida cultural de una ciudad que es Patrimonio de la Humanidad, y que según me enseñó mi padre tiene el título de “Muy Noble, Leal, Fiel y de Ilustre Historia Ciudad de los Adelantados”.
Solo quiero recordar los años en que yo, cuando era niña, y de eso hace ya muchísimos años, frecuentaba el Teatro. Mi padre fue durante mucho tiempo el taquillero, es decir, trabajaba en la taquilla vendiendo entradas. Y yo, con mis dos hermanos mayores, iba a acompañarle. No creo que fuera por hacerle compañía en sí, pero es sabido que a los niños les gusta ir al trabajo de sus padres, incluso hoy en día. Por las mañanas trabajaba en el Ayuntamiento de La Laguna. Y aunque también estuvimos allí varias veces, no era lo mismo.
Tengo el recuerdo sobre todo, de los domingos por la mañana en el Teatro Leal. Yo estaba deseando que se terminara la misa de once en la Catedral (teníamos que ir obligatoriamente e incluso prestar atención, porque a veces mi padre nos preguntaba por el Evangelio), para subir corriendo la Calle Carrera arriba hasta el Leal, y nos quedábamos allí hasta que mi padre terminara el horario de la mañana y regresáramos a casa a almorzar. Por la tarde volvíamos al cine de las cuatro.
Eran unos momentos muy entrañables de los que guardo imborrables recuerdos. En los primeros tiempos, de vez en cuando nos encontrábamos con don Julián, el que entendíamos nosotros que podía ser el jefe de mi padre, en una especie de despacho contiguo a la taquilla. Entonces no podíamos estar mucho tiempo, o por lo menos teníamos que estar calladitos y sin molestar. Pero la verdad es que pocas veces lo encontramos.
Me acuerdo que la taquilla, con muy pocos metros cuadrados, tenía dos ventanillas, pero una estaba casi siempre cerrada, y por la otra se entregaban las entradas y se recogía el dinero. Los talonarios de entradas estaban separados por colores que correspondían a butaca, platea, palco, anfiteatro y gallinero. A nosotros nos encantaba que mi padre nos dejara cortar las entradas, que venían separadas del correspondiente resguardo por una línea de puntos perforados para cortarlas mejor.
Por supuesto, y previamente, mi padre había tenido que numerar las entradas manualmente, y ahí también nos dejaba intervenir de vez en cuando. Había que hacerlo con mucho cuidado y realmente era un trabajo de expertos, ya que teníamos que numerar por un lado las sillas pares de cada fila, y por otro las impares. Y claro, no era cuestión de equivocarse, pues luego el acomodador (que en una época creo recordar era don Rogelio, y en otra don Pancho) podía tener problemas a la hora de situar a la gente que acudía al cine.
Justo encima de las ventanillas, había una serie de estampitas de santos, pero también había algún que otro almanaque pequeñito con la imagen de una chica, aunque hay que decir que ninguna obscena. También solía haber alguna foto o documento que alguien se había dejado olvidado, por si lo venían a reclamar. Recuerdo que había una traba dorada con una piedrita reluciente roja, y cuando yo la vi por primera vez me impresionó. Yo le pregunté a mi padre: “¿De quién es el oro?” Y él me contestaba, mofándose de mi: “¿Qué loro? Yo no veo ningún loro”. Y así un rato hasta que conseguí que me dijera que alguna señora lo había perdido. Allí estuvo mucho tiempo y nadie la vino a reclamar.
Mi padre se sentaba en una silla con las patas muy altas, cosa que también me llamaba la atención, pues en mi casa no teníamos muebles de ese tipo. Cuando nosotros nos sentábamos para asomarnos a la ventanilla, teníamos que hacer verdaderas peripecias para llegar al asiento, tan pequeños éramos. Había una especie de mueble escritorio de madera oscura, cuyo tablero se levantaba para guardar las entradas de los días posteriores y otros documentos y listados cuadriculados, que supongo servían para anotar las ventas de entradas y los ingresos de dinero o algo así. Permanecía siempre cerrado con llave y nos parecía que debía esconder muchos secretos.
También había un perchero antiguo donde mi padre colgaba su sombrero y su bufanda los días de invierno lagunero, y una pequeña repisa con otros utensilios, que quizá por estar a la vista no me llamaron tanto la atención.
Supongo que para que no le diéramos la tabarra a mi padre, nos mandaba a la sala de butacas, y a veces incluso ayudábamos a quitar el polvo a los asientos, al mismo tiempo que íbamos comprobando todos los números de las butacas y hacíamos ruido en el piso de madera corriendo desde la puerta hasta el escenario, cubierto con una cortina roja que terminaba en una especie de volantes medio dorados. Por supuesto, también nos gustaba mucho atravesar aquella cortina y subir al escenario, cuando no estaba el panel donde se proyectaban las películas. Nos escondíamos detrás, pero debo reconocer que a mí me daba un poco de miedo los entresijos que comunicaban con los lados mediante unas cortinas negras. Y ni qué decir tiene que a los baños nunca iba, a no ser por fuerza mayor, porque ahí sí que me entraba el pánico, pues eran algo tétrico y fantasmagórico, o por lo menos así lo percibía yo.
Nos llamaba la atención también las lámparas que colgaban del techo y las pinturas medio gastadas por la humedad y el tiempo. La cantina con todas las golosinas que vendía Manolo, y la colección de programas de mano de cada película que hoy tendría un valor incalculable, si no fuera porque un día mi madre consideró que no servían para nada y que era mejor tirarlos a la basura. Y recuerdo con cariño también a dos Antonios: don Antonio Rivero, que al parecer era el que traía las cintas desde Santa Cruz (que en aquel entonces a mí me parecía que quedaba muy lejos), y don Antonio Melgarejo, que estaba siempre fiel en la puerta de entrada y al que todavía veo pasear de vez en cuando por La Laguna.
Pero lo que hacía que me olvidara hasta de dónde estábamos, eran los momentos en que (sobre todo mi hermana y yo, porque mi hermano ya era un poco más grande y pasaba un poco de eso) escuchábamos tocar el piano. Porque había un piano a los pies del escenario y sonaba de vez en cuando de la mano de Gerardo. Realmente no sé cuál era su función en el Teatro, pero sí sé que estuvo yendo durante un tiempo en el que nosotras estábamos medio atontadas, aunque él ni se percatara de nuestra presencia. La música nos parecía celestial, a pesar de que no entendíamos nada. Al principio nos escondíamos en las butacas de atrás para oírlo sin que se diera cuenta, y luego ya nos atrevimos a acercarnos, haciéndonos mil preguntas acerca de aquel chico con gafas que había aparecido de pronto y nos deleitaba con su música. No sé cuánto tiempo duró aquello, pero yo lo recuerdo bien. Luego se dio la circunstancia de que fue él quien hizo el reportaje fotográfico de mi boda, y se dio también la coincidencia, pasados los años, de que mi hija y su hijo se conocían. ¡Cosas del destino!
Bueno, seguiré recordando aquellos días y espero poder volver al Teatro Leal cuando terminen las obras y comprobar las diferencias que hay con respecto a mis recuerdos.
"


Con motivo del centenario y aprovechando las fiestas del Santísimo Cristo de La Laguna, se están celebrando muchísimos actos culturales en estos días en el propio Teatro Leal, a ver si puedo disfrutar de alguno de ellos.
 
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